Por Redacción - 2 Febrero 2026

El avance imparable de la inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en el motor central de las estrategias publicitarias contemporáneas. Sin embargo, el enfoque ha virado significativamente. Ya no basta con tener sistemas capaces de procesar volúmenes masivos de información en milisegundos; los profesionales del sector ahora exigen algo mucho más humano: claridad. Según datos recientes de EMARKETER y Rakuten, una abrumadora mayoría de los especialistas en marketing en Estados Unidos, concretamente un sesenta por ciento, señala que la prioridad absoluta es que la tecnología sea capaz de generar resúmenes de hallazgos que expliquen el porqué de los resultados, superando con creces el interés por funciones de aprendizaje dinámico o ajustes automáticos.

Esta tendencia responde a una necesidad de transparencia en un ámbito donde los modelos de atribución y medición se han vuelto cada vez más opacos. El modelado de mix de marketing, conocido como MMM, ha ganado terreno como la herramienta de medición más confiable para casi un tercio de los líderes de la industria, situándose por encima de la atribución multitáctil. A pesar de su robustez, el MMM suele ser complejo de interpretar para quienes deben tomar decisiones rápidas sobre presupuestos y creatividad. La implementación de capas de inteligencia artificial generativa que actúen como narradores de estos datos permite que los equipos comprendan las fluctuaciones del rendimiento sin necesidad de ser científicos de datos, democratizando el acceso a la información estratégica dentro de las organizaciones.

La inversión en estas tecnologías no es casual. Casi la mitad de los responsables de marketing planean destinar recursos al fortalecimiento de sus modelos de medición en el transcurso de este año 2026. Lo que buscan no es solo un motor que "triture" números, sino una herramienta que ofrezca una narrativa coherente sobre el impacto de cada canal, promoción o contexto macroeconómico. La confianza en la inteligencia artificial depende hoy de su capacidad para eliminar el concepto de caja negra, proporcionando argumentos sólidos que puedan presentarse ante juntas directivas y comités ejecutivos. Cuando la tecnología explica de forma natural qué movió la aguja de las ventas, el margen de error se reduce y la agilidad operativa se dispara.

El gran desafío que enfrenta el sector es la estandarización de estos procesos. Para que las explicaciones generadas por máquinas sean precisas y defendibles, es fundamental que las empresas trabajen en la limpieza de sus taxonomías y en la coherencia de sus metadatos. Sin una base de datos bien organizada, los resúmenes narrativos corren el riesgo de ser superficiales o erróneos. Por ello, las marcas líderes están priorizando la creación de plantillas de análisis que descompongan el impacto por variables específicas, asegurando que cada informe semanal o mensual sea una hoja de ruta clara para la acción inmediata.

La conversación ha dejado de centrarse en la velocidad de procesamiento para enfocarse en la calidad de la interpretación. Los profesionales ya no quieren ser meros observadores de gráficos complejos; aspiran a ser directores de estrategia apoyados por una tecnología que no solo calcula, sino que conversa y razona. Este cambio de paradigma hacia una inteligencia artificial explicativa marca el inicio de una era donde el valor real reside en la capacidad de transformar el ruido de los datos en historias accionables que impulsen el crecimiento sostenible de las marcas.

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