Por Redacción - 18 Agosto 2026

La llegada de las rebajas de verano siempre desata una auténtica fiebre por las compras en internet. Miles de personas aprovechan estos días para renovar el armario, cambiar de móvil o cazar algún chollo para las vacaciones. Sin embargo, este subidón del comercio electrónico tiene una cara B bastante amarga, y es que los estafadores de la red también hacen su particular agosto en estas fechas. De hecho, el Instituto Nacional de Ciberseguridad ha llegado a registrar más de 122.000 incidentes en sus informes, dejando claro que cuatro de cada diez problemas denunciados tienen que ver directamente con timos y fraudes digitales. Los delincuentes se aprovechan de que la gente va con prisa por conseguir el mejor precio y juegan con esa urgencia para colar páginas web falsas, clonar portales de marcas súper conocidas y llenar los chats de enlaces tramposos.

Para intentar frenar este problema y dar a los compradores herramientas para defenderse, algunas empresas del sector financiero han decidido pasar a la acción. Un ejemplo de esto es la iniciativa Hacker Busters, puesta en marcha por la entidad Oney, que se dedica precisamente a lanzar consejos prácticos para que la gente compre con total tranquilidad. Desde este programa insisten mucho en una idea básica pero que casi siempre olvidamos, que es parar un momento y mirar bien dónde nos estamos metiendo antes de dar el número de la tarjeta o rellenar el formulario con nuestros datos personales. Perder apenas unos segundos en hacer un par de comprobaciones puede salvarnos de un disgusto enorme y hacer que las compras online sigan siendo una experiencia cómoda y segura.

Trucos sencillos para cazar una tienda falsa a primera vista

El gran truco de los estafadores en internet es clonar casi a la perfección las páginas que ya conocemos para que nos fiemos y caigamos en la trampa. La primera línea de defensa que tenemos como usuarios es fijarnos muy bien en la dirección web que aparece arriba en el navegador. Hay que mirar con lupa que el nombre de la marca esté bien escrito, que no tenga letras cambiadas de orden ni símbolos raros, y desconfiar por completo de terminaciones de dominio extrañas. Además, conviene desterrar un mito muy común, el famoso candado verde o el protocolo HTTPS no significan que la tienda sea de fiar, sino simplemente que los datos viajan de forma segura. Si la tienda la ha creado un timador, tus datos viajarán seguros, pero irán directos a sus manos.

Otro punto clave es rebuscar un poco dentro de la propia web para ver quién está detrás del negocio. Las empresas legales y transparentes siempre muestran de forma clara su información legal, como el nombre real de la empresa, el número de identificación fiscal, una dirección física donde reclamar, un teléfono de contacto y sus políticas de devolución. Si estos datos no aparecen por ningún lado o están tan escondidos que parece una gymkana encontrarlos, lo mejor es cerrar la pestaña inmediatamente.

Tampoco podemos olvidarnos del sentido común cuando vemos descuentos que parecen milagrosos. Las webs fraudulentas suelen poner ganchos imposibles, como un ochenta o un noventa por ciento de descuento en los productos más deseados del mercado, y lo acompañan de contadores de tiempo marcha atrás para meternos prisa. Esta táctica de los descuentos falsos es tan habitual que las autoridades de Consumo tienen que revisar con lupa las campañas comerciales, ya que en citas como el Black Friday se ha llegado a detectar que la gran mayoría de las rebajas analizadas eran un engaño y no cumplían la ley.

El momento del pago y cómo evitar las trampas en el acceso

Aunque una tienda nos parezca totalmente real y el descuento nos cuadre, nunca hay que bajar la guardia en el último paso. El momento de pagar es crucial, y elegir bien el método de pago nos puede salvar el bolsillo. Las tiendas serias ofrecen alternativas seguras y conocidas por todos, como las tarjetas con verificación en el móvil, PayPal o Bizum. Si al ir a pagar vemos que solo aceptan transferencias bancarias a cuentas de particulares, ingresos en criptomonedas o sistemas raros donde no se puede reclamar el dinero si algo sale mal, hay que cancelar la operación al instante porque huele a estafa a kilómetros.

Por último, hay que tener mucho cuidado con el camino que seguimos para llegar a la tienda. Muchos de los grandes fraudes no empiezan en la web de compras, sino en nuestro propio teléfono o bandeja de entrada a través de correos o mensajes de texto falsos que simulan ser de empresas de mensajería o bancos. Los analistas de seguridad tecnológica avisan de que se lanzan millones de estos ataques de suplantación al año, y más de la mitad van directos a por los compradores online. El mejor hábito que podemos coger es no pinchar nunca en los enlaces que nos manden y escribir nosotros mismos la dirección de la tienda directamente en el navegador de internet para asegurarnos de que entramos por la puerta oficial.

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