Emprendedor creativo. Profesional dedicado al marketing, con pasión por los negocios en Internet.
PuroMarketing

Vivimos momentos difíciles y muchas naciones requieren de la urgente aplicación de soluciones alternativas para hacer frente a la complicada situación económica actual. Fomentar la iniciativa emprendedora, la creatividad y la innovación es una de las apuestas principales para impulsar la competitividad en un marco de crisis internacional.

En muchos países se está poniendo de moda el mundo del emprendimiento, poco a poco está penetrando entre la población. Y lo cierto es que suena muy bien: progreso, dinamismo económico, clase creativa, creación de valor, crecimiento del país, etc.

España necesita más que nunca de emprendedores que creen empresas para dinamizar esta economía estancada y, aunque con cierto retraso como en casi todo, es necesario el lanzamiento de las campañas de sensibilización y los planes de ayuda que se están llevando a cabo desde la Administración Pública para estimular un ambiente emprendedor y potenciar la generación de nuevas unidades económicas.

Sin embargo, emprender no es tarea fácil y menos hacerlo en la triste coyuntura actual. Y lo peor se da cuando muchas personas se lanzan a emprender sin una situación personal adecuada, sin unas competencias básicas, una formación mínima y una preparación previa en lo referente a la planificación y disposición de capital para realizar la inversión. Luego vienen las sorpresas.

Emprender es una decisión que no debería realizarse en torno de tristes motivos como el de no tener otra alternativa (situación de desempleo) o la brillante idea de negocio que a uno se le haya ocurrido.

Emprender implica invertir, y no sólo se trata de una inversión inicial: si eres autónomo te toca pagar 254€ cada mes, más todos los gastos necesarios para desarrollar tu actividad: alquiler del local, impuestos, préstamo concedido, gastos de administración, salarios, materias primas, suministros, etc.

Emprender implica introducirte de lleno en un mundo de  fastidiosa burocracia y largos trámites: licencias, registros, prevención de riesgos laborales, declaración del IVA e IRPF, nóminas y seguridad social, etc. Y más aún con los requerimientos en materia de documentos y papeleo cuando se trata de ciertos proyectos cofinanciados y soportados por el Estado.

Si una persona no tiene ni idea de hacer todo esto deberá contratar a un administrador o ponerlo en manos de una empresa externa (gestoría), lo que implica un coste más a cubrir. Además, tenemos que destinar parte del capital disponible o reinvertir beneficios en otras áreas imprescindibles, como la del marketing o en la formación del personal.

La sorpresa llega cuando en la planificación previa uno se da cuenta de que el punto muerto indica que para cubrir los costes se debe generar una cantidad de ingresos (ventas) en las que no se había contado.

¿Ayuda la Administración en este sentido?

Acerca de las ideas de negocio: ¿cuántos emprendedores o formadores hablan de ideas? Ideas brillantes y hermosas que luego deben ejecutarse. Y es ahí donde el emprendedor debe preocuparse y esforzarse más. Yo puedo tener la misma idea que tu, pero puede que tú la sepas explotar mejor: ejecutes el proyecto a través de un modelo de negocio diferente, con distinta forma de gestionar la empresa, más rentable. Es más, puede que seas un fenómeno gestionando cuentas y reduciendo costes, pero si no tienes ni idea de marketing o liderazgo vamos mal. Recuerda que los ingresos cuentan, amigo.

Sí, es cierto que en ocasiones nacen negocios de la mano de personas que se han lanzado a emprender sin tanta preparación y les ha salido bien, como muchos otros que fracasan, y sin contar con todos los que ni llegan a emprender desmotivados por la montaña que deben escalar para iniciarse como simples autónomos.

¿Te imaginas a un padre de familia con dos hijos, una hipoteca de 30 años por delante, en situación de desempleo y sin ahorros que decida iniciar un negocio? Llega a casa y le dice a su mujer: ‘’Cariño, como no tengo empleo he decidido abrir un negocio: el alquiler del local sólo cuesta 800 € al mes’’.

Emprender lo puede hacer cualquiera, pero no todo el mundo está preparado para ello. Es como el que decide escalar una montaña: puede tener algo muy importante que es la motivación y la capacidad de superación, pero no siempre basta con disponer de un buen equipo de escalada y toda la ilusión del mundo. Muchos caen porque no tienen experiencia, ni conocimientos de alta montaña, ni un guía, ni se han preparado para soportar las condiciones climáticas y los riesgos ocultos.

Querer es poder y se aprende de errores, pero mucho cuidado con apresurarse sin tener en cuenta los factores de fracaso y los riesgos de esta actividad.

Sucede algo parecido con los profesionales que fomentan la actividad de iniciar un negocio digital en La Red. ¿Cuántos creyeron que se harían ricos creando un blog con publicidad de Google Adsense? Luego se dan cuenta que para conseguir unos resultados importantes se debe trabajar duro, desde el posicionamiento como marca personal o corporativa hasta la aplicación lógica de la tecnología para ofrecer algo de valor a un público objetivo, a través del marketing electrónico y la oferta de productos o servicios a un mercado que los necesite.

Crear un negocio electrónico implica disponer de ciertos conocimientos y habilidades que si no se tienen se pueden adquirir, pero sólo si uno se esfuerza e invierte tiempo.

La Administración Pública debería fomentar el emprendimiento tratando de contener los elementos de control que perjudican claramente al emprendedor, reduciendo los requerimientos burocráticos, manteniendo una fluida comunicación bidireccional con el mundo empresarial, digitalizando al máximo los trámites a realizar, facilitando herramientas y concienciando de los riesgos que conlleva esta actividad, así como de las responsabilidades y obligaciones que uno adquiere cuando desea abrir un negocio.

No se trata de hacerlo sólo porque queda bien y de paso vender su programa de ayuda social, sino para concienciar a la población que la actividad de emprender no es, en principio, tan atractiva como algunos la pintan; que requiere de unos sacrificios, de unas competencias, de ciertos recursos estratégicos y de una situación personal adecuada.

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