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Todos tenemos recuerdos de nuestra más tierna infancia ligados a Disney, ese mundo de fantasía cuya influencia ha perdurado hasta nuestros días. Una presencia con la que nacimos y que ha ido extendiéndose, saltando de la gran pantalla, al televisor del salón, para posteriormente digitalizarse y e instaurarse en nuestros dispositivos móviles.

Incluso llegó a materializarse, en los fabulosos parques temáticos que se extienden por 3 continentes, proporcionando con ello la experiencia real Disney a más de medio mundo. El sueño de niños y grandes hecho realidad. Una oportunidad única de estar frente a frente con los personajes que durante años nos acompañaron de día y de noche.

Pero de ilusión no se vive, tras la marca Disney se esconde una empresa, con grandes fines comerciales. Walt Disney ha sabido diseñar un entramado perfectamente orquestado, fruto de una ejemplar campaña de marketing basada en la fantasía y la ilusión de los más pequeños como principales valores. Un mundo irreal lleno de experiencias y emociones que ha resultado de lo más rentable para la compañía.

Disney es en la actualidad la empresa de medios de comunicación y medios del mundo, según recoge la Wikipedia. Y no es de extrañar, dado que su reinado abarca tanto producciones cinematográficas como canales de comunicación y portales digitales. Además, esta empresa apostó desde sus inicios por la diversificación, y ya en 1995 inauguró las puertas de Disneyland, el que sería su primer parque de atracciones. Unas instalaciones a las que sucederían otras 37 más en los años siguientes, junto con 39 hoteles ambientados bajo el influjo de la esencia Disney. De igual modo, no podemos olvidar su cadena de tiendas donde podemos comprar todo tipo de productos relacionados con el mundo Disney, tales como disfraces o peluches. Así como la gran de accesorios de todo tipo que encontramos por doquier bajo la licencia de la marca. Un catálogo que incluye desde perfumes hasta mobiliario infantil.

Y es que la factoría Disney ha sabido jugar bien sus cartas, y hacer de su mundo de fantasía una máquina de hacer dinero. Eso sí, siempre velando por proporcionar a los usuarios una experiencia inolvidable, y superar sus expectativas con cada nueva creación.

Todas sus acciones están orientadas a sorprender a su público objetivo. Generan expectación y crean sensaciones mágicas e inolvidables. Experiencias que causan tal impacto que irremediablemente merecen ser compartidas. Un hecho que difunde el buen nombre de la marca, asociado a estos positivos valores.

En Disney cada cliente es único y especial. Uno de los grandes atractivos de la visita a sus parques es la de tener la oportunidad de ver en persona sus personajes preferidos, los cuales se prodigan en atenciones y detalles con sus admiradores. Es algo único e inolvidable. El hecho de que Mickey Mouse te prodigue con su sonrisa y te abrace para posar contigo en una foto, o que Winnie The Pooh te siente en sus rodillas. Todo un sueño para los niños, y motivo de orgullo para sus padres.

Estas acciones además perduran en la memoria del usuario, y contribuyen a estrechar el vínculo con la marca. Ello se traduce en el deseo de adquirir todo tipo de productos relacionados con Disney, y a aumentar el valor de la marca. Los niños prefieren merchandising de Disney antes que los objetos genéricos.

La empresa ha sabido evolucionar y adelantarse a las tendencias. El salto a la era digital no supuso un gran obstáculo para la compañía, quien incluso, consciente de sus limitaciones, optó por adquirir Pixar (2006), con el fin de reforzar su presencia en este área.

Integración del personal dentro de la organización. Los empleados han de respirar el ambiente de ilusión y fantasía que transmiten, han de interiorizarlo, y para ello nada mejor que experimentarlo en carne propia. Así, todo su personal aprende los principios basados en la satisfacción del cliente, excelencia de servicio y calidad que caracterizan cada paso donde se muestra el sello Disney.

Sin duda, el modelo de negocio de Disney es digno de estudio, y como tal se enseña en su propio centro de estudios. Así, en 2010 se inauguró la que podría considerarse como la universidad de la ilusión y la fantasía, materializado en la Disney University. Un centro cuyo programa formativo desvela las estrategias de negocio, modelo de gestión y claves que con tanto éxito se han aplicado a la factoría Disney.

Por tanto, Disney es el claro ejemplo de que la felicidad vende, de que un mundo construido en base a ilusión, fantasía y vocación de servicio puede ser más que rentable, cultivar clientes satisfechos y posicionarse como un ejemplo de gestión a nivel internacional. 

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