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Los pagos móviles crecen y también lo hace el uso de tarjetas, lo que podría cambiar para siempre cómo compran los consumidores 
¿El fin del dinero? La sociedad cashless está cada vez más cerca tras el crecimiento de los pagos móviles 

Fue como un antes y un después en cuestión de una semana. Los consumidores no podían recorrerse sus ciudades y pueblos viendo los efectos, pero con solo analizar lo que pasaba en las tiendas de su calle se daban cuenta de que algo había cambiado. En marzo de 2020, de pronto, tiendas de todo tipo se lanzaron a aceptar pagos con tarjeta y pagos móviles, a preferirlos y a potenciarlos.

La panadería de mi barrio tenía en sus escaparates gigantescos carteles pidiendo que no se pagase en efectivo, fuese cual fuese la cantidad por desembolsar. El cambio venía, como tantas cosas en los últimos meses, de la crisis del coronavirus. Era el momento del confinamiento y en el que aún no se tenía totalmente claro cómo se transmitía el virus. Nadie quería tocar más de lo necesario y mucho menos hacerlo con dinero, que había pasado de mano en mano. Tras años de resistirse, hasta las pymes más reticentes habían aceptado los pagos sin efectivo.

Lo cierto es que tampoco es que se pudiese decir que antes no había pagos sin efectivo. La realidad es que estos habían ido creciendo de forma destacada en los últimos años y algunos grupos de consumidores ya lo pagaban todo con tarjeta o no llevaban casi nunca efectivo con ellos.

La pandemia aceleró esos procesos y además apuntaló los nuevos formatos, como los pagos móviles. Un estudio sobre la situación en España de los pagos móviles ya señalaba el pasado mes de febrero, con casi un año de crisis en las espaldas de la sociedad, que estos estaban creciendo de forma notable. Casi 7 de cada 10 encuestados reconocía que había pagado algo con el móvil en el último año.

Tiene cierta lógica. Al fin y al cabo, lo que no se puede discutir es que los ciudadanos han aumentado el peso que la tecnología tiene en su vida y que el smartphone es una parte cada vez más constante de su día a día. Los datos de un reciente estudio Appinio sobre cómo perciben los españoles que la crisis del coronavirus ha impactado en su relación con la tecnología son claros: un 70% de los encuestados asegura que durante la pandemia ha aumentado su uso del smartphone.

Aunque los datos del mismo estudio señalan que los españoles querrían reducir su uso del terminal porque consideran que afecta ya a su salud física y mental, el dispositivo está plenamente integrado en la vida cotidiana. Y si el móvil está contigo todo el rato, es esperable que se integre en nuevos usos y funcionalidades.

Si se paga cada vez más con el móvil y si las tarjetas se han convertido en un elemento preferible para hacer pagos, el daño colateral de esta situación será el dinero en efectivo. ¿Están los consumidores acelerando la transición hacia una sociedad cashless, en la que no exista efectivo?

Los planes en esa dirección han sido múltiples en los últimos años y los países escandinavos han sido los que han liderado el cambio. Las razones que esgrimían para este proceso eran muchas (por ejemplo, el fraude fiscal es más fácil sin se opera en efectivo), pero los consumidores se han seguido aferrando al 'dinero de verdad' durante todos estos años. Para ciertos grupos de edad, de hecho, ese es el dinero y la forma de pago que resultan cómodas.

Escasez de monedas

Los cambios durante la pandemia han migrado la situación hacia un plano totalmente nuevo. Este verano, por ejemplo, Estados Unidos se enfrentó a la sorprendente situación de encontrarse ante escasez de moneda. Las tiendas tenían problemas para dar cambio, no solo porque se estaba timbrando menos moneda porque había menos personal, como explicaban entonces en la CNN, sino porque los consumidores la estaban usando menos para pagar.

El dinero estaba circulando mucho menos y eso hacía que no llegasen tantos ejemplares de dinero físico a las cajas de los negocios. Restaurantes o tiendas pedían a sus clientes que pagasen cantidades justas o con sistemas cashless. La crisis, como también pasó en España, había acelerado el uso de formas de pago alternativas. Europa está pensando incluso en eliminar las monedas de céntimos de menor valor.

¿La prueba final?

¿Es esto el empujón definitivo hacia una sociedad cashless y para que se acaba de usar dinero en efectivo? A pesar de que la idea de una sociedad sin efectivo tiene, a nivel social, problemas (para los ciudadanos sin cuenta bancaria o para aquellos de más edad que solo se sienten cómodos operando con efectivo), hay quienes creen que el contexto creado por el covid hará que la llegada de ese momento sea más pronto de lo esperado.

"Creo que el dinero en efectivo va a desaparecer", apunta al Financial Times la CEO de Starling Bank, Anne Boden, poniendo como fecha plausible para el fin del efectivo "entre 2033 y 2034", aunque podría ocurrir incluso en 2030 (y eso que, como recuerda el diario económico, la retirada de efectivo en cajeros ingleses subió justo en cuanto se terminó el confinamiento, aunque al mismo tiempo aumentaron los negocios que no aceptan efectivo y solo pagos con tarjeta).

"Nos encontramos inmersos en una imparable transición hacia una sociedad cashless", explica al hilo de un estudio la directora general del neobanco N26 para España y Portugal, Marta Echarri, en una nota de prensa. "Los datos demuestran que la preferencia de pagos móviles frente a los pagos en efectivo continúa ganando terreno y que estamos un paso más cerca de conseguir que, por fin, la banca sea 100% digital", añade.

Según los datos de este banco móvil, el uso de Apple Pay y Google Pay ha subido en un 79% en el último año. También crecieron las operaciones de compra en TPVs en un 4,4%, mientras las retiradas de dinero cayeron un 31,25%. Los españoles no solo retiraron menos veces dinero, según señalan sus conclusiones, que recogen en este caso datos del Banco de España, sino que además también cayó la cantidad media retirada en un 18,36%. Se quita menos dinero y menos veces.