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Uno de los movimientos maestros que YouTube realizó este año fue el lanzamiento de su versión para niños, que salió hace unos meses en Estados Unidos y que acaba de abrir sus puertas en Reino Unido. La compañía estaba así, o eso era lo que explicaban sus directivos cuando el servicio se estaba presentando al mundo, respondiendo a una necesidad del mercado. Los niños eran ya usuarios entusiastas de la plataforma de vídeo, consumiendo de forma constante vídeos en la misma, pero a pesar de ello el servicio no se adaptaba de forma específica a las necesidades de este nicho de mercado concreto. Como explicaba una de las directivas de la firma cuando YouTube Kids era algo en lo que estaban trabajando más que un producto en el mercado, los padres de los niños se preocupaban por el contenido al que podrían acceder en la red de vídeos y pedían algo que funcionase como un entorno acotado.

Y eso es lo que, en principio, es YouTube Kids. Google lanzó el servicio en forma de app (y como una avanzadilla de lo que podrían ser muchos más productos para niños). Los consumidores no necesitan loguearse para acceder a los contenidos (lo que hace que en teoría Google no tenga datos concretos de seguimiento de esos usuarios concretos), pero aun así los contenidos estarán ajustados al público que los está viendo. No habrá vídeos para mayores de edad y no habrá mensajes que los niños no debería ver. La plataforma es un entorno censurado y controlado de acceso a los contenidos, como podría ser la televisión en lo que se conoce como horario protegido.

Sin embargo, las cosas no son tan fáciles o no han sido tan bien recibidas. Desde el propio lanzamiento de la plataforma, Google ya se ha tenido que enfrentar a críticas y más críticas. Porque aunque este YouTube para niños es una versión limitada del servicio, no es una en la que las empresas no estén presentes.

De hecho, esa es la principal crítica que le han hecho expertos, analistas y padres a YouTube Kids. La frontera entre lo que es publicidad y lo que no es el servicio es demasiado endeble. Las marcas pueden estar presentes con sus canales de vídeo y lanzar contenidos que en realidad no son más que marketing de contenidos y que los niños podrán ver sin ningún tipo de limitaciones.

Por otra parte, la cantidad y el tipo de anuncios se han convertido también en material para el debate. En su lanzamiento, los críticos ya señalaban que YouTube Kids tenía demasiados anuncios, lo que hacía que los niños estuviesen sometidos a demasiados mensajes publicitarios. El tipo de anuncios tampoco gustaba a los analistas, que recordaban que si a la app se le aplicasen las mismas normativas que a la televisión en horario infantil esta nunca conseguiría cumplir con las exigencias reclamadas.

Los problemas y las críticas no se acabaron tras su lanzamiento. Dos grupos de consumidores acaban de presentar dos quejas ante la Federal Trade Commission (el Competencia estadounidense) por el hecho de que la plataforma no pare de emitir anuncios de comida basura. Según sus análisis, los anuncios aparecen en cualquier momento (y de forma masiva) y en lugar de contenidos (lo que hace que los niños no sean capaces de saber que están viendo publicidad).

Según sus datos, y tal y como recoge The New York Times, firmas como Burger King, Coca-Cola, ConAgra Foods o American Licorice están posicionando de forma recurrente anuncios en la app de productos de comida basura, como pueden ser chocolatinas o patatas fritas. La legislación estadounidense es bastante dura en esta materia y limita este tipo de contenidos publicitarios cuando los receptores son niños. Poco importa, además, apuntan, que YouTube decidiese prohibir anuncios de comida en el servicio: las marcas cuentan con sus propios canales que les sirven para exactamente lo mismo. Igualmente, una de las dos organizaciones que han presentado quejas ha detectado que aunque esos anuncios no aparecen ligados a los vídeos de forma generalizada sí se pueden encontrar cuando se realizan búsquedas en la app.

YouTube le gana a la tele

La situación es bastante importante y bastante más decisiva de lo que puede parecer a simple vista porque YouTube es cada vez más influyente en ese colectivo y es cada vez más usado por los niños. De hecho, no se trata solo de que las audiencias de los vídeos infantiles sean increíblemente elevadas en algunos casos (ahí están los vídeos de Pocoyó o Peppa Pig con millones de reproducciones) sino también que en general los niños han abandonado la tele (con todas sus normas y regulaciones) para entregarse a YouTube, que es ya su principal fuente de entretenimiento. Una estadística reciente señalaba que el 93% de los niños veía vídeos en YouTube.

Y YouTube es un terreno que ha abierto un filón de oportunidades para las marcas, al tiempo que nuevas preocupaciones para los padres. Ya no se trata solo de que los niños puedan tropezar en la red de vídeos con contenidos que no se ajustan a sus edades, es que además se pueden encontrar con muchos y muy variados mensajes de las marcas que llegan como un contenido más a sus reproductores de vídeo. Unpackings, marketing de contenidos? las marcas pueden jugar con todas las armas y con prácticamente solo su ética como barrera de lo que pueden o no pueden hacer.

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