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Los colores son un elemento clave para construir la imagen de una marca. Es una de esas cuestiones que los marketeros tienen que tener muy claras, porque su importancia ha sido demostrada ya en múltiples ocasiones y porque además está siendo cada vez más importante.

Como han ido demostrando los estudios y como ha quedado ya claro con los casos de éxito de diferentes marcas y empresas, los colores son una manera de transmitir información sin que el consumidor tenga que hacer un esfuerzo por asumirla. Esto es, dado que nuestro subconsciente asocia ya los colores a ciertos significados, nuestro cerebro procesa rápidamente qué es lo que nos están intentando decir sin grandes esfuerzos. Así, si nos cruzamos con el color verde, lo asociaremos rápidamente a la naturaleza y a las cosas frescas, por poner un ejemplo. Si entramos en una oficina en tonos negros, la dotaremos de una cierta seriedad.

La elección del color en diseño, en packaging o en interiorismo de los espacios de marca es crucial. También lo es el logo, en los colores corporativos o en las tonalidades que se escogen para establecer la paleta en las comunicaciones con los consumidores. Los colores son además algo vivo, lo que requiere un constante trabajo de actualización y de ajuste de lo que se hace y de por qué se hace. Pero además los colores son cada vez más importantes por la propia naturaleza del mercado en el que consumidores y marcas se mueven.

Dado que la sociedad es cada vez más visual y que cada vez más información llega mediante diferentes pantallas (y por tanto de una manera visual), las marcas y las empresas tienen que tener mucho más cuidado con cómo emplean los colores y cómo codifican sus mensajes.

Como recuerdan en un análisis en Warc, los colores tienen efectos muy potentes en las marcas y en la identidad que los consumidores les otorgan. El color se ha convertido en una vía muy potente para potenciar el conocimiento de marca y este está cada vez más ligado al lenguaje visual que la marca emplea, como señalan.

El boom de las redes sociales y en especial la creciente popularidad de redes eminentemente visuales como Instagram solo ha hecho que esto se convierta en un hecho más decisivo y determinante. Si antes la identidad visual era crucial, en la era de Instagram lo es todavía más. Al fin y al cabo, lo que llega por Instagram y similares lo hace por los ojos.

Para llegar a estas conclusiones, analizaron de forma específica lo que las marcas de alcohol han estado haciendo y cómo se han instangramizado. Como concluía el responsable del estudio, los colores empleados se acaban convirtiendo en lo que los consumidores reconocen y en lo que acaban buscando en los diferentes escenarios en los que se cruzan con la marca. No es solo crucial en Instagram sino que acaba teniendo un eco en otros espacios, como pueden ser las estanterías de tiendas en las que los consumidores acceden a esos productos.

Comprar las cosas por su color

Además, los colores atractivos y las identidades visuales llamativas tienen un efecto llamada sobre los consumidores y mejoran sus resultados. Aperol aumentó sus ventas en un 27% en el primer trimestre de 2019, porque su color naranja lo hizo muy instangramble y porque lo convirtió en muy reconocible.

Los consumidores sabían qué bebida era porque su escala de colores resultaba inconfundible. De hecho, las marcas de ginebra han empezado a lanzar versiones de colores (rosa, por ejemplo), porque han comprendido que tienen que tener una versión de color distintiva para llamar la atención en medio de las imágenes que los consumidores ven cada día.

Los datos de estas marcas son además extrapolables: pueden servir como ejemplo de cómo los colores se han convertido en más determinantes que nunca. Otras industrias ya han tenido sus casos de éxito y sus ejemplos. En la comida, por ejemplo, también se ha convertido en determinante el uso de los colores y la composición de la imagen para llamar la atención de los consumidores.