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Uno de los temas que suele protagonizar productos y lanzamientos en las ferias de tecnología es el internet de las cosas (IoT en sus siglas en inglés). Los dispositivos siempre conectados se han convertido en uno de los puntos fuertes de las novedades de ese mercado, porque en realidad parece ya casi imposible saltarse la idea de conectar lo que sea a internet y dotarlo de cierta inteligencia. La avalancha de productos conectados ha llegado a tal extremo que hasta los juguetes se han vuelto smart y se han enganchado a la red vía WiFi.

Los beneficios que se señalan a los consumidores con estos terminales son muy elevados. El principal es que todos esos productos estarán dotados de cierta inteligencia y, por tanto, serán capaces de responder a las demandas que esos consumidores puedan tener de ellos. La vida se hace más fácil, con casas que se ajustan a las temperaturas que son más cómodas para sus habitantes gracias a termostatos inteligentes o con neveras que se encargan ellas solas de hacer la lista de la compra. La vida es más sencilla y los electrodomésticos se encargan - aún más - de hacer que los esfuerzos que los ciudadanos tienen que hacer en su vida cotidiana sean menores.

Pero el internet de las cosas no solo tiene un impacto en la existencia de las personas, sino que también lo tiene en la de las marcas. El internet de las cosas puede cambiar los servicios y los productos que los consumidores adquieren y puede ayudar a las marcas y empresas a ser más eficaces a la hora de relacionarse con los consumidores.

A grandes rasgos, el internet de las cosas tiene dos grandes ventajas para las empresas, como explica a Mashable David Berkowitz, CMO en la agencia MRY. En primer lugar, el internet de las cosas se ha convertido en una fuente nueva y muy potente de datos (que, como bien se sabe en el mundo empresarial actual, son una de las principales fuentes de información para establecer una buena estrategia de mercado gracias al big data). Todos los productos conectados se han convertido en una fuente de información y todos se han convertido en emisores de datos, lo que hace que las marcas puedan acceder a un nuevo contexto en el que los saben todo de los consumidores.

En segundo lugar, el internet de las cosas abre "nuevas oportunidades de mercado", ya que no solo ha creado el marco para nuevas ideas y productos sino que también permite crear nuevas alianzas entre marcas y nuevas relaciones entre productos y servicios que hasta ahora no eran posibles o no se había ni imaginado. El ejemplo que Berkowitz pone para visualizar estos posibles cambios es bastante sencillo pero muy gráfico. Ahora, por ejemplo, una casa puede cambiar la temperatura de su interior cuando sabe que sus habitantes están a 10 minutos de distancia en coche de la misma. La casa y el coche hablan entre ellos, siendo como son los dos smart, y esto permite crear una nueva experiencia.

Aunque en general, y más allá de las dos grandes ventajas que implica el internet de las cosas, Berkowitz tiene razón al destacar un punto: lo que los productos conectados consiguen es crear un valor añadido que hasta ese momento no se podía tener y hace que los consumidores sientan la necesidad de tener esos productos concretos.

Cambiará la experiencia en las tiendas

Pero el internet de las cosas no solo cambiará la relación directa y a domicilio de marcas y consumidores, también tendrá un efecto mucho más amplio sobre cómo compramos y sobre cómo las marcas nos van a empujar a ello.

Productos como Amazon Echo se han convertido en un elemento disruptor en los hábitos de compra. Amazon Echo es un asistente de voz a la manera de un altavoz: como un Siri para el hogar que se puede poner donde se quiera. Solo hay que darle unas cuantas órdenes de voz y el asistente hará lo que le digamos, contarnos el tiempo que hará mañana, ponernos nuestra canción favorita o comprar. Con el asistente se puede comprar música con una sola orden de voz o crear listas de la compra para facilitar el proceso de compra. En el futuro, los analistas esperan que la integración entre el dispositivo y sus funcionalidades de ecommerce sea muchísimo mayor lo que permitirá comprar con solo decirlo.

No solo las grandes del ecommerce pueden aprovecharse del potencial del internet de las cosas: los productos conectados podrían tener un alcance que iría mucho más allá de ellos. Podrían servir, como proponen algunas compañías, para llegar hasta a las tiendas físicas y modificar las ofertas y las relaciones cliente-vendedor en el retail. Así, los vendedores de ropa pueden contar con información mucho más exacta sobre los gustos, los hábitos y las tallas de los consumidores gracias a todas las cosas smart que los rodea y ofrecer una experiencia de compra mucho más personalizada y unos productos que se ajustan muchos más a lo que necesitan, quieren o les resultan confortables.

Todos los puntos que tocará el IoT

La industria cambiará, por tanto, brutalmente cuando se trata de dirigirse a los consumidores gracias al impacto del internet de las cosas y a toda la información que permitirá tener sobre como son en realidad y lo que quieren los consumidores. Según estimaciones de BusinessInsider, el IoT tocará terrenos tan separados como el branding o el precio y la distribución. En el caso del branding, el internet de las cosas permitirá acceder a muchos más datos contextuales que nunca, lo que posibilitará tener mucha más información sobre cómo reaccionan los consumidores a los diferentes estímulos y crear por tanto imágenes de marca que sean mucho más adecuadas a las cosas que realmente llegan a su corazón de consumidor.

No es el único punto que modificará. En el caso del precio, el internet de las cosas permitirá crear precios dinámicos que se ajustarán no ya a la realidad del mercado sino a la realidad del consumidor y que serán modificados partiendo del propio historial de compras del consumidor. La distribución será también más eficiente, ya que partirá de las necesidades reales del comprador y posibilitará que los vendedores detecten a sus consumidores en las inmediaciones antes de que estos necesiten realmente comprar algo (y les manden alertas, por ejemplo, recordando cierta compra). Y en promoción no solo cambiarán los soportes de los anuncios, que ahora entrarán dentro de casa en muchas más pantallas, sino también cómo se emiten y los mensajes que lanzan.

El internet de las cosas también cambiará el producto, que ahora se ajustará mucho más a lo que los consumidores realmente quieren o necesitan. Gracias a que los propios productos estarán conectados, las marcas serán realmente conscientes de lo que los consumidores sienten y hacen con respecto a ellos y podrán por tanto ser mucho más eficientes en su diseño.

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