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El boom del big data ha creado un entorno en el que la información se ha convertido en un bien tan preciado como podrían serlo algunas de las materias primas de más calidad o de mayor necesidad. La información se ha convertido en el fuel que las empresas necesitan para seguir innovando, para llegar a los consumidores y para tomar decisiones de futuro, ya que se ha erigido como guía sobre lo que se puede hacer y sobre lo que tiene un éxito prácticamente asegurado.

Y, a medida que la información ha ido cogiendo cada vez más peso en el mundo de los negocios, el valor del dato ha ido aumentando. ¿Cuánto cuesta - o cuánto debería costar - saber el domicilio de los consumidores, su marca de magdalenas favorita o si desayunan en casa o fuera? Por el momento, esos datos no se consiguen bajo pago sino más bien usando diferentes estrategias de colecta. Pero, sin embargo, esos detalles pueden ser traducidos en términos financieros. ¿Qué precio tienen los hábitos de los compradores?

Los consumidores ponen precios diversos al valor de sus datos personales si para poner tarifas se les pregunta a ellos directamente. Según un estudio de Mediabrands Marketing Sciences, basado en una muestra británica, los consumidores están dispuestos a vender su información personal por unas 500 libras esterlinas al año, lo que al cambio vendría a ser unos 694 euros. Este es el valor que los consumidores dan a su información personal.

Lo cierto es que los resultados del estudio pintan un panorama bastante curioso en lo que a datos, consumidores y empresas se refiere. Solo un 1% de todos los encuestados considera que las empresas tienen capacidad para cuidar sus datos. La mayoría no son tan optimistas y ven la relación de las empresas y su información personal como algo más peliagudo. 6 de cada 10, de hecho, teme que los datos personales que pueden tener las empresas acaben en manos inadecuadas.

Pero no solo les preocupa qué ocurrirá con su información, también el propio hecho de que las marcas la estén recolectando. El 60% asegura que se sienten "extraños" ante la idea que las marcas los estén persiguiendo por la red para quedarse con su información y sus pautas de comportamiento. Y, puestos a ser seguidos, mejor vender los datos: 3 de cada 10 estaría más que dispuesto a hacerlo.

Y aunque no se trate de venderlos, los consumidores parecen más dispuestos a compartir información personal si hay algún tipo de beneficio asociado, como pueden ser incentivos (como por ejemplo un café gratis) o publicidad personalizada.

El estudio británico no es el primero que ha intentado traducir en un valor económico la información personal sobre cada consumidor. Los efectos que estos datos tienen en las cuentas de las empresas son muy elevados y su potencial económico es muy importante. Los datos ayudan a conocer a los consumidores y a crear productos mucho más eficaces a la hora de llegar a estos potenciales compradores, lo que se traduce en una mayor reconversión y en una mayor eficiencia.

El potencial del dato

El estudio The value of our digital identity, elaborado por The Boston Consulting Group, señalaba de hecho recientemente que los datos personales de los consumidores tendrían un efecto muy importante en la economía europea: el uso de esta información reportaría un beneficio, según las estimaciones, de 1 billón (español, trillón empleando la nomenclatura anglosajona) de euros en 2020 a la economía de la Europa de los 27. O, lo que es lo mismo, generaría una riqueza equivalente al 8% del PIB de la zona.

Pero el big data no solo tiene un efecto sobre la economía de forma generalizada. Según otro estudio de la misma consultora, este sobre una muestra de hogares estadounidenses, cada hogar está recibiendo ya un beneficio anual de 970 dólares, algo más de 870 euros, gracias a los servicios digitales.

Cuánto quiero por mi información

Pero a pesar de este último punto, los consumidores siguen pensando que son las compañías las que se llevan la mejor tajada del boom del big data. Según los datos del estudio Future of Digital Trust, elaborado por Orange, el 60% de los consumidores europeos cree que las empresas son las que más se benefician del elevado caudal de datos existente en la actualidad y de lo que de ello se deriva. Además, son plenamente conscientes del potencial económico que tiene la información. Un 80% sabe que sus datos personales tienen un valor para las marcas y están dispuestos a compartirlos partiendo de ciertas ideas.

Primero, lo que están dispuestos a compartir con las empresas varía. Así, un 59% daría a las empresas 5 direcciones de mail de su agenda de contactos pero un 35% nunca compartiría su fecha de nacimiento o su nombre completo.

Segundo, el cómo valoramos lo que tendrían que indemnizarnos por acceder a la información varía según el tipo de empresa de la que se esté hablando. Si se traduce en moneda de pago, las empresas con las que los consumidores no están familiarizados tendrían que pagar más por la información que aquellas que sí son ya conocidas.

En España, los consumidores consideran que el nombre completo y la fecha de nacimiento tiene un valor de 14,25 euros (pero 17,82 si no se conoce a la empresa), el número de móvil de 16,65 euros (19,83 en el otro caso), la geolocalización de 15,87 euros (18,66), los ingresos anuales de 16,54 (18,92) y el estado civil de 12,72 euros (16,16), por poner algunos ejemplos. De media, los datos personales les saldrían a las empresas por 15,27 euros, que subirían hasta los 17,90 en el caso de aquellas compañías con las que los consumidores no están familiarizados.

Los datos españoles serían más caros que los franceses (que saldrían a 13,04 para las conocidas y a 15,25 para las desconocidas) pero más baratos que los británicos (18,20 euros y 22,54 respectivamente) y los polacos (18,31 y 22,11).

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