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Primero fueron los gatos. Luego llegó la pinterestización y todas las páginas se convirtieron en una copia en diseño de Pinterest. Como en una maldición bíblica, el scroll infinito sobrevivió y obligó a los internautas a enfrentarse con páginas que nunca se acaban. Después llegaron los GIF y se puso de moda recuperar lo que había sido tendencia y había sido criticado 15 años atrás, en un ejercicio más de pasión por lo vintage (¿volverá también la Comic Sans en este revival de lo estéticamente discutible?). Y casi de forma paralela internet empezó a llenarse de listas. Todo se convirtió en razones para, cosas que no te puedes perder, libros que tienes que leer, famosos que debes odiar o decisiones que tienes que tomar para hacer que tu negocio sea más efectivo. Hasta el Financial Times se atrevió a hacer una lista de cosas que los inversores deben saber.

Las listas son una plaga y están por todas partes en la red. Todo tiene una explicación, o más bien un nombre. El fenómeno se llama listicle, que es como aparece en los sesudos textos de análisis sobre el estado del periodismo (pero también en los medios de comunicación que lo usan de forma intensiva: Gawker lo emplea como etiqueta para que sus lectores puedan encontrar, claro está, listas). Este verano, la palabra - de uso ya habitual en el internet anglosajón - fue incorporada al diccionario Oxford, como muchos otros términos de éxito de la era de internet como YOLO.

El fenómeno no es exactamente nuevo. La Cosmo lleva ofreciendo listas desde hace décadas: llevan llevando a portada las 10 razones para desde prácticamente el momento en el que podemos hacer memoria de sus contenidos. No es la única. Las revistas femeninas han usado el formato de forma extensiva a lo largo de los años. No importa la sección, siempre se puede llenar con una lista. Y no hay mejor manera de verlo que el título de una de esas películas para adolescentes que marcan a los espectadores de su época: 10 razones para odiarte se estrenó en los últimos años 90 (mucho antes del boom de las listas de internet y casi, casi, antes de que internet se hiciese mainstream) con un título que jugaba con esos contenidos.

Pero a pesar de que la Cosmopolitan, Glamour y todas las que se quieran sumar a la lista usaban listas (y test) de forma recurrente y habitual, es ahora cuando se habla del fenómeno como tal. Es decir, puede que existiesen antes, pero no habían conseguido convertirse en una moda global hasta ahora. Moda global y, deberíamos añadir, masiva. Los medios anglosajones ya no pueden sobrevivir - casi - sin una lista y los medios de los demás ámbitos lingüísticos están importando la tendencia.

Posiblemente la culpa de todo la tiene Buzzfeed, como ocurre con tantas cosas en el periodismo, los medios e internet en los últimos años. Aunque sus redactores desdeñen la palabra listicle ("una listicle, para mí, es una cosa similar a una agrupación arbitraria de cosas", explica un reportero de Buzzfeed al NiemamLab, señalando que las listas - al menos las de su medio - tienen detrás una narrativa), el éxito de sus contenidos ha sido el que ha propulsado el meteórico ascenso al estrellato de las listas en internet. Sin esforzarse mucho, ahora mismo es posible encontrar en Buzzfeed listas sobre las razones por las que deberías vivir en París, sobre los padres más raros del mundo, las veces en las que Nueva Zelanda demostró que son el lugar más divertido del planeta o las fotos más increíbles de la Rusia de los zares. Y son solo unos cuantos ejemplos tras menos de un minuto de observación.

Consumo rápido, éxito duradero

Las listas se han convertido en un fenómeno de consumo rápido, sencillo y, la mejor palabra para describirlo, molón. No requieren un esfuerzo tan profundo como el que pide un artículo de muchas palabras y además funcionan resaltando lo que los lectores buscan cuando consumen contenidos en la red. La lectura, en general, es por palabras clave: el lector de internet lee por encima, focalizándose en los centros de interés. Una lista lo presenta de forma más clara. Todo está ordenado y categorizado (y, por cierto, estudios han demostrado que los consumidores aman poder acceder a las cosas por categorías). Cada punto de interés es un número. Acceder a los detalles es mucho más simple y visual, por mucho scroll que haya que hacer para llegar al último punto de la enumeración.

