PuroMarketing: Noticias de marketing, publicidad y marcas

Las empresas y las marcas llevan anunciándose desde hace muchísimo tiempo. La publicidad es uno de esos elementos recurrentes, constantes a lo largo de la historia, y que han servido para dar a conocer productos, servicios y todo tipo de empresas y marcas. Pero, como ocurre en algo que lleva tanto tiempo existiendo, todo comienza a estar ya muy visto. Los trucos del libro publicitario son ya demasiado conocidos, lo que ha llevado a la industria a intentar encontrar nuevas vías para conectar con los consumidores y nuevos escenarios para servir sus anuncios.

En el Día de la Publicidad, nada parece más apropiado que recordar y analizar cuáles son las nuevas e insospechadas fronteras que la publicidad quiere conquistar.

Publicidad en el cielo

Por ahora, solo es una propuesta y una idea a futuro, pero algunas empresas ya están intentando crear las herramientas para "imprimir" (más o menos) publicidad en el cielo. Los anuncios se verían de noche, contra el cielo estrellado. Una empresa, StartRocket, quiere emplear microsatélites que desplegarían un material que jugaría con el reflejo de la luz solar para crear mensajes sobre el cielo.

Su idea es la de tener el primer prototipo en marcha hacia en 2021, aunque antes tendrán que conseguir que no los echen atrás. Las críticas a este formato publicitario son (como era lógico) bastantes. Por un lado, hay quienes creen que solo añadirá más basura espacial. Por otro, hay quienes recuerdan que serían simplemente más contaminación lumínica. A eso se suma que el formato publicitario sería carísimo y que ofrecer garantías de éxito complicado. Solo sería necesario que hiciese mal tiempo para que el caro anuncio no se viese esa noche.

Publicidad espacial

La idea de llevar la publicidad tan 'arriba' no es además completamente nueva. Ya se han hecho lanzamientos que son, en realidad, artimañas publicitarias (como el envío de un coche Tesla al espacio) o, mucho más claro, el lanzamiento de productos, desde una pizza a un muñeco de Android, para que naveguen a baja altitud y dejen 'bonitas imágenes'.

Pero también se han abierto puertas a la publicidad espacial de una manera más ambiciosa. La NASA ha flirteado con la idea de abrir la puerta a patrocinios y a la publicidad para así poder conseguir capital para sus fines científicos. La próxima misión a la Luna podría llevar el nombre de una marca, por ejemplo, o el espacio podría ser un espacio para grabar anuncios.

Publicidad en la axila del otro viajero en metro

Otro formato que parece delirante pero que en este caso sí fue algo concreto y sí llegó al mercado. Una empresa japonesa ofrecía espacios publicitarios en las axilas de los viajeros en el metro. La Wakino Ad Company vendía la posibilidad de contratar a una persona-anuncio, que mostraría el mensaje a los viajeros del transporte público.

La idea jugaba con los problemas del metro ultralleno: si hay que ir de pie, hay que agarrar una de las asideras de seguridad y mostrar la axila. También echaba mano de la sorpresa y de lo inesperado. El anuncio funcionaría porque era algo que nadie se esperaba encontrar.

Publicidad corporal

La publicidad en las axilas de los viajeros del transporte público parece una idea de un cuestionable gusto, pero no es la primera que emplea a los propios consumidores como estandartes publicitarios. Los hombres-anuncio son una constante desde hace décadas y más décadas. Solo hay que mirar una calle en alguna foto de principios del siglo XX o finales del XIX para encontrarse unos cuantos ejemplos. De hecho, el hombre-anuncio tradicional o hasta el disfrazado de un personaje o un producto se han convertido en versiones demasiado poco llamativas de las cosas (y en algunos lugares han sido prohibidos porque se considera que atenta contra la dignidad de las personas). Las empresas han ido ya muchísimo más allá.

