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Nadie se imaginaba que la llegada de los medios y redes sociales fuera a cambiar tantos de los paradigmas establecidos que parecían que nunca quedarían obsoletos. Sin embargo, la nueva realidad, nos demuestra cada día como la evolución de la tecnología sigue empujando y cambiando a su paso, no solo hábitos y tendencias, sino también la forma en la que los propios medios 

El impacto de las redes sociales y su flujo constante de información dada la participación activa y frenética de todos sus miembros ha generado que todo tipo de medios terminen por quedar rendidos a su poderosa influencia. Incluso la televisión, aquella que parecía no poder nunca ser destronada, se ve amenazada por la creciente demanda de contenidos online, los videos bajo demanda y los servicios de streaming.  Todo ello sin tener en cuenta los nuevos hábitos cada vez más extendidos como consecuencia de la aparición de múltiples pantallas y dispositivos móviles.

Ahora quienes se dedican a realizar aquello de medir las audiencias, se preguntan si estos nuevos hábitos pueden ser determinantes e interferir en la forma que se analizan los shares televisivos. Y lo cierto, es que cada vez parece quedar menos tiempo para seguir sobreviviendo de las mismas mentiras. Ya no hay excusa para tener que seguir estableciendo como indicadores del éxito televisivo, los análisis de datos recogidos de los anticuados audímetros que siguen funcionando incluso cuando nos quedamos dormidos con la televisión encendida. Y sobre todo porque la tecnología que se presenta a la vuelta de la esquina nos permitirá a ciencia cierta conocer con mucha más precisión cómo se comportan dichas audiencias y lo que es más importante, que es aquello que realmente les interesa.

En internet de forma sorprendente podemos encontrarnos con escenarios similares. A pesar de la evolución tecnológica, todavía los grandes auditores de medios se resisten a dejar olvidadas metodologías anticuadas para medir las audiencias. Tanto es así, como que sigue existiendo la figura del popular panelista, cuyos datos son recogidos como una muestra válida para establecer dichas métricas. En España, la llegada de compañías como ComScore hicieron posible establecer además de estas mediciones globales de panelistas (personas), nuevos sistemas de medición basado en marcadores al estilo Google Analytics, dando paso en su conjunto y con la suma de ambas, a la denominada metodología híbrida. Zenithmedia nos ofrece una excelente explicación acerca de todo ello, pero.... si la segunda es fiable ¿Por qué seguir dependiendo de la primera cuando ni siquiera tales datos forman parte de un grupo real y representativo del total de usuarios de internet ?

Fácilmente en la respuesta encontraremos la posibilidad de que pudiera existir supuestamente, un cierto margen de datos que pueden llegar a ser "manejados" o sometidos a pequeños "arreglos" para encajar las audiencias dentro de una industria con grandes grupos mediáticos y demasiados intereses. Al final resulta como aquello de prohibir de fumar por la sostenibilidad sanitaria y la salud de las personas, mientras continuamos haciendo lo posible para seguir vendiendo tabaco, y encima aplicando mayores impuestos.

Sin profundizar mucho más en todo ello, nos convertimos en testigos de la aparición estelar del nuevo indicador para medir más allá de las audiencias, la verdadera influencia, la notoriedad, la relevancia y la interacción social.  El share social (menciones,opiniones,comentarios,reacciones,likes,retweets,...), se proclama como el nuevo indicador de esta nueva era donde las redes sociales acaparan cada vez un mayor protagonismo y por supuesto donde las audiencias son a su vez también sociales.

Las empresas, las marcas, los medios digitales e incluso los medios televisivos se han sumado a la competición por alcanzar el top de los índices de share social. Ya no cuentan los televidentes que se quedan dormidos, ni los telespectadores que hacen caso omiso a la publicidad mientras interactúan a través de sus tablets y móviles. Tampoco valen las cifras que nos hablan de millones de páginas vistas donde se contabilizan hasta el último iframe publicitario. Los medios desean más que nunca audiencias vivas y activas, comprometidas, capaces de participar, interactuar y compartir.  Audiencias con las que puedan establecerse relaciones, y a su vez puedan convertirse en auténticos embajadores del medio. Pero sobre todo, que nos permitan saber lo que les gusta y que lo que ofrecemos también es lo que buscan.

Es evidente que el futuro de las audiencias parece estar condicionado y ligado sin remedio a la influencia de estos nuevos indicadores. ¿Estamos pues realmentre preparados para aceptar este cambio?

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