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Si a alguien se le pide que haga una "foto Instagram", posiblemente no tenga muchos problemas en asumir qué es lo que se le pide y qué es lo que debe hacer. Visualizar las fotos de un viaje y señalar que aquella foto "es muy Instagram" también es algo muy sencillo. Cuando la red social apareció en el mercado y se asentó como un elemento destacado en la vida de los consumidores, también lo hicieron sus códigos y sus normas. La presencia de los filtros y también el hecho de que en un primer momento las imágenes tuviesen que tener un cierto formato (lo que obligaba a recortarlas) hicieron que hubiese una suerte de editor incorporado de los contenidos y que fuese casi imposible escapar a los criterios estéticos de la red social. Era como si Instagram tuviese su propio libro de estilo y todo el mundo encajase en él.

Esto creó una estética precisa y concreta y también hizo que se esperasen ciertos elementos en las imágenes de Instagram. Ocurrió especialmente con aquellos perfiles más destacados e importantes. A las marcas y a las empresas no se les perdonaban las fotos cutres, pero tampoco se hacía con los influencers. Era el momento de tener imágenes perfectas.

Una de las imágenes corporativas del Sweet Art Museum

La estética Instagram se convirtió además en un elemento casi cultural, impactando en el diseño a un nivel mucho más amplio. Anuncios, imágenes de prensa, fotografías en medios? Las compañías han empezado incluso a crear espacios y productos que simplemente funcionan bien en Instagram. Por haber, llegó a existir un museo efímero en Lisboa, Sweet Art Museum, que jugaba con la idea de recordar los dulces de la infancia? pero que básicamente funcionaba porque era el espacio más instangramable posible.

Pero ¿está esta estrategia en peligro? ¿Ha llegado el momento en el que la estética Instagram ha entrado en crisis y en el que los consumidores se han hartado ya de esas imágenes perfectas? Al fin y al cabo, los consumidores están obsesionados con la autenticidad y con que las cosas sean reales, fiables y cercanas. Ante esas obsesiones, las imágenes y el mundo perfecto de Instagram parecen poco efectivas.

La crisis del look Instagram

De hecho, el look Instagram y las imágenes con esa estética empiezan a mostrar signos de agotamiento, como han demostrado en un análisis en The Atlantic en el que directamente anuncian que la estética Instagram "se ha terminado". "Las tostadas de aguacate y los post en la playa. Son tan genéricos y están tan gastados en este punto", le dice al medio una de las usuarias adolescentes de la red social. Y sentencia: "Ya no es cool ser manufacturado".

La tendencia al abandono de la estética Instagram está viéndose entre los jóvenes y entre los influencers destacados en ese nicho de edad. Como señalan en el análisis, los milennials siguen buscando esas fotos perfectas y sus influencers siguen llevando cámaras de alta definición para hacer la foto estupenda. Los miembros de la Generación Z, sin embargo, hacen fotos con sus móviles y las suben. Si son fotos cutres, poco importa. Los influencers Z no están obsesionados con los valores de marca o con los valores de su estética. Lo que quieren es que los contenidos sean de verdad, auténticos.

Filtros para parecer más cutre

La obsesión por lo auténtico y por lo real ha llegado ya a un nivel tal que, si los millennials usaban filtros para parecer mejor, los nuevos usuarios quieren que las cosas parezcan peores, más "cándidas". Esto hace que hagan ajustes de calidad a la baja o que usen cámaras malas. Es la vuelta del selfie cutre en el espejo (rebote del flash incluido), pero también la de aplicar ajustes a la imagen para que se llene de grano. Quieren demostrar que son "personas reales".

Uno de los ejemplos que The Atlantic plantea de la nueva estética

De forma paralela, han emergido tendencias culturales y sociales que han potenciado ese look 'real' y de verdad. Por ejemplo, es lo que ha hecho que se hable más por parte de los influencers en sus redes de cuestiones como salud mental pero también que se publiquen más contenidos del tipo "Instagram vs la realidad". Las imágenes perfectas de las campañas con marcas se ven como demasiado de cartón piedra y están empezando a dejar de funcionar.

Por tanto, no es que Instagram esté en crisis, sino que los contenidos que lo caracterizaban empiezan a ser puestos en cuarentena.

Las marcas y las empresas deberán empezar a pensar en ello cuando hagan su estrategia de social media marketing y cuando preparen las imágenes que acompañarán a sus campañas.

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