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Los mensajes que se procesan con la parte derecha del cerebro logran más atención y más conexión emocional
Los anunciantes en televisión están cometiendo un serio error: apelan a la parte equivocada del cerebro generando una menor eficacia y atención 

Si se le pide a cualquier espectador que intente recordar los últimos anuncios que ha visto en la televisión, puede que acabe teniendo que pensar mucho y reflexionar en alto grado sobre lo que ha estado ocupando sus pantallas. Posiblemente, solo sea capaz de recordar muy pocas marcas y acabe mezclando anuncios y reclamos de diferentes compañías.

Los anuncios de la televisión tienen un problema y no es solo el que los espectadores estén migrando cada vez más al vídeo bajo demanda. La publicidad televisiva se ha convertido en aburrida, excesiva y poco memorable, dirección en la que han trabajado los anuncios en las últimas décadas. El exceso de publicidad ha ayudado, pero también el que los anunciantes no estuviesen afinando su estrategia todo lo que deberían.

Así, como acaba de señalar un experto en un evento del Institute of Practitioners in Advertising (IPA) y tal y como recoge Warc, a pesar de que existen ciertas prácticas que ayudan a mejorar resultados y ciertas acciones de storytelling que permiten llegar de un modo mucho más directo y eficiente a los consumidores, los anunciantes están fallando a la hora de usarlas.

Las mejores prácticas, recuerdan, permiten lograr mejores datos de atención y consiguen una respuesta más emocional de los espectadores. Sin embargo, muchos anuncios obvian estos puntos y no trabajan con esos criterios.

Los anuncios que más deberían ser usados

Básicamente, ¿qué es lo que mejor funciona y qué es lo que los anunciantes están en realidad empleando? Los estudios han demostrado que los anuncios que apelan al lado derecho del cerebro, empleando protagonistas bien definidos, creando un storytelling con un sentido del tiempo y el lugar claros y mostrando relaciones significativas son los que presentan los mejores datos en atención y respuesta emocional. Por tanto, y si esos son los anuncios que mejor funcionan, las marcas deberían centrar en ellos su estrategia y diseñar su publicidad televisiva en esa dirección.

No lo están haciendo. En los últimos años se han hecho cada vez más habituales los anuncios televisivos que apelan al lado izquierdo del cerebro. Son, señalan, aquellos que usan conceptos abstractos ligados a las capacidades del producto, que llenan la pantalla de letras que se tapan unas otras, que hacen primeros planos de detalles, que usan voz en off y que transmiten instrucciones o canciones repetitivas.

Son anuncios atrevidos, conceden, pero no ayudan a crear una imagen de marca a largo plazo. Su impacto emocional es mucho más bajo y la conexión con el consumidor mucho menos sólida.

Por tanto, los anunciantes en televisión están cometiendo un serio error. Sus anuncios, que ya parten con el lastre de unas audiencias en retroceso y unas que son cada vez más reticentes a ese tipo de contenidos, no son los que mejores datos podrían dar y los que mejor apelan a la mente de los consumidores. No son los que mejor podrían funcionar.

Ajustar la actividad no es tan complicado. Las marcas solo deben plantearse mejor sus creatividades cuando se lanzan a hacer publicidad en televisión.