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En los últimos tiempos, Instagram ha ido cogiendo auge y peso en la estrategia de redes sociales de las empresas. Mientras otras redes sociales perdían tirón y dejaban de tener atractivo para la estrategia de posicionamiento social de las marcas, como ocurrió con Facebook por sus cambios de algoritmo, Instagram iba ganando en poder de convocatoria. Cada vez tenía más usuarios y cada vez además estos eran más de los grupos a los que las empresas querían llegar. Por tanto, cada vez más compañías están entrando en Instagram y estando intentando apostar por la red social.

Y, a medida que más empresas entran en la red de fotos o intentan hacerse fuertes en la misma, está ocurriendo también otra cosa. Se está produciendo el fenómeno de intentar aclimatarse a lo que la red social impone. Ahí están las marcas que están posicionándose sin saber muy bien qué hacer, las que están intentando usar lo que empleaban en otras redes sociales (aunque en realidad lo que importa en una red social no es necesariamente lo que importa en otra) y también están quienes simplemente están viendo lo que hacen las que triunfan y siguiendo sus pasos.

Este último punto está haciendo que las cosas empiecen a parecerse cada vez más entre unas y otras y, si se siente que todas las marcas están publicando lo mismo o muy parecido en Instagram, es posible que no se esté solo. De hecho, es probable que preguntarse si todas las marcas empiezan a parecer iguales en Instagram o si todas están usando los mismos motivos, temas y estructuras de imagen no sea tan descabellado.

Se parecen porque los productos que triunfan son similiares

Pero además ya no se trata de que las propias marcas sean parecidas en sus publicaciones y que todos sus mensajes se estén pareciendo cada vez más, sino que además sus propios productos empiezan a parecer similares. Es como si todos esos productos estuviesen cortados por el mismo patrón y como si todas las cosas siguiesen las mismas líneas maestras para llegar al mercado y a los consumidores. Poco importa que sea un colchón que una pasta de dientes: el look and feel del producto es demasiado parecido.

De entrada, muchas de las compañías que se analizan como referente, esas startups estadounidenses que han conseguido triunfar en la red gracias al tirón de Instagram son muy similares porque ellas mismas son muy iguales. Como explican en FastCompany, muchas de estas empresas, que siguen el modelo "directo al consumidor", tienen detrás a los mismos creadores de imagen de marca, lo que hace que sean muy similares todas ellas.

Muchos de esos productos siguen las mismas líneas de trabajo y de creación. Son productos en los que los logos son mínimos y en lo que la imagen corporativa se reduce a la mínima expresión. Con ello quieren vender en muchas ocasiones que su marca como tal es poco importante, que lo importante es el producto. De hecho, muchos de esos productos son casi sin marca, o con un packaging de lo más aséptico.

Lo hacen por una razón clara: el propio mercado. Como recuerdan en el medio estadounidense, un estudio de una revista señaló que el 40% de las mujeres millennials consideraba que para que una marca lograse llamar su atención tenía que hacerlo con una propuesta más minimalista. Es decir, para destacar entre el ruido, menos es más.

La explicación a que todos estos productos se parezcan y a que sus imágenes corporativas y su presencia en Instagram sea similar viene también marcada por algo mucho más pragmático. Detrás de todas ellas - o la mayoría - está la misma compañía de diseño, Red Antler, con la misma filosofía. Creen que las cosas tienen que hablar por ellas mismas.

Las claves del diseño de producto que hacen que todo siga las mismas líneas maestras

Varias son las líneas maestras del diseño de producto, de imagen de marca y de estrategia en Instagram que imponen a estas marcas y que sirven para comprender por qué se usan los mismos elementos, reclamos, diseños y toques de atención a la hora de conectar con los consumidores en la red social.

De entrada, el producto pesa por encima de todas las cosas. Creen que solo se necesita un buen producto no solo para conectar con el consumidor sino también para construir el mensaje. Es lo que explica ese boom de imágenes un tanto minimalistas del producto con una descripción que añada un poco de datos sobre quiénes son y qué venden. Si se sigue a unas cuantas empresas de moda que vendan que son "cool" en Instagram también se habrá encontrado esta idea y esta posición. El producto gana, para ellos, sobre las historias complejas.

A eso se suma una percepción de la muerte por oferta. Fenómenos como Marie Kondo, la escritora japonesa que propone el orden y el reducir las pertenencias, son la clave para comprender este fenómeno. La gente - especialmente los jóvenes - están saturados ante el exceso de elección. Hay demasiadas cosas y quieren reducir el ruido que los rodea. Esto impacta en el diseño de producto (minimalista, simple, básico) pero también en cómo se presentan en Instagram y en la red. No se quiere tener que elegir entre mucho, se quiere algo que resuelva el problema y - sobre todo - que luego nos haga sentirnos bien con nuestra decisión.

Y a eso hay que sumar cómo debe ser el diseño de las marcas y cómo tiene que ser el diseño de la presencia en Instagram. Tiene que ser limpio y luminoso y debe transmitir la información de forma rápida. Una foto en Instagram no es muy grande, pero tiene que ser capaz de transmitir todo esto.