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Por qué invertir en comentarios de pago de productos y servicios es una mala idea
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    Los comentarios se han convertido en una de las armas más importantes en internet para posicionar productos y para hacer que los consumidores confíen en ellos. Los comentarios son muy valorados por los potenciales compradores porque suponen una ventana a lo que otros consumidores han vivido en relación a ese producto: son relatos de experiencias que ayudan a decidirse a la hora de hacer la compra.

    Y toda esta popularidad creciente de este tipo de contenidos y todo este creciente interés por ellos ha hecho que los comentarios se conviertan en uno más de los elementos por los que se preocupan cada vez más los marketeros. Las empresas y sus responsables no solo han tenido que aprender que tienen que abrir la puerta a los comentarios y que tienen que dejar que los consumidores se expresen, sino que además - y una vez que han comprendido la elevada importancia de este tipo de contenidos - han empezado a potenciarlos y hasta a forzar la mano cuando no se producen comentarios.

    El comentario se ha convertido en un elemento más de la lista por la que se paga, que se trabaja y para la que se busca a quien pueda publicarlos. El comentarista de pago es uno más de esos profesionales que se buscan en las páginas de freelances y en las ofertas laborales que circulan online. Lo son, además, con una importancia creciente en ciertos escenarios, como Amazon, donde los comentarios son cruciales (tanto que la propia empresa ha cambiado sus normas y se ha puesto en pie de guerra contra este tipo de comentarios).

    El interés de las compañías por pagar al comentarista puede, en cierto modo, comprenderse. Este tipo de acciones y este tipo de comentarios permiten generar ese ruido que el producto necesita para llegar al consumidor y, dado que se ha contratado ese servicio, se puede controlar qué se dice y cómo se dice. Sin embargo, este tipo de comentarios de pago no son una idea tan buena como parece.

    De entrada, los consumidores son cada vez más hábiles a la hora de identificar quién dice qué y por qué lo dice. El paso del tiempo y la cada vez mayor popularidad de la red ha entrenado a los internautas para saber de dónde salen las cosas y los han vuelto menos naif. Por ello, es más que probable que miren con ojos cautelosos ese tipo de información.

    Pero además la presencia de reviews patrocinadas y de comentaristas de pago podría estar teniendo un efecto directo sobre los comentaristas en general y hacer que se vuelvan más tímidos, por así decirlo, a la hora de compartir sus opiniones.

    El comentarista de verdad desaparece

    Así lo acaba de demostrar un estudio realizado por expertos de varias universidades y que acaba de ser publicado en una revista científica, tal y como recoge Phys. Según las conclusiones del análisis, cuando se introduce la variable de los comentarios de pago se produce un efecto en cadena que lleva a que las reviews, en general, caigan.

    Los expertos probaron con un programa en concreto. Para crear reviews y dinamizar los comentarios, se creó un programa de pago en una plataforma de compra social en China. Los consumidores que comentaran recibirían un pago de 25 céntimos en crédito para próximas compras, una oferta que hacía pensar que se generarían más compras en el futuro. El sorprendente resultado fue otro. Tras lanzar el programa de pagos, los comentarios cayeron - en el mes posterior - en un 30%.

    Y, lo más interesante, esta caída estuvo muy ligada a la nueva variable que se había metido en el juego. Los comentaristas dejaron de dar su opinión porque empezaron a temer que los demás usuarios de la plataforma los viesen como unos interesados. Es decir, dejaron de opinar porque temían que sus opiniones se viesen como algo mercenario hecho por dinero en lugar de una opinión sincera.

    De hecho, si se dividía a los consumidores en grupos, se veía que quienes empezaban a dejar comentarios tras la puesta en marcha del programa eran quienes no tenían amigos o contactos en la plataforma. Quienes sí tenían una red de contactos bajaban sus comentarios (en un nada desdeñable 85%). Unos no tenían ante quienes rendir cuentas y los otros sí tenían que hacerlo. "Nadie quiere ser visto como alguien pagado por las marcas", concluía uno de los responsables del estudio, "así que los usuarios con más amigos y más followers, que eran quienes tenían más influencia y escribían de forma más original, son quienes dejan de escribir".

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