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La crisis de los chips es la más popular, pero la resaca del coronavirus puede afectar a la producción de casi cualquier producto

Primero fue la crisis del coronavirus y la necesidad de cerrar fábricas y reducir el contacto entre personas. Después llegó, de forma inesperada, el bloqueo del canal de Suez por un barco encallado. La historia del barco empezó como una curiosidad, como una noticia meme, y se acabó convirtiendo en un quebradero de cabeza de largo alcance cuando redujo las rutas comerciales.

Todo ello ha tenido un impacto directo en las cadenas de suministros y en la logística, lo que suele acabar protagonizando titulares en las páginas económicas y lo que también debería preocupar a los marketeros y a los estrategas de ventas.

El caso de los microconductores ha sido el primero de los grandes ejemplos. La crisis de los chips - la producción no era capaz de responder a la demanda - estaba lastrando ya a principios de año la fabricación de productos que los necesitaban (desde ordenadores hasta coches) y ponía ya a meses vista en peligro elementos como el Black Friday (que usan la electrónica como gancho).

Para los marketeros, complicaba mucho las cosas, haciendo que las ventas estuviesen en peligro y que la tensión entre relaciones entre consumidores y marcas subiese.

Sin embargo, los problemas de las crisis de suministros no se limitan solo a esta área y demuestran que los marketeros deben estar muy alerta, pensando muy bien qué hacen y cómo responden a los consumidores. A principios de verano, quedaba claro que este contexto iba a hacer que las grandes marcas de consumo subiesen precios y que los marketeros iban a tener que trabajar para convencer a los consumidores de que pagasen más. No es un trabajo sencillo y, más bien, resulta uno poco agradecido.

Al mismo tiempo, los marketeros deben tener presentes que los problemas pueden llegar a cualquier sector y que el impacto negativo puede ser en prácticamente cualquier área. Y si no que se lo pregunten a la industria del libro.

Sin novedades editoriales

La industria del libro es la última damnificada de los problemas de las cadenas de logística. Aunque pueda parecer sorprendente, no pocos libros se imprimen ya directamente en Asia, aunque luego se distribuyan en otros mercados (ocurre, por ejemplo, con los libros ilustrados para niños). Esto hace que, como otros muchos productos que llegan de Asia, se hayan visto impactados por todos los problemas anteriormente señalados.

Diferentes actores de la industria editorial en Estados Unidos han alertado ya a sus cadenas de suministro que es probable que se enfrenten a problemas con las reimpresiones y también que si se van a hacer reservas de libros (algo que obviamente se va a hacer: se avecina la temporada de Navidad) deberían hacerse lo más rápido posible para garantizar que se recibirán.

A la industria del libro la está lastrando la congestión de mercancías en los puertos, los problemas de distribución (como por ejemplo la falta de camioneros) o la escalada de costes de transporte, como explican en Publishers Weekly. La industria lanzó la alerta en un acto a principios de verano (y lo hacían directivos con alcance global) pero las cosas han empeorado notablemente en los últimos dos meses, tanto que los principales distribuidores de libros de Estados Unidos reconocen que no creen que el problema vaya a estar solucionado para Navidad y recomiendan a sus clientes que se hagan ya con stock de libros.

Los propios libreros estadounidenses han explicado en hilos de Twitter que también hay problemas con respecto al papel, que viene en su mayoría de Asia.

En Reino Unido, a donde todos estos problemas se suman los efectos del Brexit (que están dejando supermercados con estantes vacíos), las previsiones son también bastante malas. Tanto editores como libreros están ya advirtiendo de que puede haber retrasos en la llegada de los libros de la campaña de Navidad.

"Mi preocupación es que a principios de diciembre necesitemos 50.000 copias de lo que sea y que no esté", reconoce una fuente de la industria a The Guardian. Las principales editoriales que operan en Reino Unido reconocen, de hecho, que están teniendo problemas con la distribución de libros.

Un aviso a navegantes

Por tanto, todos estos datos deben verse como un aviso a navegantes. Los problemas no solo afectan a un nicho concreto o a un tipo de industria y las marcas - y sus marketeros - deben tenerlo muy en cuenta cuando piensen en su estrategia y, sobre todo, en la próxima campaña de Navidad.