Por Roberto Gorraiz
La inteligencia artificial pone nuevas capacidades técnicas al alcance de muchas empresas y profesionales. Convertirlas en resultados de negocio exige talento para elegir prioridades y conectar decisiones. También implica no conformarnos con que lo que hacemos sea suficiente.
En nuestro sector vivimos la locura de la incertidumbre y los cambios. Más loco aún que en cualquier otro sector. Cada semana aparece una herramienta nueva que promete evolucionar en nuestra forma de trabajar y lo curioso es que muchas cumplen con esa promesa. Las empresas dedicamos tiempo a decidir si incorporarlas, esperar o seguir con lo que ya funciona.
Todo parece urgente. Desarrollas algo que a las horas ya pierde valor. A veces es hasta frustrante, ¿verdad?
Está claro que la IA permite explorar ideas, analizar información y resolver tareas con una rapidez que deja espacio para momentos más estratégicos. Bendita IA. Pero esa capacidad también nos obliga a revisar qué estamos decidiendo acelerar y qué nivel de calidad estamos dispuestos a aceptar.
Porque si hay algo que me preocupa es que esa facilidad nos lleve a restar valor al talento, al conocimiento y a la creatividad. ¿No has visto presentaciones con el mismo formato y saturadas de información? ¿O carteles casi iguales para una cafetería, un club de pádel o un centro estético? Cambia el negocio, pero la solución se parece demasiado.
Todo vale o, mejor dicho: es suficiente. Y qué peligroso es que nos resulte suficiente, sobre todo si somos profesionales y apasionados de nuestro trabajo. El tiempo que ganamos con la IA también debería servir para pensar mejor y exigir más al resultado.
Un buen amigo me puso un ejemplo muy gráfico: la IA es un puente para llegar de un punto a otro. Pero, claro, necesita cimientos sólidos y estos serían los datos fiables, procesos claros, conocimiento experto y revisión continua. De poco sirve cruzar más rápido si el puente no aguanta el peso del negocio.
Los datos. En marketing tenemos obsesión por medirlo todo: leads, visitas, posiciones, contactos, aperturas. Son útiles si los relacionamos con lo que necesita el cliente. Un aumento de contactos puede parecer un éxito hasta que descubrimos que pocos encajan con el público al que queremos llegar o que atenderlos consume demasiados recursos.
Aquí entra el criterio acompañado de la experiencia. Hacer preguntas relevantes y escuchar las respuestas. ¿Cómo gana dinero ese cliente? ¿Qué le impide crecer? ¿Qué productos dejan margen? ¿Qué puede asumir el equipo y con qué presupuesto? Entenderlo nos ayuda a decidir qué merece atención ahora y qué puede esperar.
Pensemos en un negocio que recibe visitas, pero apenas consigue ventas. Invertir en más tráfico puede aumentar el gasto si el proceso de compra genera dudas. Revisar esa experiencia quizá tenga más sentido que abrir otro canal. Para decidirlo, necesitamos conectar la información de marketing, ventas y operaciones.
Ese trabajo exige talento. Personas capaces de interpretar datos, conocer los límites de una herramienta y cuestionar una recomendación. La experiencia aporta preguntas; la tecnología ayuda a explorar respuestas. Los especialistas necesitan compartir información, objetivos y dirección.
Y cómo no, se requiere un método para aprender. Definir qué esperamos mejorar, probar con un alcance razonable y revisar el resultado antes de ampliar la inversión. Innovar implica aceptar que algunas hipótesis fallarán y corregirlas a tiempo.
Y ahora empiezo a «vender mi libro», como declaración de intenciones. Esa necesidad de conectar decisiones ha guiado nuestra evolución hacia BEOS como agencia estratégica digital. Tras una década trabajando con empresas como CEAC, Choví, La Liga, Norauto, Vericat Implantología, Fermax, MaxColchon, Fotocasa, Porcelanosa o Leonisa, hemos aprendido que cada negocio exige prioridades distintas. La experiencia tiene valor cuando sabemos adaptarla a cada contexto.
Antes de incorporar una nueva tecnología, debemos evaluar qué problema ayuda a resolver, qué cambia en el trabajo del equipo y cómo mediremos su contribución. Las respuestas pueden llevarnos a adaptar lo que ya funciona, probar una nueva solución o dedicar los recursos a otra prioridad.
La IA seguirá ampliando lo que podemos hacer y la velocidad a la que lo hacemos. El criterio y la experiencia nos ayudarán a decidir qué merece la pena hacer y a convertir esa elección en resultados de negocio. Ahí es donde podemos elevarnos.
Sobre el autor: Roberto Gorraiz es CEO y fundador de BEOS, agenciaSEO.eu y agenciaSEM.eu. Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad CEU Cardenal Herrera y Máster en Marketing y Comunicación en la Cámara de Comercio, ha hecho del marketing digital su oficio y su pasión. Su trayectoria se desarrolla entre la empresa y el aula: lleva más de una década en el sector y comparte su experiencia como docente en varias Escuelas de Negocio.
En ese recorrido ha vivido de cerca la transformación del marketing y de las necesidades de las empresas. Esa experiencia toma forma hoy en BEOS, donde impulsa una manera de entender el crecimiento que conecta el conocimiento de los especialistas con la tecnología y el criterio para tomar decisiones de negocio.
















