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El entusiasmo por lo retro ha hecho que muchos consumidores se vuelquen en recuperar los productos que consumían en el pasado o que se muestren entusiasmados recordándolos, como si cualquier tiempo pasado fuese definitivamente mejor. Este apetito por el pasado tiene - varias- explicaciones.

Para empezar existe lo que en inglés se conoce como reminiscence bump, una tendencia entre las personas a al llegar a cierta edad entregarse a recordar y recolectar lo que recuerdan del pasado. A medida que pasa el tiempo y la memoria empieza a fallar, más interés y entusiasmo hay por lanzarse a recordar. Por otra parte, lo retro ayuda a idealizar los tiempos pasados e impulsa el sentimiento de permanencia al grupo. Y, para finalizar, lo vintage se ha convertido en una tendencia en el consumo, en una moda más como podrían ser los cambios de temporada en la industria de la moda. Y cuando lo retro se puso de moda, se puso al tiempo el rememorar las cosas que existían en la infancia de los consumidores (y por infancia de los consumidores se ha abierto una ventana temporal muy amplia, que hace que se entreguen al merchandising de Mirinda o de la edad de oro de la aviación quienes no recuerdan ni a una ni a otra) y lamentar la pérdida de todos esos productos.

Todo ello explica fenómenos como, por ejemplo, el éxito de blogs como YofuiaEGB (de hecho la EGB podría entrar también dentro de las cosas que los consumidores recuerdan pasadas por el cristal mejorado de lo retro) y de libros que recuperan a marcas, productos y programas de los 70 y de los 80.

No se trata, en realidad, que los Gormiti sean peores que los Caballeros del Zodiaco o que Bob Esponja no merezca ni el saludo si se compara con Candy Candy. En realidad, cada momento tiene sus productos y posiblemente algún día alguien se entregará al recuerdo emocionado tanto de los Gormiti como de Bob Esponja como de las Bratz o la última muñeca de Peppa Pig.

Mariquita Pérez

El primer producto asociado a la infancia que ha conseguido traspasar la condición de juguete o de producto de consumo para convertirse en elemento de coleccionista y objeto de deseo de todos los amantes de lo retro fue Mariquita Pérez. Curiosamente Mariquita Pérez no era una marca de masas cuando llegó al mercado. Nació durante la Guerra Civil, aunque su boom fue en los años 40, en un entorno aristocrático y era un producto directamente para aristócratas. Cada muñeca costaba 85 pesetas, en un momento en el que el sueldo medio en el país era de unas 150 pesetas y en el que los consumidores sufrían la dura posguerra.

Quizás su condición de objeto de deseo fue la que le garantizó su éxito posterior. Mariquita Pérez dejó de fabricarse en los años 70, posiblemente porque se había quedado anclada en un tiempo pasado. El éxito de Nancy consiguió eclipsarla y su producción acabaría siendo discontinuada, lo que acabaría por sentar las bases del fenómeno Mariquita Pérez como elemento de coleccionismo retro. Hoy en día la muñeca protagoniza exposiciones en museos, los esfuerzos de los coleccionistas por hacerse con los más raros ejemplares y reediciones a menor coste para ayudar a cumplir con la cuota de amor por lo vintage del mercado en general.

Nancy, Cinexin y otros juguetes

La muñeca es además uno de los ejemplos del tipo de marcas que se asocian directamente a la infancia y que más se recuerdan de ella. Los juguetes suponen uno de los principales intereses del consumidor cuando es niño y por tanto es lógico que, con el paso de los años, sean estas las que consigan encontrar una posición destacada en las memorias de la época. Y posiblemente los anuncios que mejor se recuerdan de esos años son los que están asociados a los propios juguetes, porque eran los que se veían más veces, de forma más interesada y los que conseguían despertar más deseos de consumir.

También es muy probable que muchos consumidores apelen a que ya no hay juguetes como los de entonces, dotando a las marcas de su época de infancia de unos valores que considera que carecen los de la actualidad. Todos esos productos se han convertido en lovemarks para ellos, enseñas a las que dedicar una fidelidad absoluta porque nada representa como ellas la seguridad de la infancia. Los juguetes de hoy en día no son ni mejores ni peores que los de entonces, solo diferentes (y más avanzados tecnológicamente) y sus consumidores aún no han tenido tiempo de convertirlos en lovemarks.

