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Aunque la presión sobre los influencers es cada vez mayor y aunque esto hace que tengan que ser más claros con lo que publican (como demuestra que el uso de #ad haya aumentado), el daño es más que probable que ya esté hecho. De ser quienes resultaban increíblemente fiables para los consumidores en los últimos tiempos y la solución a los problemas de las marcas a la hora de llegar a unos potenciales clientes ante los que tenían cada vez más complicado llegar, los influencers han pasado a ser ahora una especie de punto conflictivo de la red.

Los internautas los siguen siguiendo, sus contenidos siguen teniendo elevados ratios de engagement y las cosas que hacen o dicen tienen aún tirón entre las audiencias. Pero, a pesar de todo esto, los consumidores ya no se creen nada de lo que dice. Aunque tengan eco, no es un eco especialmente creíble. Los consumidores sienten que el mundo que los influencers muestran es de cartón piedra y que lo que están recomendando son solo aquellas cosas que las marcas y las empresas pagaron para que apareciesen en sus posts.

Los datos son bastante claros. No se trata solo de una suerte de percepción generalizada partiendo de las últimas noticias, sino más bien de datos exactos y de estadísticas de credibilidad y percepción de las cosas. Un estudio, elaborado por la agencia UM y con carácter global, ha preguntado a los consumidores por cómo reciben los contenidos que ven en las redes sociales. Las conclusiones son las de que, en general, se creen más bien poco lo que aparece en esos espacios.

De hecho, en general, solo el 8% de los internautas cree que el grueso de la información que se encuentra en redes sociales es real y verídica. Pero, cuando se pone el foco sobre los influencers, las cosas se vuelven todavía peores: la media de consumidores que se creen lo que dicen los influencers es todavía más baja. Solo un 4% de los encuestados cree lo que publican los influencers. Traducido a números, solo 4 de cada 100 piensa que los contenidos que los influencers suben a sus perfiles son de verdad.

Antes que al influencer se cree al gobierno

La pérdida de credibilidad de los influencers es tan brutal que los internautas parecen dispuestos a creerse antes a casi cualquier otra fuente. Las administraciones públicas, uno de esos elementos que aparecen habitualmente en los estudios de confianza en posiciones de crisis y que han estado en los últimos años cosechando cada vez peores datos, los superan. Su tasa de credibilidad es mayor que la que consiguen los influencers.

Un 12% de los encuestados cree que la información que comparten los gobiernos en redes sociales es "más bien verdad". Son ocho puntos porcentuales más que los que logran los influencers.

Los datos de confianza en reviews de productos son, eso sí, bastante superiores. Cuando se les pregunta de forma específica por cuánto creen en las reviews que blogueros y vlogueros publican, los internautas confían en el 42% de los casos. Y es que, en general, lo que está en crisis no es la red ni las opiniones online, sino más bien la figura del influencer. Al fin y al cabo, el mismo estudio señala que el 47% de los consumidores se deja influenciar en sus compras por las opiniones que lee en la red (aunque en el estudio previo eran un 54%).

El consumidor no permanece ajeno a la actualidad

Los responsables del estudio creen que la situación en la que se encuentran los influencers y las redes sociales en términos de credibilidad está muy vinculada a la actualidad. El hecho de que los organismos de control de mercados hayan dado toques de atención a los influencers en los últimos meses ha hecho que los consumidores sean más conscientes del estado de las cosas, pero también, como explica a The Drum una de las responsables del estudio, ha ocurrido algo similar con los escándalos protagonizados por las redes sociales.

La debacle de Facebook y Cambridge Analytica ha hecho que sea más visible para el consumidor que no todo es perfecto en las redes sociales.

Incluso, los consumidores se empiezan a sentir menos atados a lo que ocurre en los social media y a su necesidad de saberlo todo sobre ellos. El estudio también analizaba el FoMO (el miedo a perderse algo). El 46% de los consumidores de todo el mundo reconoce que lo tiene en relación a las redes sociales, pero los datos de la última edición del estudio apuntaban al 50%.