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Shock advertising ¿Hasta que punto es efectiva y vende la publicidad con polémica?

Cada cierto tiempo, una empresa lanza algún anuncio que está llamado a la polémica. Las televisiones lo emiten o las revistas lo imprimen. Alguien lo sube a YouTube, los consumidores se lanzan a comentarlo y a atacarlo en redes sociales, se levanta un acalorado debate sobre lo que han lanzado y lo que la marca quiere decir (y el por qué lo ha dicho así) y, parafraseando al titular que seguramente aparecerá al hilo de la polémica en todas partes, Twitter desatará la tormenta sobre ese contenido y sus características.

Las entidades reguladoras de los contenidos publicitarios entrarán en el debate y darán sus recomendaciones (muchas veces son solo recomendaciones aunque, en otras, pueden llegar a directamente prohibir el anuncio, como ha ocurrido recientemente en Reino Unido con el anuncio de Kazam), aunque por mucho que hagan y por mucho que digan sus recomendaciones no harán que estos anuncios desaparezcan para siempre. La polémica y la tormenta en Twitter se irán apagando cuando ese anuncio acabe siendo olvidado? hasta que otra marca decida hacer algo similar o algo igualmente polémico y desate nuevamente la tormenta.

Todas estas campañas han cosechado críticas aunque, como recuerdan en The Drum, no tantas realmente remitidas a los reguladores como se podría esperar entre los consumidores y no siempre asociadas a los anuncios que se podría esperar. Y, si al final este tipo de anuncios acaban casi garantizando la aparición en las listas de peores anuncios del año, ¿por qué las marcas los siguen usando? En The Drum han alcanzado una cierta conclusión: las marcas que juegan con estos límites no se ven al final realmente afectadas en cuestiones de imagen por estas polémicas campañas. O al menos no sucede de forma directa en el momento exacto en el que sale la campaña. La publicidad polémica despierta una polvareda, pero no es un tiro en el pie en la imagen corporativa.

Solo hay unos cuantos terrenos en los que los consumidores han puesto la línea: las campañas que sexualizan a niños y mujeres y las que muestran violencia hacia la mujer son los límites en los que los consumidores no están dispuestos a permitir que ninguna marca atraviese a cruzar.