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Recientemente circulaba de forma "viral", un peculiar vídeo de trap que Correos estaba empleando para dar a conocer el rediseño de su propio logotipo. No era la única animación sobre la nueva identidad de Correos pero posiblemente la que más había calado en la imaginación de los tuiteros.

La voz del vídeo cantaba cruz, doble eme, raya, espiral y dejaba claros cuáles eran los nuevos elementos del logotipo de un modo pegadizo. Puede que después en Twitter el debate se fuese hacia cuánto había costado el rediseño y defensores y acusadores de presupuestos y de decisiones tomadas, pero en aquel primer momento todo el mundo parecía estar aprendiéndose cómo era el nuevo logo.

El nuevo logo no era una derivación muy grande de lo que había sido el logo de la compañía hasta ahora. Como otras empresas antes, en su rediseño del elemento clave de su identidad corporativa Correos había optado por un cambio sutil y continuista. No era tan poco apreciable como el reajuste que hizo Ikea de su logo, pero sí una versión más contemporánea de un elemento clásico. Al fin y al cabo, los elementos que lo componen están muy vinculados con su historia y con la de los servicios de correos tradicionales.

En el trabajo de rediseño, sus responsables - Summa Branding - explicaban que habían mantenido la esencia de la marca pero sumando"nuevos elementos en su simbología, tipografía y uso del color". Dieron más aire entre las líneas de la cornamusa y la hicieron más ligera, potenciaron el amarillo (color tradicional de la compañía y de los servicios de correos) o hicieron que fuese más sostenible en términos de impresión.

"Es una imagen más moderna y una identidad visual que refleja la propia realidad de Correos", explicaba en la nota de prensa de la presentación del logo Josep Maria Mir, director creativo ejecutivo de Summa, añadiendo que la empresa había pasado "de ser eminentemente postal a una empresa líder de paquetería".

Por qué las empresas centenarias necesitan cambiar

Esa es al fin y al cabo una de las grandes razones por las que las empresas de larga trayectoria acaban haciendo trabajos de rediseño y reajustando cómo son sus logos y lo que transmiten. Las compañías no solo tienen que ajustarlos y modificarlos porque los tiempos cambian y lo que importa también lo hace, sino también porque su propia naturaleza también lo hace.

Con el paso de las décadas las funciones de las empresas y sus áreas de liderazgo se modifican, lo que hace que su imagen tenga que hacerlo también. Tienen que seguir siendo fieles a su tradición y a lo que han sido, pero necesitan seguir conectando con los consumidores y transmitiendo lo que son.

Uno de los mejores ejemplos podría ser Nokia. La compañía empezó a mediados del siglo XIX como una empresa de pulpa de madera, que se acabaría convirtiendo en fabricante de productos de caucho. Después, en los años 20, se pasó a los cables de telecomunicaciones, lo que marcaría su futuro. Su imagen los fue acompañando en todos esos cambios.

El logo de Nokia pasó por varias etapas, desde sus principios en los que la empresa estaba muy lejos de ser una tecnológica (y contaba con un pez en su logo) hasta las formas más clásicas de empresas tech que fue adoptando con el paso de los años.

Otros cambios son mucho menos abrumadores, pero dejan ver cómo cambian los gustos y las imágenes. Shell siempre tuvo una concha en su logo, pero la versión más simple y colorida de hoy poco tiene que ver con la versión realista y gris que usaban en 1900.

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