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Snapchat ha faltado a su palabra, y le va a costar un disgusto. Los usuarios confiaban en su principal ventaja competitiva respecto al resto de servicios de mensajería: su fiel compromiso con la privacidad de los usuarios, reflejado en la eliminación de los mensajes enviados.

Sin embargo, esto no parece ser del todo cierto. Ya a finales del año pasado saltó el escándalo sobre su vulnerabilidad frente a los ataques de los hackers, que se saldó con el robo de 4,6 millones de números de teléfono y nombres de usuarios. Posteriormente, la empresa tuvo que reafirmar ante la Federal Trade Comission su política de protección de datos, verificando el modo en el que ocultaba sus mensajes al resto de usuarios.

La gota que ha colmado el vaso ha sido la última noticia sobre sus problemas de seguridad. Un nuevo ataque ha permitido la exposición pública de las fotos de nada menos que 200.000 adolescentes. Un suceso del todo inadmisible, máxime cuando estos usuarios depositaron toda su confianza en Snapchat, antes de utilizar su servicio para compartir dichas imágenes. Recordemos su promesa de que éstas serían eliminadas segundos después de enviarse.

Un error que no tiene perdón. Ante el cual, Snapchat, en lugar de asumir su responsabilidad, se escuda en que sus usuarios han sufrido dicha vulneración debido a que utilizaban su servicio con aplicaciones de terceros. Puede que la empresa tenga razón, pero, a todas luces, es la principal damnificada por la situación, y desentenderse no es la mejor manera de ganarse la confianza de sus usuarios. Especialmente si tiene la intención de posicionarse como una alternativa segura a Facebook, desde el punto de vista de la privacidad.

¿Cómo afecta en términos económicos a Snapchat este revés en su reputación?

En principio, aparecer en primera línea de fuego por un problema de seguridad, en el cual se han visto directamente implicados los usuarios más jóvenes y activos de las redes sociales, no augura nada bueno. Esta noticia además aparece pocos días después de que Snapchat hiciera pública su decisión de incluir publicidad en su servicio.

No sabemos hasta qué punto este servicio de mensajería ha tenido en cuenta que uno de los principales motivos principales por los que los adolescentes han ido abandonando Facebook paulatinamente ha sido el intrusismo publicitario. Si a esto unimos que la ventaja principal que les mantenía en Snapchat es la privacidad, a día de hoy cuestionada, ¿qué nos queda?