Nancy es uno de los ejemplos claros de marcas amadas con fervor durante los últimos años. A pesar de su exótico nombre, Nancy fue uno de los productos más exitosos de la industria juguetera del Levante español. La muñeca empezó en los 60, como un personaje moderno y cosmopolita, con mucha ropa y complementos, que sedujeron a las niñas del momento. Aunque su éxito no se quedó ahí y las niñas de los 70 y de los 80 también jugaron con la muñeca (¿quién no recibió en su momento una Nancy Primera Comunión?), que era una de las pocas que podía plantar cara al reinado de Barbie en el segmento. Las modas hicieron que Nancy acabase pasando de moda y, aunque ha intentado reinventarse para llegar a las niñas de hoy en día, son sus madres quienes consumen productos Nancy, como exposiciones temáticas.

Pero Nancy no fue el único juguete que se ha quedado asociado a los años felices de la infancia. Otros juguetes, como el Cinexin, que triunfó en los 70, los juegos de Magia Borras, las Barriguitas o los clics también entran en la lista de marcas que se recuerdan con entusiasmo.

Los refrescos que fueron

Casi en las mismas posiciones que los juguetes, los refrescos ocupan un lugar destacado entre las marcas que han conseguido despertar más amor entre los consumidores de hoy cuando piensan en el pasado.

La Mirinda es el ejemplo más claro de este entusiasmo. La bebida nació en España, como una bebida con gas de sabores frutales (y cuyo nombre significa maravillosa en esperanto, como todos aquellos que hablan de su historia se encargan de recordar). Se vendió fundamentalmente en los 60 y en los 70 y luego, aunque sigue vendiéndose fuera de España, desapareció y dejó el mercado a otras marcas. El recuerdo de lo bien que sabía la Mirinda ha adquirido tintes casi religiosos (en definitiva, una lovemark) entre los consumidores, que la beben cuando visitan países en los que aún se comercializa. El merchandising de la marca es uno de los que ocupan muchas tiendas para jóvenes modernos, aunque no todos ellos se acuerden realmente de la Mirinda cuando la comercializaban.

Los bollos y chucherías también son marcas recordadas con entusiasmo. Ocurre con los bollos de Bimbo Pantera Rosa, que aunque han continuado en las tiendas entraron directamente en la lista de las marcas que se recuerdan con nostalgia de los tiempos de infancia, o con sus compañeros de comercialización los Tigreton. Los bollos eran la versión sana de las chucherías, aunque no las únicas en intentar conquistar a los niños. Los caramelos Chimos, los Peta Zetas o los chicles Bang Bang o Boomer (estos últimos con una pegadiza campaña en televisión) entran dentro de las marcas recordadas con entusiasmo por los consumidores.

Los helados son otro de los productos que se han convertido en marcas asociadas directamente a la nostalgia. En este caso su consumo está ligado a un momento específico del año en el que la vida era más relajada, más optimista y más positiva. Posiblemente no haya mejores veranos que los veranos de la infancia, se pertenezca a la generación que se pertenezca. Frigo es una de las empresas heladeras que ha conseguido que un mayor número de sus productos se queden ligados a esos recuerdos positivos del pasado, quizás porque su historia empieza en 1927 y ha tenido unas cuantas oportunidades para lograrlo desde entonces. Desde los años 20 y hasta ahora, el helado Popeye, el Calippo y, sobre todo, el Frigopie se han convertido en marcas añoradas y recordadas con cariño.

El Frigopie está asociado directamente a los veranos de la infancia y es uno de los favoritos de los consumidores (rankings y votaciones online así lo demuestran). El helado se sigue fabricando y distribuyendo, aunque los consumidores lo abandonan con el paso a la edad adulta y lo dejan en todo caso para sus hijos. Y, como en todos los productos que han dejado de ser productos para convertirse en elementos asociados prácticamente a la cultura popular, internet está lleno de recetas para intentar hacerlo en casa.

Xabarín Club y los comienzos de las televisiones autonómicas

Muchos de los que eran niños a finales de los 80 y principios de los 90 y que forman ahora parte de la franja de más edad de los llamados millennials fueron los primeros consumidores de los inicios de la televisión autonómica en sus respectivas comunidades. Y en algunas de ellas lo que se veía era siempre la programación infantil de esas emisoras y ni los programas de las privadas ni los intentos de la televisión pública estatal conseguían seducir a esa audiencia.

Posiblemente, uno de los productos que más entusiasmo vintage despierta ahora entre esos ahora adultos es el Xabarín Club, de la TVG, que se convirtió entonces en un fenómeno que marcaba pautas de consumo. Aún hoy los que entonces eran niños recuerdan las canciones del programa y son quienes consumen el merchandising asociado al jabalí protagonista.

Periodista online y apasionada por la literatura, las nuevas tecnologías y por los zapatos. Editora...
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