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No aparecieron hasta los años 60/70, algo que nos parece increíble visto desde el presente, pero desde que lo hicieron se convirtieron en una especie de elemento siempre presente. Las bolsas de plástico han tenido una carrera fulgurante, que ha acabado por convertirse en los últimos años en una preocupación en términos medioambientales que está ya salpicando a empresas y retailers.

El freno al uso de las bolsas de plástico ha ido en aumento de forma constante en los últimos tiempos. Además, se ha hecho de una forma cada vez más amplia y más global. Según los datos que maneja Bloomberg, en los últimos diez años se ha cuadriplicado el número de países que tienen legislaciones que prohíben o limitan el uso de bolsas de plástico. A esta altura, el número de países con medidas de limitación y control superan ya los 80 millones.

A pesar de ello, no se tiene todavía claro si estas medidas están teniendo un impacto real sobre lo que ha sido el motivo para impulsar este control de su uso, el efecto que tienen en la contaminación de las aguas marinas, aunque obviamente (y desde el punto de vista lógico) se espera que así sea. Además, la cuestión de lo que es o no es una bolsa tampoco es realmente tan fácil de resolver y, como apuntan en el medio estadounidense, las normas hacen que la definición de bolsa cambie según países y zonas.

Los objetivos de las autoridades son ambiciosos. La UE quiere que en 2019 se usen unas 90 bolsas por persona al año, lo que dejará una media de consumo de bolsas de 46.000 millones por toda la población europea. En 2016, el año se cerró con 100.000 millones de bolsas.

Las tiendas, las grandes perjudicadas

Esta limitación de las bolsas de plástico y de su uso tiene un impacto sobre las marcas, las empresas y las compañías de retail, se vea como se vea. Los datos del mercado español ya permiten llegar a ciertas conclusiones ligadas a esta cuestión. Así, antes del verano las bolsas empezarán a cobrarse en todos los establecimientos, con precios hasta un máximo de 30 céntimos, para en 2020, siguiendo las directrices europeas, pasar a estar prohibidas en los puntos de venta.

Aunque en los últimos años se ha reducido la distribución de bolsas de plástico en España, los consumidores siguen viéndolo como una suerte de derecho y siguen siendo bastante críticos con aquellos que les cobran las bolsas, especialmente en entornos en los que tradicionalmente no se ha hecho. Uno está acostumbrado a que le cobren las bolsas en la cadena de supermercados de turno, pero no tanto a que lo hagan en la tienda de ropa, en la farmacia, en una librería o en la frutería de toda la vida.

De hecho, el cambio normativo y la obligación de cobrar por las bolsas están generando preocupación sobre todo en el pequeño comercio, que no tiene todavía muy claro qué tendrán que hacer y que no se ven tampoco cobrando a sus clientes por darles una bolsa. Los comerciantes están confusos ante la medida y cómo deben aplicarla y también sobre el efecto que tendrá sobre su relación con sus clientes. Como comenta un frutero a la prensa local, casi da vergüenza cobrarle la bolsa a alguien que "lleva cuatro peras".

Las redes sociales ya muestran que los consumidores se sienten un tanto indignados por la medida (aunque en otros países vecinos pagar por la bolsa es ya una acción completamente habitual: en los supermercados alemanes, por ejemplo, no queda más remedio que pagar en todas partes por las bolsas y sus precios no son en absoluto bajos).

Un ejercicio de reposicionamiento y educación

Pagar por la bolsa es algo que solivianta, aparentemente, lo que garantiza un foco de tensión futuro claro. Los comerciantes tendrán que hacer un esfuerzo de concienciación y de comunicación mucho mayor, convenciendo a los consumidores de esta nueva situación y, además, intentando dejar claro que la decisión no es suya.

Pero aun así esto no es más que un primer paso de un problema mucho mayor: a medida que el plástico se ha convertido en un problema más elevado en términos de contaminación, también han aumentado las medidas para frenarlo y también lo han hecho las presiones contra marcas, empresas y vendedores. Las bolsas de plástico son un elemento más, pero no el único. Las empresas tendrán que replantearse su packaging y tendrán que reajustar como usan estos materiales.