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La tecnología está por todas partes y se ha convertido no solo en el acompañante recurrente de los consumidores (que no se despegan de sus dispositivos móviles en ninguna ocasión) sino también en el gran elemento de valor del que echan mano las empresas. Las herramientas tecnológicas se han posicionado como el gran elemento de valor en la carrera por conectar con los consumidores y para llegar a ellos de la forma más eficiente.

De hecho, no hay más que ver cómo ha cambiado el departamento de marketing en la última década para comprenderlo. Una profesión en la que se valoraba sobre todo el trabajo creativo y en la que lo importante era contar con ese talento para las ideas ha visto cómo los profesionales con perfiles muy técnicos se iban volviendo cada vez más cruciales. De pronto, los fichajes estrella para el equipo de marketing eran analistas, estadísticos, matemáticos y profesionales vinculados al universo TI.

Pero ¿están fallando las empresas apostando todo a la tecnología? ¿Deberían empezar a tener en cuenta que eso no lo es todo? Los equipos de marketing también han estado fichando a perfiles de nuevas áreas y con nuevas responsabilidades, como ocurrió hace unos años cuando se empezaron a buscar expertos en storytelling. Y, no hay que olvidar, las empresas tecnológicas están fichando, por ejemplo, a expertos en humanidades para trabajar en el desarrollo de la inteligencia artificial.

Los profesionales del futuro no solo tendrán que llegar desde áreas que no son únicamente tecnológicas y tener capacidades en terrenos diferentes, sino que además tendrán que contar con capacidades que tocan otras áreas.

Al trabajador del futuro se le va a pedir que tenga inteligencia emocional, algo clave para conectar con los consumidores y para desarrollar, de forma específica, campañas y estrategias de marketing (especialmente ahora, que los consumidores buscan una mayor empatía con sus necesidades e intereses). Pero, aunque la inteligencia emocional está al alza, son pocas las empresas que están trabajando esta realidad con sus empleados.

El poder de la inteligencia emocional

Eso es, de hecho, lo que acaba de señalar un estudio de Capgemini: menos de una de cada cinco empresas está apostando por hacer training de inteligencia emocional para sus empleados en general (aquellos que no ocupan puestos de supervisión), a pesar de que la necesidad de esas capacidades en la plantilla irá en aumento de forma notable en los próximos años. Las estimaciones de Capgemini apuntan a que en los próximos 3 a 5 años se multiplicará por seis la demanda de capacidades de inteligencia emocional en la búsqueda de empleados.

Los empleados que tienen buenas capacidades en inteligencia emocional son muy buenos en autogestión y en autoconocimiento, pero también en conocimiento y destrezas sociales y en gestión de las relaciones. Esto hace que funcionen no solo mejor trabajando en equipo, sino que sean también mejores a la hora de conectar con los consumidores.

La IA hace lo no emocional

Son, en cierto modo, capacidades que siempre se tendrían que estar buscando en los empleados, pero que la inteligencia artificial ha, sorprendentemente, puesto en posiciones más relevantes que nunca. Como explican en el análisis, la IA y la automatización han acelerado su penetración en el trabajo cotidiano de las empresas, lo que de forma indirecta ha empujado a las compañías a necesitar a más trabajadores con buenas capacidades en inteligencia emocional.

Lo son porque, como explican sus jefes, tendrán que adaptarse a trabajar más de cara al cliente (es lo que creen el 76% de los directivos) o en aquellas tareas que no pueden ser automatizadas porque requieren emociones (otro 76%), como pueden ser la empatía o el trabajo en equipo.

Esto es, la automatización de procesos y la inteligencia artificial han ido asumiendo más y más funciones dentro de la empresa, aquellas que no requerían que los trabajadores aplicasen inteligencia emocional. Los trabajos que quedan por hacer son, por tanto, los que las máquinas no pueden cumplir porque carecen de esas características, como la empatía o la influencia sobre los consumidores.

El 61% de los directivos considera ya que la inteligencia emocional se convertirá en un "must have" entre el año próximo y los cinco años siguientes. Un 83% de las empresas considera que para triunfar en el futuro necesitarán una plantilla con muy buenas capacidades en inteligencia emocional. De hecho, las empresas que ya están bien posicionadas en ese terreno ya están logrando mejores datos en beneficios.

Pero aunque las empresas parecen muy conscientes de esta situación, muy pocas lo están haciendo. Solo el 42% está formando a sus ejecutivos en inteligencia emocional, solo el 32% a sus gestores de nivel medio y solo el 17% a los empleados que no tienen posiciones de supervisión.

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