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La mitad de los ciudadanos quiere que se prohíba el acceso a los social media de los usuarios que acosan a otros
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Los trolls han sido la pesadilla durante mucho tiempo para los responsables de social media marketing, que viven con el temor a convertirse en su objetivo y a ver su marca arrastrada en términos de reputación por su actividad, pero también de los usuarios y, en cierto modo, de las propias redes sociales. La actividad de los trolls es tóxica: buscan un objetivo y lo atacan, usando el anonimato de la red para hacer lo que quieren y cómo y cuándo quieren.

El efecto de la actividad de los trolls es múltiple y se ha notado en muchísimas áreas. Desde el efecto que tienen en la comunicación política y los temas del momento hasta cómo han protagonizado campañas de acoso contra perfiles concretos, el modus operandi de los trolls se ha visto en muchísimas áreas.

A ello hay que sumar que para las empresas, la actividad de los trolls ya las ha obligado en el pasado a cambiar operativas o hasta decisiones de negocio para frenar el incendio en el que se encontraban por culpa de sus comentarios.

Por tanto, los trolls se han convertido en un problema serio de la red, uno que ya preocupaba a los internautas en el pasado - cuando el efecto más claro de su actividad eran las campañas de ciberacoso - pero que preocupa incluso más ahora. La desinformación y las fake news se han posicionado como uno de los grandes problemas a lo largo de 2020 y uno de los más visibles.

Los ciudadanos están cada vez más preocupados por sus efectos y por cómo se distribuyen, pero también por el papel que tienen ciertos usuarios de redes sociales a la hora de hacer que circulen, tengan eco e impacten en el día a día de los ciudadanos.

Esto es lo que hace que se esté empezando a plantear si ha llegado el momento de poner coto a la actividad de los trolls, de tomar decisiones más claras que limiten su alcance o su actividad o de crear marcos en los que la actividad online tenga, para ellos, repercusiones más graves fuera de la red.

También, los ciudadanos están cada vez más abiertos a que se apliquen medidas claras que limiten lo que los trolls y similares pueden hacer en las redes. ¿Consideran que ha llegado el momento de silenciarlos de forma completa?

Más consecuencias directas

Un estudio del Pew Research Center, que parte de una muestra estadounidense, apunta en esa dirección. El análisis ha preguntado qué se debería hacer con los bullies en internet. Los encuestados tienen muy claro que ese tipo de usuarios no tienen espacio en las redes sociales y quieren que estas actúen en esa dirección.

Así, un 51% de los encuestados apunta que la manera más clara de acabar con su actividad es directamente bloquearlos: quieren que se les prohíba el acceso a las redes sociales. Los internautas también quieren acabar con el anonimato como elemento de protección para los bullies en la red. Un 48% cree que obligar a que desvele la identidad real de esas personas ayudaría a eliminar a los usuarios que no se comportan de forma cívica.

No es la única línea de acción que los usuarios ven. Un 43% considera que deberían imponerse cargos criminales contra quienes hacen bullying online o acosan a otros usuarios, un 40% que las compañías de redes sociales deberían ser proactivas a la hora de eliminar los posts de bullying o acoso y un 32% que se debería suspender temporalmente la cuenta de esos usuarios en cuanto ataquen a otra persona.

En definitiva, los internautas quieren que la acción de los trolls y los acosadores de la red tengan, para ellos, consecuencias directas y que no quede sin castigo.

Lo que queda además claro es que los ciudadanos parecen cada vez más hartos de que estas cuestiones se queden como una suerte de daño colateral de la red. Quieren que se actúe sobre ello y que se haga de forma clara.