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Los altavoces inteligentes fueron uno de los regalos estrella de las últimas Navidades y los asistentes de voz se han asentado como uno de los elementos clave en los dispositivos electrónico en los últimos tiempos (solo hay que pensar en Siri para comprenderlo). Todo ello hace que la voz esté mucho más presente que nunca y que se estime que lo estará todavía más en la vida y el consumo de los ciudadanos. El futuro, esperan no pocos analistas, pasará por el voice commerce, el comercio electrónico que usa la voz como soporte.

Las previsiones de los analistas y los datos que están ofreciendo ya los jugadores de la industria apuntan a que el cambio será importante y que la cantidad de dinero que moverá el voice commerce irá en aumento. Como recuerdan en un análisis en Harvard Business Review, Amazon ha señalado que en la campaña de Navidad de 2018 las compras que se hicieron vía Alexa triplicaron a las de la campaña anterior y Juniper ha pronosticado que las ventas realizadas vía asistentes de voz moverán en 2023 80.000 millones de dólares.

Aunque otros datos funcionan como un jarro de agua fría sobre estas predicciones (un análisis apuntaba que solo el 2% de quienes tienen un altavoz inteligente de Amazon ha usado la compra vía voz) e invitan a poner las cifras en una cierta cuarentena, la industria y su optimismo sobre el voice shopping no decae.

Porque, aunque la compra no se cierre por completo en el asistente de voz, es imposible poner en cuestión que estos dispositivos tienen una influencia ya importante en el consumo. Para los consumidores que ya usan estas herramientas y esos servicios, el asistente de voz se ha convertido en una extensión de lo que emplean en sus compras, en un apoyo que hace las cosas más fáciles.

Las razones por las que el voice commerce podría crecer mucho más

Los expertos tienen además muy claro que la propia naturaleza de los asistentes de voz hace que su potencial para el comercio electrónico y para su uso habitual sea muy elevado. Se podría señalar, como apuntan en el análisis, que hay tres puntos clave que impactan en cómo vemos a los asistentes y cómo podrían cambiar el ecommerce.

El primer gran elemento es que el voice commerce es mucho más rápido. Hablamos mucho más rápido de lo que escribimos, lo que hace que las cosas fluyan de forma más dinámica y hace que los consumidores sientan que están perdiendo menos tiempo. El ejemplo de Virgin Trains, que ya permite reservar billetes en Reino Unido usando Alexa, es claro: lo que antes llevaba online 7 minutos a los consumidores ahora se ha quedado en 2.

El segundo punto clave es que reduce la fricción. Esto es, se eliminan los problemas que puede imponer el usar un terminal como intermediario. Por muy bien que funcione el dispositivo y el diseño que se haya hecho para él, siempre habrá que dar unos cuantos pasos. Con la voz, las barreras son menos y las cosas fluyen de forma más simple.

Y, finalmente, el poder de los asistentes de voz en el ecommerce (y lo que hace que despierte el interés de los responsables de las empresas) es que tiene un vínculo más elevado entre leads y ventas. Esto es, es más fácil convertir los leads en ventas que en otras plataformas online, o al menos eso es lo que están diciendo los datos de conversión que están registrando los pioneros en su uso. Ahora mismo, la conversión elevada se está viendo sobre todo en la venta de bienes digitales, como contenidos o añadidos para juegos, pero los analistas creen que será similar también en productos físicos.

La nueva cara del universo omnicanal

A todo esto hay que sumar que el entorno de la voz cambia por completo el panorama del consumo. En los últimos años se ha hablado mucho del universo omnicanal y cómo ha cambiado las cosas para las empresas. Los consumidores compran empleando diferentes canales y no quieren que la experiencia sea 'alterna' sino más bien que las cosas fluyan de un canal a otro.

La entrada de la voz en el ecommerce hará que todos los entornos confluyan, especialmente a medida que más y más espacios del hogar y de la vida cotidiana de los consumidores (como los coches) se conectan a la voz.