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El tiempo meteorológico impacta en el comportamiento de los consumidores. Es algo que sabe muy bien la industria del turismo, a la que el buen tiempo inesperado les puede suponer una mina de oro y a los que los días de lluvia en el verano lastran sus datos económicos, pero también cada vez más industrias y más áreas de negocio.

Hace unos años, por ejemplo, el ecommerce tuvo un gran ejemplo en cómo el tiempo puede impactar en la estrategia cuando una campaña de Navidad especialmente fría y llena de nieve causó el caos en Reino Unido y Estados Unidos. Los consumidores compraron mucho más de lo esperado en la red, pero los sistemas de entrega y las redes logísticas ni estaban preparadas para esa avalancha de pedidos ni eran capaces de sobrevivir ellos a las nevadas.

El mal tiempo dispara las compras en ecommerce, así como el buen tiempo hace que esos consumidores migren a las tiendas físicas. Por afectar, el mal tiempo lo hace también con lo que hacemos en redes sociales. Un estudio demostraba hace unos años que los días de mal tiempo y lluvia registran una mayor actividad social: publicamos más cosas cuando hace un tiempo más malo.

Pero ¿tiene el tiempo un efecto en los elementos menos racionales? Es decir, ¿impacta el mal tiempo en la apreciación que tenemos de las cosas y en la imagen que nos formamos de las marcas?

Si se piensa en la cuestión, se podría llegar a la conclusión de que eso no debería ser así. Al fin y al cabo, las empresas sobre las que nos estamos formando una opinión no tienen nada que ver con que llueva o haga sol. El efecto que el tiempo tiene en su actividad sí podría ser un elemento que impactase en la valoración, ya que el modo en el que gestionan esa realidad impacta en la atención al cliente y en la experiencia de usuario.

Sin embargo, lo que están demostrando los estudios es que la relación causa-efecto va mucho más allá y toca también la parte menos racional. Los consumidores se dejan llevar por el tiempo de un modo mucho más primario.

Más comentarios negativos el día de lluvia

Un estudio, realizado por expertos de la Ohio State University, así lo acaba de demostrar. El mal tiempo impacta en cómo vemos las cosas y cómo percibimos las marcas, aunque sea a un nivel irracional. El estudio se ha centrado en lo que ocurre con los restaurantes y las opiniones que los consumidores se forman de ellos, usando como elemento de baremo las opiniones que los comensales dejan y cruzándolas con el tiempo.

"Los responsables de los restaurantes pueden ver en algunos días más opiniones negativas de las habituales y puede que no tenga nada que ver con el servicio o con la calidad de la comida", dice uno de los responsables del estudio. "Los restaurantes no pueden controlar el tiempo, pero puede afectar a cómo los consumidores opinan sobre ellos", añade. El mal tiempo no es un factor decisivo y determinante. Esto es, no va a hundir por completo la imagen de marca del negocio. Pero, aun así, ayuda a llevar al consumidor hacia una visión más negativa, aunque sea algo completamente externo.

Según los datos del estudio, los días de mal tiempo los consumidores dejaban más comentarios negativos que los días de buen tiempo. Los números son claros: la probabilidad de que un consumidor dejase un comentario negativo era en un día de lluvia 2,9 veces mayor que en un día de sol. Esto ocurre con el mal tiempo en general, ajustando lo que es mal tiempo a cada lugar. En Florida, por ejemplo, la alta presión atmosférica y los días de temperaturas más altas tenían el mismo efecto. Era un tiempo que resultaba desagradable para los consumidores y con eso impactaba en la visión de los consumidores.

Los expertos creen que este impacto del mal tiempo en la percepción de las cosas está marcado por el estado de ánimo de los consumidores. Es decir, el mal tiempo hace que los consumidores estén de peor humor y ese estado de ánimo es el que hace que la visión de los productos y las experiencias cambie.

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