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El miedo a perderse algo, FOMO (Fear of Missing Out) es la forma moderna y digital de un miedo social más tradicional, como es la exclusión. Muy presente entre los jóvenes de menos de 30 años, aparece cuando alguno siente alejado o fuera de algún tipo de evento social que ha tenido lugar y en el que no se ha estado presente.

La explosión de las redes sociales y su ubicuidad e inmediatez gracias a los dispositivos móviles, han hecho del FOMO un problema mucho más habitual y omnipresente que antes.

Ahora, los investigadores han desarrollado un cuestionario que permite ayudar a medir cuál es el nivel de preocupación o de ansiedad de aquellas personas que lo padecen.

Entre las preguntas del cuestionario FOMO, se inquiere sobre cómo de frecuentes son nuestros accesos y consultas a las redes sociales, por ejemplo, ¿“a la hora del desayuno”, “a la hora de la comida”, “15 minutos antes de irnos a la cama”?, y cómo de preocupados nos sentimos cuando nuestros amigos se divierten sin nosotros.

En la introducción del cuestionario se dice “FOMO es un concepto relativamente moderno donde las personas se preocupan porque otros puedan estar pasándoselo muy bien y disfrutando de otras experiencias sin ellos. Se caracteriza por el deseo de estar conectado permanentemente a lo que los demás están haciendo”.

FOMO se asocia con frecuencia con una percepción de bajo nivel social, lo que causa sensaciones de ansiedad e inferioridad. Cuando alguien se pierde una fiesta o un evento social, él o ella pueden sentirse un poco menos importante que aquellos que aparecen en las fotografías. En algunos casos, las personas pueden llegar a sentir su exclusión hasta de los elementos negativos.

FOMO se presenta con más frecuencia entre las personas de entre 18 y 33 años de edad. En una encuesta dos tercios de las personas de esta edad han llegado a reconocer que han experimentado estos miedos, y comenta que es más frecuente en los hombres que en las mujeres, aunque no se conocen las razones.

Los investigadores sugieren que FOMO puede llegar a crear problemas en la salud mental de las personas. Un miedo permanente a la exclusión puede degenerar en ansiedad y depresión, especialmente entre los jóvenes.

En lo últimos años han sido numerosos los estudios sobre la forma en la que las redes sociales influyen en el FOMO. Algunos estudios recientes sugieren que las personas que experimentan FOMO están más dispuestas a valorar los medios sociales como parte de su desarrollo social.

Algunos psicólogos argumentan que los sentimientos relacionados con FOMO fortalecen las conexiones con otros, animando a las personas a ser socialmente más activos, entrando en contacto con amigos y planificando actividades. Nunca es tarde para reconectar con un antiguo amigo que vive cerca, o un antiguo compañero de estudios con el que el trato es menos frecuente.

Los psicólogos dicen que los miedos a perderse algo pueden ser un tipo de distorsión cognitiva, que lleva a crear pensamientos irracionales, como llegar a creer que nuestros amigos nos odian al no habernos invitado a su última fiesta, asociados con estados depresivos. Para las personas con propensión a este tipo de pensamientos, las tecnologías modernas pueden llevar a exacerbar este tipo de miedos. Los expertos recomiendan que el desenchufarse completamente de todo tipo de cacharros no resuelve el problema  de la misma manera que la aplicación de otras terapias cognitivas del comportamiento o psicoterapias pueden ayudar.