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El negocio publicitario de Meta financia una apuesta de cien mil millones de dólares en IA

Meta proyecta una inversión récord en inteligencia artificial para dominar el mercado tecnológico

Por Redacción - 29 Enero 2026

Meta ha sacado músculo financiero al cierre del ejercicio 2025, desafiando las proyecciones más conservadoras del mercado con una apuesta sin precedentes en su infraestructura tecnológica. Durante la presentación de resultados el miércoles 28 de enero de 2026, la matriz de Facebook e Instagram reveló que su gasto de capital para el presente año superará ampliamente los cálculos previos de los analistas, situándose en una horquilla de entre 115.000 y 135.000 millones de dólares. Esta cifra representa un salto cuantitativo asombroso frente a los 72.200 millones invertidos el año anterior, evidenciando que la dirección liderada por Mark Zuckerberg ha decidido acelerar a fondo en la construcción de centros de datos y la adquisición de procesadores avanzados para alcanzar lo que denominan superinteligencia personal.

La reacción de los mercados no se hizo esperar, y a pesar de la magnitud del desembolso anunciado, las acciones de la compañía experimentaron un repunte significativo cercano al 10% en las operaciones posteriores al cierre. Los inversores parecen haber encontrado consuelo en la solidez del negocio publicitario tradicional, que sigue actuando como el motor financiero que sufraga estas ambiciones. En el cuarto trimestre de 2025, los ingresos alcanzaron la cifra récord de 59.890 millones de dólares, impulsados por una mejora sustancial en la eficiencia de los anuncios gracias precisamente a las herramientas de inteligencia artificial. Esta dualidad permite a la empresa proyectar que, incluso con un aumento tan drástico en los costes operativos y de capital, el beneficio de explotación de 2026 se mantendrá por encima de los niveles registrados en 2025.

Detrás de estos números se esconde una transformación profunda de la arquitectura técnica de la organización, que ha dejado de enfocarse prioritariamente en el desarrollo de mundos virtuales para centrar sus esfuerzos en la creación de agentes digitales altamente personalizados. Zuckerberg ha señalado que la visión de la empresa para 2026 consiste en que sus aplicaciones dejen de ser simples repositorios de contenido recomendado para convertirse en sistemas capaces de comprender el contexto vital de cada usuario, generando experiencias únicas en tiempo real. Para lograrlo, Meta ha formalizado acuerdos estratégicos de gran envergadura, como el contrato de 6.000 millones de dólares con Corning para el suministro de fibra óptica, asegurando la conectividad necesaria para sus nuevos complejos de servidores.

No obstante, esta expansión no está exenta de tensiones internas y externas. Mientras el gasto en infraestructura se dispara, la división de Reality Labs continúa reportando pérdidas millonarias, y la empresa ha iniciado ajustes de plantilla específicos en áreas vinculadas a la realidad virtual para redirigir ese talento hacia el desarrollo de modelos de lenguaje y visión artificial. El margen operativo se ha visto comprimido, cayendo al 41% desde el 48% del año anterior, una señal clara de que la transición hacia una infraestructura de próxima generación tiene un coste inmediato en la rentabilidad porcentual. El incremento en la compensación de empleados para retener a los ingenieros más cualificados del sector también contribuye a una estructura de gastos totales que podría rozar los 169.000 millones de dólares al finalizar el año.

El relato que Meta intenta consolidar frente a la opinión pública y las instituciones regulatorias es el de una compañía que no solo consume recursos, sino que impulsa la economía a través de la innovación física. En un esfuerzo por mitigar las críticas sobre el impacto energético y ambiental de sus centros de datos, la firma ha destacado la creación de miles de empleos especializados vinculados a la construcción de estas instalaciones. La estrategia parece clara: dominar la infraestructura básica de la inteligencia artificial para que, cuando la tecnología alcance su madurez, Meta sea el propietario indiscutible de los cimientos sobre los que se construirá la interacción digital de la próxima década.

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