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Nos gusta creer que tomamos decisiones de compra de un modo completamente objetivo, que las pensamos 'en serio' y que nada nos influye más allá de la información sobre el producto y nuestros propios deseos. Y, sin embargo, nuestras decisiones de compra están muy afectadas por no pocos elementos que se escapan a nuestro control racional. Entre esos elementos que influyen en cómo y en qué compramos se encuentran los colores.

Los colores son un elemento que las marcas y las empresas emplean en el diseño, en la creación de la imagen de marca o en el packaging de productos, por poner solo unos cuantos ejemplos, ya que los consumidores los asocian a ciertos valores. Los colores transmiten información y hacen que nuestro cerebro asocie ciertas cuestiones a las marcas que los emplean. Por ejemplo, el uso del color verde hace que pensemos que las cosas son más naturales y más ecológicas, como también se ve como más fresco y más saludable. Esto hace que el verde esté muy presente en los supermercados, pero también en algunos nichos de mercado que quieren venderse como más naturales, como pueden ser las tiendas 'verdes'.

Pero el color afecta no solo ligado de un modo directo a la marca o empresa, sino también cuando lo está de un modo un tanto más indirecto.

El modo en el que se presenta la información que rodea al producto también impacta en cómo se percibe al mismo y cómo se toman las decisiones de compra. Esto es, no solo importa el color que se asocia a la marca y al producto, sino también el que se sitúa de un modo, por así decirlo, paralelo. Eso es lo que acaba de demostrar un estudio que ha analizado cómo cambia la relación de los consumidores con los productos partiendo de los colores que se emplean para mostrar la información relacionada con ellos.

La conclusión es que cambiar el color de base puede cambiar el modo en el que lo perciben los consumidores, como han demostrado los expertos de la Auckland University of Technology y de la Bond University. Los consumidores pueden cambiar su percepción del producto en base a si buscan algo único o no. Los analistas decidieron realizar varias pruebas para ver cómo se comportaban los consumidores ante diferentes opciones de color.

Lo que dicen los estudios

Uno de los estudios se centró en comprobar cómo cambiaban las pautas de consumo de los clientes de una tienda de sushi. El color de fondo de la carta era cambiado, pero la carta en sí no. Cuando el color de fondo era blanco, los consumidores escogían los extremos de la carta, que se consideraban más únicos. Cuando la carta era de colores, la compra era más variada entre los platos del medio de la carta, porque se percibían que todo era más único.

Algo similar ocurrió cuando se probó a cambiar el color de las cajas de caramelos durante Halloween. Los niños escogían diferentes opciones cuando las cajas eran blancas que cuando lo eran de colores.

Cuando se metía color a la base sobre la que se asentaba la información todo parecía más único y diferente y menos del montón, lo que llevaba a que la percepción del producto fuese diferente. Y, sin embargo, el producto siempre era el mismo.