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Una consumidora señalaba hace unos días que, tras muchos meses sin ir al cine, iba por fin a hacerlo el pasado viernes. La razón de esta decisión estaba en la película que llegaba a las pantallas entre los estrenos nuevos de la jornada. Disney lanzaba el remake de Aladdín, una versión en carne y hueso del clásico de dibujos animados que había estrenado en 1992 y que se había convertido rápidamente en uno de sus grandes éxitos.

Para aquella consumidora, Aladdín había sido su película favorita de la infancia, así que la nueva versión era algo que tenía que ver. Como comentaba, no había sido capaz de ir al cine a ver la nueva versión de otra de sus películas favoritas infantiles, Mary Poppins, pero con Aladdín no iba a dejar pasar la oportunidad. Ya tenía, de hecho, las entradas compradas.

Por supuesto, esta consumidora no era la única que tenía planes para ver el filme. Aladdin fue la película más taquillera del fin de semana, haciendo 207,1 millones de dólares en todo el mundo y superando muy ampliamente a las siguientes películas más exitosas del fin de semana. John Wick: Chapter 3 hizo 49,1 millones y Pokémon Detective Pikachu 37,8 millones. "El Aladdín de Disney ha superado las expectativas conjurando un recorrido mundial masivo con 121 millones de dólares para el fin de semana y que combinados con los 86,1 millones de dólares de su début como número uno en Norteamérica hace un estreno global estimado de 207,1 millones", explicaba Paul Dergarabedian, senior media analyst de Comscore, la compañía que ha hecho este balance de cifras, en una nota de prensa.

Aladdín es la última versión adaptada de clásicos de Disney, pero no es la única. Hace años, Disney lanzaba la adaptación con personajes reales de La Bella y la Bestia, otro de sus grandes éxitos de los 90, y en verano lanzará la nueva versión de El rey león. Se espera que el estreno de este otro clásico de los 90 revisitado sea nuevamente un éxito global de taquilla y que supere a los anteriores estrenos de remakes de clásicos de dibujos animados. Las expectativas están en que su primer fin de semana cierre con una recolección de taquilla mundial de (en la previsión más alta) 230 millones de dólares, más de los que ha hecho Aladdín y más de los 174 que hizo La bella y la bestia.

Incluso aunque se quedase en la previsión más conservadora (180 millones) superaría a esta última película. Sin duda, batirá a los remakes menos exitosos, como pudo ser el de Cenicienta, y que aún así fueron de las películas más taquilleras de su momento.

Pero ¿por qué está Disney lanzando remake tras remake de historias que ya conocemos? Y, sobre todo, ¿por qué le funcionan tan bien?

No son películas para niños (solo)

De entrada, habría que tener en cuenta que el público al que llega no es solo el público que podría pensarse a priori. En una ciudad en la que la oferta de películas en VOS es limitada, como puede ser el caso de Vigo, se puede encontrar pases de Aladdin en versión original con subtítulos, algo que no es un servicio pensado para niños. Las sesiones en los cines de Aladdín no solo están en el horario habitual de las películas para niños, como es el caso de los pases de tarde, sino que también se adentran en las horas nocturnas. Es posible ver Aladdín mucho más tarde de la hora habitual en la que los escolares se van para cama.

Esto ocurre porque Aladdín, como lo fue antes La bella y la bestia y como lo será El rey león, no está pensado para hacer caja con los niños o al menos solo con ellos. Es una película que corteja a los adultos y echa mano del poder de la nostalgia.

El poder de la nostalgia

"La gente tiende a disfrutar de sentirse nostálgico", explicaba a la BBC Wijnand van Tilburg, un experto en nostalgia del King's College de Londres. La nostalgia es una emoción poderosa pero también una que hace que la gente se sienta mejor. Y, por eso, se puede comprender que, como les explica un crítico de cine, "la mayoría de las películas ahora mismo son secuelas". Los consumidores están echando mano de filmes y contenidos que sienten familiares y próximos.

En cierto modo, es una especie de cruce entre el poder de la nostalgia (que se ha convertido en un activo de marca muy poderoso en los últimos años) y esa sensación de comodidad de lo ya conocido. Es lo que hace que acabemos consumiendo también lo que en inglés se llama 'confort food' o leyendo por enésima vez aquella novela que ya conocemos mejor que la persona que la ha escrito. Lo conocido tiene ese efecto de hacer que nos sintamos cómodos y confortables.

De hecho, la clave de lo que hace que estos remakes funcionen es que ya sabemos lo que va a pasar y que se han reciclado elementos del pasado, como explican los expertos a la BBC. El remake de esas películas de hace décadas nos acaba haciendo ver lo mismo, pero con una versión actualizada.

Por tanto, a la sensación de felicidad que genera volver a la infancia se suma el poder de lo conocido y de las historias que hemos consumido antes. Disney tiene ya las historias, el storytelling y el desarrollo que funciona, ahora solo tiene que traerlo al siglo XXI y hacer que conecte de nuevo con el público.