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Las redes sociales han pasado por una escalada de uso a una caída en medio de la fatiga y el hartazgo
Así ha cambiado cómo usamos las redes sociales en 12 meses de crisis pandémica

Si se hace una especie de examen de conciencia sobre qué se ha hecho desde marzo del año pasado hasta ahora, seguramente se acabará hablando de internet y, de forma especial, de las redes sociales. No son pocos quienes en marzo del año pasado, cuando estalló en Europa la crisis del coronavirus, no podían dejar de hacer scroll en el feed de alguna red social y de consumir noticias en la prensa digital.

Pasarse el día haciendo scroll en Twitter para leer qué estaba ocurriendo parecía algo casi inevitable en marzo de 2020, cuando era casi imposible concentrarse en ninguna otra cosa. En marzo de 2021, sin embargo, la realidad es un tanto diferente. Quien más y quien menos ha silenciado palabras o incluso ha dejado de entrar en ciertos contenidos. Los ciudadanos están saturados de información y agotados anímicamente por la pandemia.

¿Cómo hemos cambiado y cómo han cambiado nuestros patrones de consumo de contenidos en redes sociales durante estos meses? En cierto modo, se podría decir que en líneas generales durante los últimos doce meses hemos pasado más tiempo en internet y más tiempo en los social media. Como explica una experta en psicología colectiva en Recode, en tiempos complicados, las personas quieren sentirse unidas.

Aun así, el año ha sido complejo y la percepción que se tiene de las redes sociales y de sus efectos también lo es. Nada es sencillo y nada ha salido ganando sin problemas y sin complicaciones de este último año.

Leyendo un análisis que publica Recode sobre qué ha ocurrido con las redes sociales en el año del coronavirus, se pueden extraer varias conclusiones a modo de líneas maestras.

El uso de redes sociales ha crecido

En términos brutos, de tiempo que se pasa accediendo a ellas, las redes sociales han tenido un elevado crecimiento. Crecieron a principios de la crisis del coronavirus, cuando la gente no podía dejar de leer qué pasaba, pero, aunque decayeron con el paso de los meses, no acabaron de perder del todo lo ganado. Al cierre de 2020, los tiempos seguían siendo superiores a los de 2020. Lo interesante de todo esto está en que no solo subió el tiempo sino también cayó la preocupación por el tiempo en pantallas.

El tema era uno de los recurrentes en los tiempos previos a la crisis del covid. Tanto era así, de hecho, que todas las grandes tech habían lanzado soluciones y herramientas para controlar el tiempo que se estaba ante la pantalla y para reducirlo. En medio de la pandemia, sin embargo, los usuarios se preocuparon menos de esa cuestión. Pasó a ser secundaria.

Las redes sociales se convirtieron, además, en la vía de conexión con el mundo 'real' que habíamos perdido. Los confinamientos y las limitaciones de movimiento así como el intentar exponer a la enfermedad a personas de riesgo redujeron los contactos sociales. Pudimos ver mucho menos a nuestros familiares y a nuestros amigos. Si no podíamos estar con ellos 'de verdad', se estaba de forma virtual. El espacio de relaciones lo cubrió el universo de los social media.

El apagón de las redes sociales

El punto anterior es el de partida general, pero la realidad es, como ya se ha señalado, mucho más compleja. Las redes sociales ganaron mucho, pero también perdieron a otros niveles. Hubo quienes hicieron apagón, quienes acabaron dejando algunas redes sociales o quienes borraron sus perfiles de algunas de ellas.

Esto ha ocurrido porque se ha producido una fatiga pandémica, una fatiga informativa y un hartazgo de la circulación de noticias falsas y desinformación por las redes sociales. Incluso cuando son noticias reales han acabado expulsando a algunos usuarios. Conozco varios casos de personas que dejaron de seguir perfiles o que intentaron evitar ciertas temáticas, porque estaban agotadas mentalmente por todos los debates políticos y las tensiones derivadas en social media.

Las firmas de análisis especializadas en social listening han detectado hacia el final del año que habían aumentado las conversaciones en las propias redes sociales sobre borrar perfiles. El sentimiento predominante de los usuarios sobre los social media es, de hecho, negativo.

Lo que se publica y lo que no

Igualmente, y muy conectado con este último punto, se puede ver una variación en los patrones de qué se comparte y qué no. Durante este año se ha pasado por un crecimiento de actividad, un hartazgo/fatiga y un posterior decaimiento. Quien en marzo del año pasado no era capaz de despegarse del feed de Twitter y quien ahora silencia el móvil para no tener presentes ni una sola de las notificaciones que puedan enviar lo tendrá muy claro.

Lo que también cambió de forma destacada es el tipo de contenido que domina entre lo que los usuarios quieren ver. No se quiere lo aspiracional, la foto perfecta de Instagram. Se busca lo real. Es, de hecho, esta tendencia la que explica el boom de TikTok, que se ve como más de verdad que el mundo color de rosa de las fotos de Instagram.