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La última gran tendencia del marketing en redes sociales es la de apostar por el influencer. Los influencers se han convertido en uno de esos elementos recurrentes, en lo que recomiendan los estudios y los análisis, en la nueva fuente de problemas para la industria (ahí están los influencers gorrones y cómo han lastrado la imagen y el trabajo de los influencers en general) y en la gran preocupación de los responsables de marketing, que necesitan comprender mejor de qué va todo esto. Estos son algunos de los puntos que los influencers y su boom (casi burbuja) han entrado en la lista de temas para el debate, pero no son los únicos.

De hecho, a la lista de temas para el debate, se debería empezar a sumar otra cuestión. ¿Deberían los influencers estar sujetos a una regulación mucho más clara? ¿Deberían los consumidores tener mucho más visible lo que es y lo que no es publicidad en sus perfiles?

Al fin y al cabo, ahora mismo se podría decir que en el terreno de los influencers todo el monte está siendo orégano. Los medios de comunicación de todos los tipos tienen que hacer frente a ciertas restricciones sobre cuándo y cómo incluyen publicidad y tienen que dejar claro qué son los anuncios y qué no lo son. En el terreno de los influencers, sin embargo, todo está en una más o menos difusa nebulosa.

Un Salvaje Oeste no regulado

Como ya apuntaban los estudios que llegaban desde Estados Unidos cuando arrancó el booom (y que era donde todo estaba empezando), el marketing con influencers era una suerte de Salvaje Oeste de normas muy poco claras y en el que todos corrían simplemente a por el oro. Uno de cuatro influencers reconocía entonces que alguna marca le había pedido de forma activa que no mencionase que lo que estaba haciendo era publicidad.

La FTC, el regulador del mercado estadounidense, empezó entonces a investigar y a determinar que los influencers estaban jugando al despiste con los anuncios. La publicidad estaba 'altamente encubierta'. Aunque el regulador hizo investigaciones y recomendaciones, no hay todavía leyes claras específicas sobre lo que pueden o no pueden hacer los influencers.

Y no las hay a ningún lado del Atlántico, aunque en algunos mercados las autoridades de algunos mercados ya ofrecen guías de buenas prácticas.

¿No es un problema en España?

"No creo que sea un tema excesivamente problemático como para generar leyes, porque en España es cierto que no hay una problemática como tal; nosotros no lo hemos percibido", explicaba Marta Ayed, directora de desarrollo digital de Autocontrol, a Glamour, que analizaba lo que estaban haciendo los famosos.

De entrada, la publicidad que se hace en Instagram y otras redes sociales estaría ya sujeta a la Ley General de Publicidad y los influencers tendrían que seguir las mismas pautas que los anuncios online. Sin embargo, la cuestión parece estar dejándose un tanto de lado. Nadie se ha quejado a las autoridades y a los organismos de control de lo que hacen los influencers y nadie se ha sentado tampoco a estudiar (como hizo la FTC en su momento) lo que estaban haciendo y del modo en el que lo hacían.

Los propios influencers tienen además una visión sobre la cuestión clara: un 90% querría una legislación sobre la materia y que se establezcan así normas del juego claras.

Y algunas industrias también quieren que eso ocurra. La Asociación Española de Fabricantes de Juguetes, por ejemplo, acaba de desarrollar un código de conducta para autorregular el uso de influencers en la publicidad del sector, algo creado por "la inquietud (...) sobre la necesidad de regular la publicidad en redes sociales y más especialmente el papel que en ella desempeñan los influencers", como apuntan en su web.