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La naturaleza de su trabajo los obliga a estar expuestos todos los días a la parte tóxica de las redes, lo que sumado a salarios bajos y jornadas maratonianas está acabando con sus resistencias 
Los social media managers están quemados y hartos: por qué han empezado a cambiar de trabajo

Cuando se habla tanto con periodistas online como con profesionales del mundo de las redes sociales, acaba saliendo al final una misma queja. "Me gustaría que la gente se parase más a leer lo que pone", acaban señalando.

Para los periodistas online es bastante frustrante - especialmente cuando les comentan cosas puntualizando el titular, pero claramente sin haber leído el texto - y para los responsables de redes sociales es un lastre que les obliga a trabajar más, respondiendo a comentarios que estarían resueltos si simplemente la gente hubiese leído por completo lo que les han dicho o hubiese hecho clic en los links adjuntos. Es brutalmente frustrante.

Y sí, puede que los consumidores que no leen bien las cosas y hacen preguntas que ya están resultas en los comentarios a posts en Facebook, Twitter o la red social de turno sean un mal menor y uno no muy grave, pero son un elemento más a la larga lista de cosas que frustran y queman a los profesionales de las redes sociales. No pocas personas que trabajan en esa industria fantasean con el día en el que todo le dará igual y no responderán adecuadamente a esos mensajes, sino diciendo lo que realmente piensan.

En general, los social media marketers, tengan el perfil exacto que tengan, están muy quemados de tratar con los internautas. La profesión - y no es la única en marketing y publicidad de la que se dice esto - está dejando un rastro de trabajadores hartos de lo que hacen día tras día.

Eso es lo que deja claro un análisis de Digiday. Sus conclusiones son claras: los social media managers están quemados y están comenzando a directamente dejar la industria. "Tuve un momento una tarde mientras volvía a casa en el metro cuando me dije '¿esto es lo que será toda tu vida, solo hacer calendarios de redes sociales en Excel y meter con calzador a marcas en las conversaciones online todos los días?'", les explica un social media manager que pensó justamente antes de cambiar de profesión.

Ya no podía pasar ni un minuto más en las redes sociales. Su decisión fue en 2017, cuando el boom de los bots en Twitter y las tensiones políticas cada vez más elevadas en las redes sociales empezaron a resultarle demasiado (cabe preguntarse, por tanto, que creerán los marketeros de 2021...).

Cambiar de trabajo porque no se soporta más

El caso es un ejemplo, pero no es el único. Digiday señala que cada vez más social media managers están dejando sus trabajos, porque lo ven como la única salida posible a todos los problemas que su profesión les genera. Están hartos de las muchísimas horas de trabajo que supone, de los sueldos miserables, de tener que hacer un abanico de trabajos (son copywriters, pero también diseñadores gráficos y moderadores de red, por ejemplo) y de tener que ver sí o sí por la naturaleza de su trabajo feeds y más feeds en redes sociales llenos de comentarios llenos de odio.

Los usuarios de redes sociales pueden dejarlas cuando están hartos de ver mensajes y más mensajes negativos. Los social media managers no pueden hacerlo. Es, como dice una marketera al medio, como estar viendo todo en primera fila y a cámara lenta, día tras día y sin poder dejar de hacerlo.

Eso supone un coste en salud mental. Algunos de los marketeros con los que ha hablado el medio británico reconocen que en los últimos años les ha pasado factura y hablan desde caída del pelo a ataques de pánico como consecuencias directas.

Los social media managers se quejan, además, de que las medidas y herramientas que tienen las redes sociales para frenar esos comentarios y para evitar la parte más tóxica no son suficientes. Si no lo son para el usuario de a pie, podríamos añadir, ¿cómo lo van a ser para quienes pasan toda su jornada de trabajo sentados frente a feeds y más feeds? Tampoco las empresas para las que trabajan, se quejan, comprenden el peaje que supone su trabajo y los departamentos de recursos humanos suelen ignorar sus quejas.