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Los cambios generacionales han ido impactando en los hábitos de consumo, en las decisiones que tienen que tomar las compañías o hasta en el tipo de producto que tienen que lanzar al mercado. Los consumidores del presente no quieren los mismos productos que interesaban o importaban a los consumidores del pasado y, al mismo tiempo, no se pueden usar los mismos reclamos que se usaban para vender a los padres para vender los mismos productos a sus hijos. Las cosas tienen que cambiar, que ajustarse a los nuevos tiempos y que tener en cuenta lo que importa - y lo que no - a los nuevos tipos de consumidores.

Pero lo cierto es que no solo tiene que cambiar el cómo se hacen las cosas y el modo en el que se posicionan sino que además también hay que comprender cómo están cambiando las vías que conectan a los consumidores y cómo están llegando a las audiencias de un modo diferente.

Posiblemente, uno de los ejemplos más claros para comprender cómo sucede esto está en ver lo que ha ocurrido con la televisión en los últimos años. La tele pasó de ser el medio de comunicación por excelencia y el de moda, el que había que tener en cuenta para conectar con las audiencias y para llegar a los potenciales consumidores, a convertirse en un medio en crisis por culpa del empuje de la red. Los consumidores ya no estaban echando mano de la tele para ver contenidos como hacían en el pasado, ya que los contenidos bajo demanda habían empezado a comerles terreno. Lo mismo que ocurre con la tele sucede con muchos otros elementos.

Así, las marcas y las empresas no solo tienen que tener en cuenta cómo cambian los consumidores en los tiempos modernos sino también cómo esos cambios afectan a la atención al cliente que deben ofrecer y a la experiencia de consumo. Las compañías tienen que adaptarse a los nuevos tiempos y tienen que tener en cuenta lo que esto supone. Y esos nuevos tiempos implican, muchas veces, que lo que antes parecía más cómodo o más recomendable haya dejado de serlo.

El teléfono, estrella en decadencia

El teléfono, la forma favorita de conectar con las marcas y las empresas y de recibir una buena atención al cliente, ha dejado de ser el modo preferido por los consumidores. Como apuntan en las conclusiones de un estudio de The Northridge Group, basado en una muestra estadounidense, el teléfono sigue siendo el servicio de atención al consumidor más empleado - en números generales - pero ha empezado también a ser el que presenta un mayor declive en la comparativa interanual. Más interesante todavía, el teléfono es la vía que los consumidores más jóvenes favorecen menos a la hora de conectar con las compañías.

Los números dejan ver claramente este cambio. En 2015, el 49% de los encuestados apuntaba que el teléfono era su canal favorito para conectar con atención al cliente. En 2018, el último año del que se tienen datos, el porcentaje era ya solo del 43%. Al mismo tiempo también caen los beneficios que se atribuyen al teléfono. Un 54% de los encuestados asegura que es el canal más rápido y un 48% el más fácil de usar. En 2015 eran el 65 y el 56% respectivamente.

Si se analizan los datos desde un punto de vista generacional se ve mucho más clara la fractura. Para los millennials, el canal preferido de atención al cliente es el digital, con un 44%, adelantando al teléfono (34%) y al email (20%). Frente a ellos, los miembros de la generación X se quedan con el teléfono (41%) por encima de lo digital (35%) como también hacen los baby boomers (55% teléfono y 22% digital, ellos prefieren a este último canal incluso el email, con un 23%).

Atención al cliente adaptada a los nuevos tiempos

Por ello, a las empresas no les queda más remedio que comprender con quién trabajan y a quién quieren llegar. Para que la atención al cliente funcione y para que los consumidores se sientan cómodos con ella, tienen que pensar en cómo han cambiado sus consumidores y lo que estos esperan de los nuevos tiempos. Tienen que buscar con qué canales se siente más cómodos y ofrecérselos.