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Documentos internos de Meta revelan que el 10% de sus ingresos anuales provienen de estafas y publicidad prohibida

La estrategia de la permisividad: Meta y el dilema de los ingresos fraudulentos

Por Redacción - 16 Diciembre 2025

Una nueva investigación exhaustiva publicada por la agencia Reuters, basada en una colección de documentos internos filtrados, ha revelado una elección corporativa de proporciones épicas en el seno de Meta, la casa matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp.

Los hallazgos sugieren que la compañía ha optado conscientemente por tolerar la presencia masiva de publicidad fraudulenta y esquemas de estafa dentro de sus plataformas, una decisión que se justifica por el blindaje de una porción sustancial y multimillonaria de su caudal financiero. Las cifras son abrumadoras: informes internos indican que hasta un 10% de los ingresos globales de Meta durante el año 2024, una cifra que asciende a unos 16 mil millones de dólares anuales, provino directamente de anuncios fraudulentos, estafas conocidas o promociones de productos que contravienen sus propias políticas. Esta tolerancia no es un fallo operativo incidental, sino un calculado ejercicio de prioridades donde el beneficio económico parece superar sistemáticamente la protección del usuario.

El conocimiento interno de este problema se encuentra documentado con precisión. Los ejecutivos de la tecnológica son conscientes de la magnitud de las actividades ilícitas que se articulan a través de sus servicios y, en lugar de establecer barreras infranqueables, la política interna, tal como se desprende de los documentos, ha sido la de aplicar tarifas publicitarias más elevadas a los anunciantes que operan bajo sospecha, un mecanismo que convierte el riesgo de fraude en una fuente de ingresos premium para la corporación. Se estima que, solo a partir de anuncios calificados internamente como de "alto riesgo legal", Meta logra capitalizar alrededor de 3.500 millones de dólares cada seis meses. Esta metodología genera un incentivo perverso, pues la plataforma se beneficia directamente de la ambigüedad moral y legal de su contenido publicitario, permitiendo que un vasto ecosistema de engaño prospere a plena vista.

La escala del riesgo y la exposición del usuario

La dimensión de la exposición de la audiencia es tan crítica como la magnitud de los ingresos. Los documentos internos apuntan a que los usuarios están expuestos diariamente a cerca de 15.000 millones de anuncios considerados de "alto riesgo", una escala que demuestra la insuficiencia o la deliberada laxitud de los filtros automatizados de Meta. Este caldo de cultivo digital ha sido especialmente fértil para las estafas financieras que suplantan identidades, una práctica que ha visto a estafadores utilizar la imagen de figuras públicas de gran reconocimiento en campañas de inversión falsas. Este tipo de campañas fraudulentas, a menudo dirigiendo a las víctimas a grupos de mensajería privados para finalizar las trampas, replican modelos de fraude conocidos globalmente como "pig-butchering", cuyo objetivo es construir una relación de confianza antes de despojar a la víctima de grandes sumas de dinero.

La gravedad de la situación queda brutalmente clara al comparar el impacto en mercados específicos. En el Reino Unido, por ejemplo, los ingresos obtenidos por Meta a partir de anuncios fraudulentos durante 2024, una cifra que superó los 600 millones de libras, excedieron el total de los ingresos legítimos por publicidad de toda la industria de noticias en línea británica, la cual se situó por debajo de esa marca. Este desequilibrio subraya cómo el capital ilegal está desplazando y distorsionando los mercados publicitarios legítimos, afectando la viabilidad de sectores esenciales como el periodismo que dependen de ingresos éticos. La preponderancia de los ingresos ilícitos evidencia un desplazamiento masivo de capitales que deberían circular en la economía formal.

Prioridad financiera versus protección ética

La política de aplicación de normas que maneja la compañía constituye el corazón de la controversia ética. Los protocolos internos solo permiten el bloqueo definitivo de un anunciante cuando existe un nivel de certeza de fraude superior al 95%. Esto significa que, incluso ante evidencias claras pero que no alcanzan este umbral estrictísimo, Meta prefiere permitir que el contenido continúe circulando, priorizando la retención del ingreso potencial sobre el daño reputacional y financiero que sufren sus usuarios.

El informe periodístico pone en relieve no es simplemente la existencia de fraude, algo que, aunque reprobable, es inherente a las grandes plataformas digitales, sino la tolerancia institucionalizada y la monetización activa de dicho fraude como parte de la estrategia financiera central de la compañía. Se trata de una deshumanización corporativa donde la protección de la base de usuarios es tratada como un coste opcional en lugar de un principio fundamental de la operación.

El contexto regulatorio global, que se encuentra bajo intensa presión para fiscalizar la responsabilidad de las grandes tecnológicas, sin duda recibirá este informe como un argumento de peso para acelerar reformas. Las consecuencias de permitir que miles de millones de dólares fluyan a través de esquemas ilícitos tienen un impacto tangible no solo en los consumidores individuales, que ven sus ahorros en riesgo, sino también en la estabilidad económica de sectores completos. La narrativa de la compañía en torno a su compromiso con la seguridad del usuario choca frontalmente con la evidencia de una estrategia que conscientemente capitaliza la exposición al riesgo, marcando un punto de inflexión en el debate sobre la rendición de cuentas de las plataformas digitales. Este escenario exige una reflexión profunda sobre el rol que cumplen estas empresas en la economía digital y las obligaciones éticas que deben asumir frente a su enorme poder e influencia global.

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