El largo de la lista no tiene que seguir una norma concreta para conseguir llamar la atención. Un número es de por si ya garantía de éxito, ya sean 3, 4 o 20. Aunque, como ha demostrado un estudio sobre el éxito de las listas de Buzzfeed, cuanto más larga sea la lista, más éxito tiene en redes sociales y más usuarios la comparten y la vuelven a compartir.

También son un soporte que permite generar contenidos mucho más informales, más cercanos y más próximos al lector, lo suficiente como para hacerle sentir que hablan de él. Como apunta un editor de The Guardian, siempre hay una lista con la que te puedes sentir identificado y que parece que te está describiendo a ti.

De hecho, parte del éxito de las listas está en justamente eso. Buzzfeed (nuevamente) es el ejemplo de ello: el medio está lleno de listas que apuntan a un grupo de población concreto, como cosas que solo alguien de origen polaco entiende, cosas que toda chica latina está cansada de responder o cosas que indican que estudiaste en Berkeley. No importa que llegue solo a una minoría del total de los lectores, esa minoría hará que el contenido triunfe e impulsará su consumo. Es como la economía del long tail aplicada al contenido en un medio de masas. O, como algunos expertos apuntan ya, el demolisticle.

Cómo escribir listas

Escribir listas es además una tarea mucho más sencilla que escribir un sesudo análisis sobre las razones macroeconómicas que han empujado a la economía global a la crisis. Son textos cortos, concisos, con lenguaje muchas veces popular y de consumo rápido. Y sí, hay que tener cierto talento para escribir con sentido del humor (y casi todas las listas tienen ese tonillo irónico que tanto triunfa en la red), pero es bastante claro que escribir una lista puede hacerse mucho más rápido que otros contenidos en internet.

Y teniendo en cuenta que las redacciones están no solo en mínimos sino que además soportan una presión cada vez más elevada para generar contenido más rápido y más abundante, las listas son un recurso casi caído del cielo para llenar esos agujeros y conseguir audiencia.

Esa es la tónica general aunque, por supuesto, siempre hay excepciones. Hacer listas puede tener cierta complejidad en ocasiones, tanto por barrido de la red como por contenido, cuando se trata de temas muy específicos. Hacer una lista sobre escritores olvidados del siglo XVIII puede implicar tantas horas de trabajo como un artículo de 3.000 palabras. Y una de las más exitosas listas de la historia de Buzzfeed fue una con las 50 cosas más encantadoras que se han registrado en Facebook en años. "No fui y puse 50 cosas que me gustaron. Me remonté a mis 5 años de experiencia buscando animales encantadores en internet y los que realmente me llegaron", apunta el periodista que hizo el listado. Y ellos mismos han sido capaces de generar contenidos en formato lista que requieren mucho más que unir unos cuantos gif. Cuando estalló el conflicto entre Ucrania y Rusia, uno de sus redactores hiló una explicación usando gifs de un reality y en formato listicle. Era fácil de entender y era realmente brillante.

Listas, negocio redondo

Existen páginas solo con listas y páginas que analizan listas. Y existen cada vez más listas y en muchos más medios de comunicación. Alguien en internet ya lo ha comparado con el ratio de contagio medieval de la peste bubónica. Las fotogalerías triunfaron en internet porque generan más clics y más páginas vistas y, por tanto, permiten a los medios generar más impresiones publicitarias. Las listas se han acomodado y contagiado porque generan importantes oleadas de tráfico (y más impresiones y más ingresos publicitarios).

Pero además son altamente virales, lo que ayuda a potenciar la presencia del medio y lo ayuda a destacar en unos tiempos en los que conseguir llamar la atención es cada vez más complicado.

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