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Para no pocos, era una manera de mantener activo su perfil en Twitter y de cubrir una parte de su estrategia en redes sociales. Sin embargo, la automatización se va a acabar o al menos más o menos. Twitter va a poner un freno a las herramientas que permitían generar actividad en la red social de un modo automatizado.

¿Qué es exactamente lo que atacará la red social? En realidad, la gran víctima de esta medida será el tipo de herramienta que permite lanzar de forma masiva actividad. Los bots que posibilitan tuitear de forma simultánea y hacer retuits, me gusta y seguir a otras cuentas de forma automatizada serán quienes resulten penalizados con el cambio. A menos que se trate de aplicaciones desarrolladas para compartir información de tiempo, de emergencias y servicios públicos de forma coordinada y masiva, el resto será limitado.

Los desarrolladores tendrán, por tanto, las manos más atadas para usar cuentas múltiples vía TweetDeck y la API de Twitter para realizar acciones coordinadas en la red social y compartir contenidos y realizar diferentes acciones de forma automática y organizada.

A partir de ahora, Twitter prohíbe publicar contenidos idénticos o muy parecidos de forma simultánea en varias cuentas o programarlos (aunque sí se podrán retuitear, aunque en grupos pequeños de cuentas controladas por la misma persona). Tampoco permitirá dar me gusta, retuits y a seguir a cuentas de forma simultánea por múltiples cuentas o automatizar todos los comportamientos anteriores en cuentas varias.

Quienes incumplan las normas podrán ser penalizados con la suspensión de las cuentas en cuestión, como recuerdan en AdWeek.

Por qué ha tomado esta decisión

Con este movimiento Twitter está limitando el poder de los bots y de las cuentas un tanto zombies, que solo comparten contenidos y realizan acciones con un fin específico tras ello. No son cuentas de una marca, una empresa, una persona o un medio y por tanto no están realmente generando contenido relevante o entrando en la conversación. Son simplemente ruido de fondo que en cierto modo distorsiona la conversación que se está produciendo en la red social.

La limitación llega cuando las redes sociales están mucho más en el ojo del huracán por culpa de la actividad de los trolls rusos y de otros sistemas que están manipulando la percepción que se tiene de la información. Las redes sociales tienen que asumir cada vez más responsabilidades para hacer ver que el contenido que se comparte en ellas es legítimo y tiene detrás a voces igualmente legítimas.

Pero, además, no solo se trata de una cuestión ligada al contenido, sino también de quién ve ese contenido. A la hora de cortejar a los anunciantes, ninguna red social quiere tener un parque de bots como usuarios, sino a personas, audiencias legítimas a las que las empresas les puedan vender cosas. Y si Twitter se ha marcado en 2018 el año de su revival y el año de su nueva reconexión con el mercado publicitario, como todo parece indicarlo, no le quedará más remedio que trabajar para purgar sus audiencias.