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La tipografía es un elemento determinante de la identidad de las marcas y de las empresas. Sus libros de estilo suelen cuidar al milímetro el modo en el que se presentan las cosas y las compañías suelen medir con todo detalle qué fuente emplean y por qué lo hacen. En la lista de elementos decisivos que ayudan a configurar una identidad, la tipografía es algo fundamental, ya que permite transmitir muchas cosas de un modo muy directo y con una cierta economía de elementos. Una fuente puede servir para marcar que una compañía quiere llegar a un nicho o a otro del mercado, puede ayudar a que se vea como más seria y más informal o puede simplificar el modo en el que se la reconoce en un ecosistema lleno de mensajes y de información.

Pero, al mismo tiempo, la tipografía y una buena elección de la misma logra también tener otras aplicaciones y otros usos. Escoger bien el diseño de tipografía que se emplea en la construcción de identidad de marca puede también ahorrar dinero.

Es, de hecho, lo que acaba de hacer Netflix. La compañía acaba de diseñar su propia tipografía, que han bautizado como Netflix Sans y que se inspira en su logo a la hora de dotarse de forma. El objetivo era que fuese limpia y funcional, recordando al logo y a la identidad de la compañía. Pero, además, tenía que servir a la empresa para ahorrar dinero.

¿Pueden ahorrar unas letras a una compañía multinacional el suficiente dinero como para que compense?

Para Netflix, contar con su propia tipografía lo hace. La cuestión no es solo estética y de identidad. Usar otra tipografía (antes usaban Gotham, la más habitual de la industria del entretenimiento) les obligaba a pagar derechos de uso de la tipografía en publicidad.

Netflix ya no tendrá que pagar por la presencia de la tipografía de otros en sus anuncios, en el material con el llegan al consumidor o en sus mensajes (el ahorro es de millones de dólares al año, según sus estimaciones) y, además, el tipo de letra que emplearán servirá para que los espectadores de los mensajes los asocien rápidamente a ellos.

El paso que ahora ha dado Netflix ya lo dio hace unos años también la BBC. La televisión pública británica creó una tipografía a medida para conseguir que funcionase mejor en pantallas móviles, pero también para así poder dejar de pagar licencias de uso por las antiguas.

Ahorro en tinta

Pero esta no es la única fuente de ahorro que el cambio de tipografía puede suponer. Las letras, al menos cuando están en un soporte en papel, ocupan espacio físico e implican gastar dinero en papel y en tinta. De hecho, algunos organismos y algunas empresas han cambiado la tipografía de cabecera que emplean para recortar el gasto que tienen en tinta de imprimir. La Universidad de Wisconsin modificó cuál era su tipografía de cabecera para ahorrar dinero en costes de impresión: la nueva letra usaba un 30% menos de tinta al imprimir.

Ese es, como demostraba un estudio de hace unos años de Printer.com, más o menos el ahorro medio que puede suponer pasar de una tipografía que requiere mucha tinta a una que requiere menos (un 31% según los datos del estudio). De hecho, en los últimos tiempos ha aparecido una tendencia a las llamadas econfonts, tipografías más responsables en términos de gasto en impresión y por tanto más verdes.