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Uno de los datos que los estudios han ido demostrando sobre el estado de las cosas en la industria del marketing, la comunicación y la publicidad es que los trabajadores de este mercado tienen un elevado índice de rotación.

Las probabilidades de acabar quemado en esa industria son mucho mayores que las que tienen otras y la rapidez en la que se cambia de trabajo y en la que los profesionales buscan otro puesto de trabajo no hace más que evidenciar en qué falla el mercado. El elevado estrés, los problemas en gestión de personal y unas condiciones que hacen que los trabajadores acaben más saturados y frustrados por su trabajo de lo que ocurre en otros sectores son los que están impactando en la situación de la industria.

El último estudio sobre la cuestión llega desde Reino Unido y se ha centrado en la salud mental de los trabajadores de la industria, adentrándose en lo que ocurre en el nicho de la comunicación corporativa. Los datos son igualmente negativos e invitan a hacer una reflexión en profundidad sobre el estudio de las cosas. Las conclusiones del State of PR de CIPR apuntan que no solo el trabajo en comunicación corporativa es excesivamente estresante sino también que está ya pasando una factura a la salud mental de sus trabajadores.

Así, el 75% de los encuestados ha asegurado que el trabajo de comunicación o de agencia es el más estresante. De hecho, los trabajadores que reconocen que sus niveles de estrés son muy elevados trabajan en una agencia o en una consultora de comunicación. Es el 73% de los empleados quienes sostienen esto.

El porcentaje baja al 44% cuando se trata de trabajadores que hacen las mismas tareas pero de forma independiente. Tras las agencias se posicionan otros sectores. Tras ellas, el público es el más estresante. El 67% de los trabajadores de comunicación reconocen que están en un entorno de trabajo de mucho estrés. El sector privado baja al 64% y las ONGs al 59%.

Los efectos que ya tiene en la salud de los trabajadores

Por tanto, no sorprende descubrir que el mismo estudio apunta que el estrés y la situación laboral están ya pasando factura. Aunque un 4% de los encuestados no quiso responder a la pregunta, un 21% sí afirmó que había sido diagnosticado con alguna condición vinculada a la salud mental.

Aunque los datos del estudio que comparten en The Drum no dan cifras específicas sobre cuántos de estos trabajadores decidieron compartir con sus empresas la situación en la que se encontraban, los que lo hicieron tuvieron respuestas desiguales. Un 36% fue a terapia y un 28% recibió tiempo libre por parte de su empresa. Menos positivo es el 23% que asegura que nada cambió en su trabajo tras hablar de su salud mental con sus jefes. Otro 23% cogió una baja por estrés, ansiedad o depresión.

La necesidad de que cambien las cosas

La industria tiene que comprender los efectos que el día a día laboral tiene en sus trabajadores y tienen que ser mucho más proactivos a cambiar las cosas y a hacer que la jornada fluya de un modo mucho menos negativo.

Especialmente, es importante que tengan en cuenta esta realidad porque no pocas de las cuestiones que frustran y hartan a sus trabajadores, como han ido demostrando estudios previos, vienen marcadas por las dinámicas de trabajo o por la cultura laboral que se ha asentado en la industria. Desde el exceso de burocracia hasta prácticas que solo implican mala gestión pasando por las largas horas de las jornadas (que muchas veces no son necesarias), la industria ha asentado como lo que se hace por defecto cosas que no deberían serlo y que pueden ser modificadas.

Un entorno de trabajo que resulta tóxico no beneficia a nadie.

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