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De hecho, la influencia que tienen los vídeos sobre las decisiones de compra son muy elevadas

Cuando uno no sabe cómo funciona algún producto que ha comprado, cuando busca cómo adaptarlo a las propias necesidades o cuando simplemente quiere acceder a más información sobre él para usarlo mejor, una de las herramientas que se suelen emplear es la de echar mano a internet y, sobre todo, a los vídeos en los que alguien responde a todas esas dudas. YouTube (de forma más habitual) se ha convertido en una suerte de oráculo al que preguntamos prácticamente cualquier cosa, desde cómo cambiar una bombona de butano hasta cómo usar una licuadora o cómo mejorar los resultados de ese robot de cocina que nos han regalado.

Pero lo cierto es que el papel de los vídeos en la vida útil de los productos no está limitado únicamente al momento después. Ya no solo empleamos esa información como un apoyo que nos servirá para comprender mejor cómo usarlo, cómo sacarle mejor partido o cómo solucionar esa duda que nos reconcomía sobre cómo debe emplearse el producto. Los vídeos que otros consumidores han hecho (y que las marcas que han sabido ver cómo estaban empezando a cambiar los modos de funcionamiento de las cosas han empezado a producir hábilmente) no se limitan ya a ser una herramienta de emergencia para comprender mejor cómo funcionan las cosas o el modo de emplearlas. Su influencia ha empezado mucho antes y empieza a estar muy presente en prácticamente todo el ciclo de la compra. Los vídeos son la nueva guía para descubrir los productos y para decidir si eso es lo que nos interesa o lo que no.

Muchas empresas y eCommerces han empezado a dotar a sus páginas de producto de vídeos explicativos.

Lo hacen algunos de los gigantes del comercio electrónico, como es el caso de Asos, por ejemplo, para que el consumidor pueda comprender mejor cómo es el producto y ver si este se ajusta a sus intereses y sus necesidades. Para el consumidor, estos vídeos funcionan como una suerte de garantía sobre el producto, como una manera de sentir que se está viendo de un modo con menos trampa y cartón el cómo será. El vídeo da más información al consumidor, pero sobre todo hace que este se sienta más cómodo con la compra, más seguro ante la misma.

Aunque algunas marcas han empezado a producir estos contenidos y a posicionarlos directamente allí donde conectan con los consumidores, lo cierto es que estos no son los únicos vídeos que están marcando las decisiones de compra de los consumidores y no son, tampoco, los que lo están haciendo de un modo mucho más revolucionario. Los propios consumidores se han erigido en los analistas de todos esos productos y se han convertido en los productores de esas reviews en las que los demás consumidores confían (y que antes estaban limitadas a los medios especializados). Cualquiera que tenga una cámara de vídeo y algo que contar se puede convertir en una fuente de información sobre el producto y una en la que los consumidores confiarán.

De hecho, la influencia que tienen los vídeos sobre las decisiones de compra son muy elevadas y el poder de los 'vloggers', los blogueros de vídeo, es cada vez mayor, tanto que muchos de ellos se han convertido en influyentes youtubers (esos que han conseguido que sus actividades se conviertan en material para conseguir ingresos y que viven de lo que publican en la red social de vídeo) y tienen grandes masas de seguidores. Según explicaban en un reciente informe de GlobalWebIndex sobre el poder del marketing de contenidos un 44% de los internautas sigue a vloggers y además muchos de ellos emplean esos contenidos para conocer productos y servicios. Según los datos del estudio, 1 de cada 10 asegura que ha descubierto productos a través de blogs.

¿Por qué triunfan estos vídeos?

Los consumidores confían en estos vídeos y son proactivos a la hora de buscarlos y lo son por varias razones. En primer lugar, estos vídeos llegan al consumidor en el momento exacto en el que se están planteando la compra y en el que necesitan esa información. En un mundo en el que todo es cada vez más virtual y en el que es cada vez más probable que el producto no se vea de forma tangible antes de comprarlo, es cada vez más necesario para el consumidor contar con las herramientas que le permitan comprenderlo, verlo de algún modo y saber qué es lo que le espera.

El consumidor los emplea para ver cómo llega el producto y comprender si es lo que se espera de él.

Por otro lado, estos vídeos están llenos de información y de datos concretos, datos que otros consumidores han destacado como útiles y que suelen ser las preguntas que los propios consumidores se hacen cuando se preguntan si comprar o no el producto. Los usuarios que suben sus opiniones en vídeo suelen centrarse en los elementos que conforman el producto, sus calidades, sus servicios y si realmente darán el servicio que uno espera. Incluso los vídeos que son más exóticos y que pueden parecer menos útiles, como es el caso de los unpackings o "unboxing", tienen una utilidad manifiesta y sirven para muchas cosas específicas. El consumidor los emplea para ver cómo llega el producto y comprender si es lo que se espera de él.

Pero más allá de la utilidad de estos contenidos, los vídeos sobre productos que lanzan los propios consumidores a la red funcionan porque los compradores los ven como algo auténtico. Son 'de verdad'. No es un vídeo promocional que una empresa ha subido a la red y no es algo diseñado para convencer de las bondades de un producto o de un servicio.

Los vídeos de producto se ven como un acercamiento realista y producido por quien al final tiene las mismas preocupaciones que uno mismo sobre las cosas y, por ello, logran no solo un mayor engagement sino también un mayor efecto a la hora de influir en las decisiones de consumo.