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La mayoría de los consumidores ha empezado a hacer fact-checking de las promesas de las marcas
Las Fake News y la desinformación ya están haciendo que las marcas pierdan dinero

Puede que hace unos años la desinformación y las fake news fuesen una cuestión que solo importaba a un perfil concreto de especialistas. Era uno de esos temas que los expertos en información abordaban y daba para una charla entusiasmada en alguna facultad de periodismo.

Sin embargo, desde entonces a esta parte, ambos términos se han convertido en de uso común y en una preocupación que ha entrado en el mainstream. El peso de ambas cuestiones en las campañas de marketing político y su influencia no solo en las elecciones sino también en la percepción que tienen los ciudadanos de temas tan variados como la seguridad ciudadana o las vacunas (sin olvidar la pandemia del coronavirus) ha hecho que se conviertan en un elemento noticioso, analizable y sobre el que se espera que se actúe de forma cada vez más contundente.

Pero, además, sus efectos y sus ramificaciones están impactando de un modo cada vez más directo en la estrategia online de las empresas. Por un lado, se han convertido en una amenaza potencial en términos de reputación y de imagen de marca.

Por otro, los consumidores están esperando que las compañías se vuelvan más proactivas a la hora de luchar contra la desinformación. No se trata solo de que luchen contra aquellas noticias falsas que les perjudiquen directamente, sino también que se impliquen penalizando a aquellos canales que las distribuyen o colaborando en la educación de los internautas.

Quieren que las marcas se tomen el problema en serio

El último estudio sobre la cuestión ha sido elaborado por Yext partiendo de una muestra de consumidores británicos y deja muy claro que los ciudadanos quieren que se aborde el problema y que las marcas participen en ello.

Así, el 71% de los encuestados señala que quiere que los anunciantes se tomen más en serio el problema de las fake news y de la desinformación. Esto ocurre a pesar de que un 41% sigue confiando en las marcas. Un 45% asegura que las marcas tienen problemas a la hora de comunicar bien qué quieren decir en la red.

En general, los consumidores están preocupados por la desinformación y las noticias falsas. Como señalan en The Drum, el hecho de que la crisis del coronavirus haya servido como contexto para la proliferación de teorías de la conspiración, fakes news, desinformación, timos y otros contenidos poco seguros ha hecho que los ciudadanos sean más conscientes del problema.

Un 87% de los ciudadanos cree que la desinformación es un problema y un 57% prevé que en el futuro se convertirá en algo todavía peor. Para un 55% de los encuestados, de hecho, es un problema que les preocupa más ahora de lo que lo hacía antes de la crisis del coronavirus.

Un impacto directo en las ventas

A todo ello hay que sumar una cuestión crucial para las marcas y las empresas. La desinformación no es solo una suerte de problema teórico o de reputación, sino que es ya un problema directo en ventas y pérdida de ingresos. Las estimaciones del estudio implican que en los últimos 12 meses se perdieron unos 2.100 millones de libras esterlinas (y solo en Reino Unido) en productos y servicios comprados por culpa de la mala información.

Esto es, los consumidores 'quemaron' ese dinero en productos y servicios no adecuados. Las marcas no solo perdieron ventas por ello, sino que la percepción de los consumidores de que las cosas están mal y su visión de la reputación y de la credibilidad de las marcas fue en retroceso.

Los consumidores se han vuelto mucho más desconfiados. Ya no se creen nada de lo que les cuentan. Un 64% reconoce que consulta fuentes secundarias antes de creer nada y un 59% que es proactivo a la hora de hacer fact-checking de las promesas de marcas y negocios.

Eso sí, todas esas comprobaciones no los hacen más felices o seguros. De hecho, los propios consumidores reconocen que se sienten abrumados y sobrepasados por el exceso de información.