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Los consumidores acaban buscando fotos hechas por otros compradores para ver cómo es el producto 'de verdad'

Los restaurantes son uno de los mejores ejemplos para ver la diferencia entre la realidad y lo que muestran muchas veces las imágenes. Aunque ahora mismo las cartas de los restaurantes con pretensiones de modernez y estilo solo muestran descripciones del plato - y a veces ni eso, solo el nombre - lo tradicional fue, durante no tanto tiempo, añadir una foto del plato en cuestión. Es casi lo que sigue ocurriendo en las cadenas de comida rápida, donde enormes carteles de hamburguesas seductoras y patatas fritas que no cuesta imaginar crujientes, siguen recibiendo a los visitantes. Es también lo que pasa en muchos 'bares de toda la vida', en los que una exposición de fotos de platos acompaña a los usuarios desde alguna de las paredes.

Las imágenes son embajadoras de los productos. En las cadenas de comida rápida, por ejemplo, son muchas veces lo que te lleva a decantarte por un plato frente a otro, porque la propuesta resulta seductora y atractiva, especialmente llamativa y deseable.

Por supuesto, esa foto de la hamburguesa del plato en cuestión, con sus hojas de lechuga salientes y sus rodajas de tomate, no es casual. Detrás habrá estado todo un equipo de especialistas en lograr que los resultados finales sean como se ven. La foto es un cuidado elemento de marketing en el que todo está pensando para el mejor efecto final: la bebida que acompaña en el fondo de la imagen transmite ser muy refrescante, las patatas se ven muy crujientes y la hamburguesa con productos frescos y de calidad.

Algo similar sucede en el comercio electrónico, donde las fotos que acompañan a los productos funcionan como elemento descriptivo y se han convertido así en piezas decisivas en las decisiones de compra. Cuidarlas y ofrecer los mejores resultados es fundamental para lograr los efectos más positivos.

Pero ¿se están equivocando todas estas compañías cuando mejoran las imágenes, cuando las cuidan para que sean una versión casi, se podría decir, idealizada del producto que están intentando vender? ¿Deberían ser las fotos lo más realistas posibles y lo más cercanas al producto que capturan?

Quizás sí, puesto que los consumidores reclaman, cada vez más, que les ofrezcan autenticidad. Lo auténtico se ha convertido en la última cuestión de moda, en la última obsesión de los consumidores. Buscan marcas auténticas, premian que se comporten de esa manera en los social media y, además, también quieren que las imágenes sean lo más próximas a la realidad posible.

Más joven, más determinante

Eso es lo que acaba de demostrar un estudio global de Bazaarvoice: los consumidores aseguran que lo que buscan de las marcas es autenticidad y que es uno de los elementos que les llevan a tomar ciertas decisiones de compra. Por ello, cuando compran, se fijan más en las fotos que hacen otros consumidores, por muy cutres y amateur que sean, que en las cuidadas imágenes que publican las propias marcas en sus propios canales. Unas parecen de verdad, las otras demasiado cuidadas.

En general, dos tercios de los consumidores asegura que quiere ver ese tipo de fotos que no son editorializadas. El porcentaje crece de forma notable cuando se pone el foco en los jóvenes adultos. Entre los 18 y los 34 años, la cifra sube hasta las tres cuartas partes. Estos consumidores son, así, el grupo generacional que más prefiere este tipo de contenidos y que más acaba buscando en los social media fotos creadas por otros usuarios.

Además, en algunas categorías, las fotos de los demás son más decisivas, sean los consumidores de la generación que sean. El estudio apunta que en productos con precios más altos, como electrónica y tecnología, es donde el impacto de las fotos generadas por otros usuarios son más importantes. Las fotografías se ven como una ventana a cómo es el producto en realidad.