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Cada vez, la inteligencia artificial se está quedando con más elementos de la vida cotidiana de los seres humanos y está liberando ciertos trabajos que hasta ahora estaban en manos de los individuos. Esto ha sucedido claramente con todos esos trabajos totalmente mecánicos, que ahora son el pan nuestro de cada día de los robots. ¿Quién quiere controlar inmensas cantidades de sumas y otras operaciones matemáticas (mucho más complejas) cuando puede hacerlo un superordenador? Y, sobre todo, ¿quién podría hacerlo con menos capacidad de fallo que un ordenador? Pocos son los que pueden igualar o superar a una de estas máquinas a la hora de controlar esas operaciones.

Pero las máquinas, los robots, se están apoderando también de trabajos que hasta ahora parecía prácticamente imposible que pudiesen quedar en manos de la inteligencia artificial. ¿Cómo iba un robot a encargarse de hacer cosas para las que el toque humano es prácticamente obligatorio, como pueden ser, por ejemplo, la atención al cliente? Parece prácticamente imposible. Un robot no puede entender las sutilezas del lenguaje humano, no puede leer lo que las personas quieren decir y no pueden interpretar los cambios de humor. ¿De verdad? Lo cierto es que en los últimos tiempos los robots han ido apropiándose poco a poco también de estos trabajos (o al menos están sentando las bases para hacerlo) ya que la inteligencia artificial es cada vez más inteligentes y sus avances son capaces de hacer a estas máquinas más sutiles.

De hecho, en Japón son cada vez más los puntos de atención al cliente que están en manos de un robot y cada vez son más complejos y más eficientes en su trato con los ciudadanos.

Pero no solo estos trabajos de asistencia están siendo captados por los robots, también otros puestos de trabajo mucho más complejos y que dábamos más por sentado que solo podía hacer la mente humana están siendo captados por la inteligencia artificial. Es lo que sucede con los trabajos creativos. Los robots también están demostrando que pueden hacerse con ellos.

Watson, el popular superordenador de IBM, ha escrito ya un libro de cocina. Y la inteligencia artificial ha demostrado que es capaz desde componer música al estilo de Bach hasta a escribir noticias (AP emplea robots para escribir los teletipos que necesitan menos trabajo). Y, por supuesto, la inteligencia artificial va a llegar a la publicidad.

Y es que el papel que la inteligencia artificial tiene en el mundo de la publicidad va en aumento e irá aún más. Al fin y al cabo, quienes compran los anuncios en internet ya no son en realidad comerciales y agentes que compran y venden (sigue existiendo, cierto, pero no son el total del mercado) sino algoritmos que casan inversiones publicitarias con los soportes que pueden darle lo que están exactamente buscando.

Lo artificial también podría llegar al contenido. O está ya llegando al contenido. En una columna en The Guardian, un directivo recomienda invertir en este terreno o al menos estar posicionándose en el mismo durante los próximos cinco años.

¿Qué es lo que los robots pueden hacer por los anuncios y cómo este terreno que está tan unido a la mente creativa puede acabar en manos de la inteligencia artificial?

La inteligencia artificial permitirá jugar, apunta, con un grado de personalización que ningún diseño 'humano' podría hacer. Se pueden crear cientos de variantes de un banner y hacer que este llegue a cada consumidor con la variedad más ajustada e ellos. Y se le puede dar al sistema además la capacidad de hablar, de tener su propio lenguaje, y por tanto de ser más eficiente cuando llega al consumidor. El robot puede crear el anuncio que cree que el consumidor espera recibir.

Suena a ciencia ficción, pero no lo es. Algunas compañías, como Groupon, ya emplean la inteligencia artificial para hacer sin descanso test de múltiples variantes y saber siempre qué es lo más adecuado que deben hacer o decir.

Y también es lo que está haciendo Persado, una startup que ha convertido a la inteligencia artificial en un copy perfectamente preparado para escribir y crear los anuncios que la marca necesita. Ellos hicieron antes una amplia base de datos (ocho años de trabajo) que ha creado no solo una lista de frases empleadas habitualmente en publicidad sino también una de las emociones que se emplean.

La 'máquina' sabe así no solo lo que debe decir sino también las emociones que mueven ese mensaje, lo que le permite ajustarse directamente al contexto que el consumidor le impone. Y el robot y su trabajo consigue así, afirmaban hace unos meses desde la startup, un 95% de posibilidades de conseguir unos resultados mejores que el trabajo de cualquier humano.