Ahí están, por supuesto, los tatuajes de marca, que los consumidores se hacen por muchísimas razones. Están quienes simplemente se tatúan la marca o el producto que aman y del que son especialmente fieles, como aquellos que llevan el logo de su lovemark favorita o los que se hacen un tatuaje vinculado a Juego de Tronos o la serie-película-libro de la que sean parte del fandom. Luego están quienes han convertido la publicidad y los tatuajes en una forma de ingresos o en una manera de hacerse con algo.

En el boom de la burbuja de las puntocom, por ejemplo, uno de los movimientos de marketing viral y de guerrilla de las empresas era el de pagar a personas por tatuarse sus logos, direcciones o nombres de empresa. Los tatuajes publicitarios de esas empresas han durado, de hecho, más que la vida de esas compañías, que murieron en su mayor parte con el cambio de sigo y el estallido de la burbuja.

Publicidad en aseos y baños

Posiblemente, a muchos ya no les parezca tan sorprendente porque se ha convertido en algo recurrente, especialmente en los espacios de ocio como discotecas o salas de conciertos, pero hace unos años fueron un bombazo en la estrategia de marketing de guerrilla y de publicidad inesperada. Los baños públicos de todo tipo se convertían en espacios publicitarios, cada vez más sofisticados e interactivos, para anunciar todo tipo de cosas y todo tipo de productos. Cuanto más llamativo, mejor. Cuanto más integrado con los elementos del baño, más probabilidad de éxito.

Publicidad en tu coche

Los vehículos publicitarios, el ceder el propio vehículo (bajo pago claro) para que los anunciantes pusiesen su mensaje, se convirtió en un elemento creciente hace unos años y en una cuestión absolutamente asentada en algunas industrias. Los transportes públicos, desde taxis a autobuses urbanos a vagones de metro, suelen estar customizados de manera más o menos original por diferentes marcas y empresas que venden con ello sus productos y sus mensajes. El futuro, sin embargo, quiere ir mucho más allá y quiere integrar mucho más los mensajes en el propio coche, haciendo que sean quienes viajan en él quienes reciben esos impactos publicitarios.

Los coches conectados crean muchas oportunidades de posicionamiento de mensajes. Los anuncios de audio que avisarán de diferentes novedades, productos o servicios en sus inmediaciones se dan por sentado. Las compañías ya están acumulando datos, pautas de comportamiento y herramientas de segmentación para convertir a los vehículos en el próximo gran espacio publicitario.

Además, quieren conquistar espacios inesperados para posicionar otro tipo de anuncios. Los parabrisas, por ejemplo, dejarán de ser 'simples' cristales para convertirse en pantallas que, usando nuevas tecnologías como la realidad aumentada, ayudarán en los procesos de conducción, pero también servirán mensajes comerciales.

La nueva frontera en la calle

La publicidad en la calle no es una novedad absoluta. Al fin y al cabo, mensajes publicitarios ya los había en las calles de Pompeya y no hay más que pensar a dónde se va esa fecha. La publicidad en la calle ha dejado de hecho de ser relevantes por lo recurrente que es y por el impacto que tienen otros elementos en la experiencia de verla. Ahora que vamos siempre pegados a la pantalla del móvil y de otros dispositivos, ya no nos fijamos en lo que nos rodea. No hay más que hacer el ejercicio de pensar en el último anuncio en el que nos hemos fijado en una parada de autobús y que se recuerde con cierto detalle.

Eso no quiere decir que las empresas ya no se anuncien en la calle. Simplemente lo hacen de un modo mucho más creativo y rompedor. Es lo que ha hecho que en los últimos años se hayan hecho campañas de más impacto, mucho más cercanas al marketing de guerrilla, como las que convierten las paradas de autobús o de metro en algo completamente diferente o las emplean nuevos elementos inesperados como soporte publicitario.

Las escaleras mecánicas de espacios públicos, desde las del metro a las del aeropuerto, se convierten en espacios interactivos publicitarios. Pero incluso las marcas toman posesión de las tapas de las alcantarillas (algo que también hace el Street art) para convertirlas en sorprendentes espacios publicitarios. En la calle, por tanto, la publicidad simplemente busca espacios inesperados.

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