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Si hay un color con un significado claro, es el rosa. El rosa es el color de las mujeres, de lo femenino. No hay más que darse una vuelta por cualquier tienda para verlo. Si se pasea por la sección de higiene y cosmética de un supermercado, se podrían separar las maquinillas de afeitar destinadas a hombres de las que están destinadas a mujeres. En esencia, el producto es el mismo. En apariencia, no lo son. El producto que se vende a mujeres suele ser rosa, ya sea en su packaging o el propio producto. El de hombres suele apostar por colores oscuros, como azul o negro.

Si se entra en una juguetería (una realidad que ha sido poderosamente criticada en los últimos tiempos), se verá dónde están los juguetes que se venden "para niñas" (sea lo que sea que entiende la industria juguetera por eso) porque es una explosión de color rosa.

Y si se visita a una familia que acaba de tener una recién nacida, se verá, entre las muchas cosas que les han regalado, una avalancha de tonos rosados.

El rosa es el color de las niñas, de las mujeres y de lo femenino, dice la cultura colectiva. Tanto es así que incluso sirve para dar nombre a realidades que targetean a las mujeres, como la tasa rosa. La tasa rosa es ese momento en el que las marcas cambian el packaging de un producto que venden para hombres (habitualmente poniendo un packaging rosa) y se lo venden a las mujeres, pero más caro.

Sin embargo, la historia del color rosa muestra una evolución. Cuando el color empezó a hacerse popular y a usarse en el mercado, no estaba 'limitado' a las mujeres y no estaba asociado a los mismos significados que hoy damos por sentado que le corresponden.

Una historia del color rosa

La historia del color rosa y su relación con los diferentes géneros puede seguirse empleando el catálogo de la exposición que el Museo del Traje, en Madrid, dedica a la presencia del color en la moda en los últimos siglos.

Cuando el rosa se estaba haciendo popular gracias a las novedades en tintes, en el siglo XVIII, el color no estaba asociado a un género como acabaría estándolo. Era un color que se usaba en la ropa tanto de hombre como de mujer (de las clases altas). Lo único que fue cambiando fue que, a medida que avanzaba el siglo, el color, por las modas de tonos pastel que trae el rococó, se fue volviendo más pastel.

El rosa siguió siendo un color masculino y femenino también en el neoclasicismo y no desaparecería del armario de los hombres hasta el Romanticismo, cuando directamente el traje masculino se volvió simplemente oscuro. Aun así, el rosa seguía presente en los complementos, como los pañuelos. El rosa pasó a dominar el armario femenino durante el Romanticismo, para tener luego una suerte variada (y femenina) y no volver con fuerza hasta los años 20. En esa época, el color también se usaba en el vestuario masculino: como recuerdan en el análisis, en El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald, el protagonista viste un traje de ese color. Con ello simboliza que es un hombre moderno.

Pero, al mismo tiempo, el color rosa empieza a asociarse a otras cosas y a verse como un color asociado a lo frívolo y a lo vulgar, como apuntan en el análisis. A partir de los años 50, ya sería, sin dudarlo, el color de lo femenino y se convertiría no solo en el color de ropa para mujeres (y niñas) sino la clave que se usaba para venderles de todo. Era el color del packaging y el que dominaba en la publicidad cuando se quería llegar a las mujeres.

El rosa, color de niño

De hecho, antes de los años 50, la separación del rosa como color 'para mujeres' y el uso que las marcas y las empresas hacían del mismo no estaba tan clara. A principios del siglo XX y finales del XIX, el rosa era, de hecho, el color de los niños, como recuerdan en Jezebel. Antes del XIX los niños y las niñas, directamente, se vestían de blanco y, cuando empezaron a vestirse de tonos pastel a mediados del XIX, lo hacían sin que hubiese claras distinciones de género.

En las revistas ilustradas de principios del siglo XX, las recomendaciones eran las de vestir a los niños de rosa y a las niñas de azul. El azul se veía como un color más "delicado" y por tanto más apropiado para las niñas.

En los años 40, se empezó a hacer la separación de colores por parte de los fabricantes de ropa, creando un código con el que una generación creció y que fue pasando a las siguientes. Y, aunque la separación de colores decayó en los años 60 y 70, volvió con fuerza en los 80, cuando se hizo cada vez más popular saber si se esperaba un niño o una niña antes de su nacimiento y apareció la cultura de hacer la "habitación del bebé" del color "apropiado".

Las marcas y los vendedores decidieron capitalizar esta realidad e incentivar la separación y el uso de los dos colores para vender más.

El futuro del color rosa

El boom del "millennial pink" y el uso que las feministas están haciendo del color rosa están haciendo que el color esté volviéndose a reinventar y que se le estén dando usos subversivos y que rompen con todos los significados que el color tiene. De hecho, tras pasar por unos años de debacle como color simplemente ñoño y no trendy, acaba de ser uno de los colores protagonistas de la noche de los Oscars, siendo uno de los colores más presentes.