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Más o menos por estas fechas el año pasado, se hizo público un estudio estadounidense bastante curioso. A los consumidores, se les pedía que dibujasen - echando mano de la memoria para ello - el logo de unas cuantas marcas y empresas. La lista abarcaba a una decena de marcas globales y muy populares, como Ikea, Apple o Starbucks.

A los consumidores participantes en el estudio les dejaron tiempo (dedicaron una media de media hora por cabeza en sus dibujos) y un software de dibujo que les ayudaba a dibujar mejor. Los resultados fueron, en primer lugar, graciosos y, en segundo lugar, bastante interesantes para comprender el poder de los logos.

Cierto que a los consumidores les costaba dibujar algunos logos muy complicados, como el de Starbucks, y poco otros más simples, como el de Ikea, pero el estudio indicaba que los consumidores se quedaban con los colores de los logos y con la información básica que estos intentaban transmitir. Como ocurre en sus dibujos, en medio de la avalancha de información que los consumidores reciben cada día los consumidores ven los logos de las marcas y de las empresas como un elemento borroso, una imagen de la que se quedan con los colores y los valores de base.

Pero esa imagen ligeramente borrosa de fondo, cuando se han hecho bien las cosas, es increíblemente poderosa, porque es la que hace que los consumidores sean capaces de identificar en medio de todo el ruido a la marca en cuestión y también que sean capaces de percibir valores y tomar decisiones partiendo de esos puntos de información. Por muy rápido que se vean y aunque se perciban en medio del ruido de información visual que es una calle comercial, por ejemplo, nadie confundiría el logo de Starbucks con el de Rodilla, por poner dos ejemplos de cadenas de cafeterías, y nadie tomaría una decisión de consumo errónea por ello.

El logotipo es, por tanto, determinante y decisivo, un elemento crucial que sirve para introducir a la marca, para posicionar sus valores, para transmitir su identidad y para captar al consumidor. Lo hace en unos segundos, incluso a veces en menos tiempo, y logra, además, tener una cierta calidad 'perenne'. Mientras otros elementos de marketing tienen vidas mucho más efímeras, el logo vive mucho tiempo y es su capacidad para hacerlo la que funciona como llave para su éxito.

Una carta de presentación

El logo es la carta de presentación, el primer elemento que introduce a la compañía, pero su trabajo no se quedará en simplemente eso, sino que servirá en el futuro para identificar a la empresa en todo momento y para recordarle al consumidor que está ahí.

Por tanto, contar con un logo es crucial y determinante. Debe ser el elemento central sobre el que pivote la identidad visual de la marca o de la empresa. No se puede dejar nada al azar en lo que respecta al logo y no se puede tampoco aceptar cualquier cosa como logotipo. La elección del logo y su creación debe ser cuidada, debe partir de valores claros y debe ser capaz de transmitir la esencia de la marca. Trabajar en el diseño de un logo es por ello crucial y las marcas y las empresas, sea cual sea su tamaño, deben darle la importancia que corresponde. Contar con un buen logo es algo que marca el éxito o el fracaso de una compañía. Si no disponemos de recursos o suficientes conocimientos, siempre podremos recurrir a algunas herramientas como un creador de logos online. Sin embargo, recurrir a la experiencia de un profesional del diseño en dicho proceso, será una mayor garantía de un trabajo de calidad que encaje con la filosofía y personalidad de nuestro negocio.

El poder emocional e informativo del logo

El logo no solo ayuda a que la empresa sea reconocida rápidamente o a transmitir los valores detrás de la compañía o de la marca con un solo golpe de mirada, sino que además tiene un impacto muy positivo en otras áreas. Un buen logo hará una parte muy importante del trabajo no solo de posicionamiento sino también de venta.

Por ejemplo, algunos estudios han señalado que el 80% de los consumidores considera que el color les ayuda a reconocer las marcas, lo que hace que la identidad visual de las mismas sea muy importante a la hora de lograr visibilidad y de asentar la identidad corporativa. Ser visible es decisivo para entrar en las decisiones de compra de los consumidores. De hecho, los números apuntan que el 93% de las decisiones de compra se basa en las percepciones visuales y que incluso un 7% de las compras se realiza por el color del producto.

Las formas y los colores del logo transmiten información, valores y emociones, que permiten además asentar muchos intangibles y generar vínculos emocionales y subjetivos entre el consumidor y la marca.

Así, simplemente primando ciertas formas y ciertos tonos se logran afianzar ciertos vínculos. Analizar un par de formas permitirá ayudar a comprenderlo. Usar formas ovaladas o circulares ayuda a transmitir un mensaje positivo, mientras que los cuadrados y los triángulos hacen que el subconsciente del consumidor reconozca eficiencia y un toque profesional. Lo mismo sucede con los colores. El verde se ve como fresco y natural, el negro como sofisticado o el amarillo como alegría.

La combinación de unos elementos y de otros ayuda a posicionar información de forma rápida ante el consumidor y, sobre todo, que este reaccione a un nivel que va mucho más allá de lo racional.

No solo Apple necesita un logo: por qué es importante para las pymes

Pero además de tener claro que el logo es un elemento muy importante de la identidad de las empresas y que cuidarlo es crucial para lograr conectar con la audiencia, los responsables de las compañías también tienen que tener en cuenta otra cuestión. El logo no es solo un elemento importante para las multinacionales o para productos que intentan llegar al mercado de forma masiva. Es algo crucial para todo el mundo, sea cual sea el tamaño de la empresa y sea cual sea el mercado al que se llega o se quiere llegar.

Y esto es muy importante porque entre las pymes es mucho más fácil que se dé por sentado que cualquier imagen vale o que cualquier logo sirve. Incluso, cuando se trata de pequeñas tiendas o de pequeños negocios, hasta se piensa que se puede sobrevivir sin logo o con el simple nombre de la tienda o del profesional que da el servicio como carta de presentación. Es una creencia errónea. Una pyme va a tener que competir con las mismas empresas que compiten con las grandes compañías y va a tener que hacerlo en el mismo contexto y sobreviviendo a los mismos problemas. Va a tener que destacar en el mismo entorno lleno de ruido en el que una marca o empresa de mayor tamaño tiene que hacerlo y va a tener que conseguir también llamar la atención por encima de sus competidores.

Por tanto, necesitará usar igualmente los elementos que hacen que las grandes marcas conecten con su público y que destaquen. Eso implicará tener una estrategia definida, usar herramientas como el social media marketing o el marketing de contenidos o, por supuesto, tener una imagen de marca clara. En esa imagen de marca, el logo es el elemento determinante y crucial.

Además, las pymes tienen que perderle miedo al logo. Lograr contar con un logotipo que se adapte a lo que son y a lo que quieren mostrar al mundo es cada vez más fácil y más sencillo. Por ejemplo, existen herramientas online que ayudan a realizar el proceso y que permiten obtener buenos resultados sin tener que enfrentarse a un proceso excesivamente complejo.