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    Uno de los grandes estrenos de las últimas semanas en Netflix ha sido Anne with an e. La serie es la nueva adaptación de una saga de libros de éxito publicada hace ahora unos 100 años y, sobre todo, una nueva vuelta de tuerca sobre algo que ya había sido llevado a la televisión. Ana la de Tejas Verdes fue una serie canadiense ultrapopular hace unas décadas que se emitió en televisiones de todo el mundo (su popularidad fue tal que se crearon hasta rutas turísticas por los escenarios de la historia).

    El estreno de Netflix fue muy en la tónica de lo que ha estado haciendo en los últimos tiempos, en los que ha lanzado nuevas versiones de series que triunfaron años atrás o spin offs y continuaciones de las mismas. Uno de sus títulos más populares en los últimos tiempos ha sido, por ejemplo, la nueva temporada de Las chicas Gilmore, que no solo ha tenido éxito sino que además ha protagonizado un elevado buzz antes de llegar a las pantallas. Todo el mundo parecía estar hablando de esa serie y de lo que la nueva temporada traería.

    Y, aunque Netflix ha sido una de las grandes protagonistas de esta tendencia, bien sea recuperando títulos o recuperando atmósferas (como hizo con Stranger Things y la cultura popular de los años 80), no es la única que se ha lanzado a por ello. Las series y las películas del pasado se están convirtiendo en la última gran tendencia de contenidos.

    De hecho, los grandes protagonistas de la última temporada de upfronts (cuando las televisiones estadounidenses venden a los anunciantes las series que protagonizarán la siguiente temporada televisiva, marcando la agenda también de lo que se verá de forma bastante global) fueron los revivals de series o, como se señala en el lenguaje televisivo, los reboots. En la temporada que empezará en el otoño de 2017 volverán series que triunfaron la década pasada, como Will&Grace, y otras que lo hicieron más décadas atrás, como Roxanne. Ya sea con una nueva temporada o con un spin off (algo que también están haciendo con series ahora mismo en antena, como el caso de The Big Bang Theory), los gigantes de la tele están pescando en aguas en las que ya lo habían hecho antes y con éxito.

    Como apunta una analista televisiva de AdAge, las cadenas están jugando con cosas que resultan similares y familiares a los espectadores y que estos ya conocen. Estos nuevos contenidos echan mano del deseo de los consumidores de saber qué ocurrió con sus personajes favoritos y de volver a conectar con ellos. Y, aunque las cadenas se enfrentan al problema de que lo que funcionó antes no tiene necesariamente que funcionar ahora (en dos décadas, por ejemplo, no solo cambia la sociedad, sino también los gustos), de entrada, se espera conectar mucho mejor con las audiencias.

    El poder de la nostalgia

    La clave está en la nostalgia. Los consumidores echan de menos esas series del pasado que amaban (lo que explica, por ejemplo, por qué vemos una y otra vez capítulos de Friends, aunque ya están más que vistos) y los productores de contenido quieren jugar con ello. Se ha hecho en el cine. Se hace ahora en la tele.

    El poder de la nostalgia se ha convertido en un activo tan valioso que hasta los propios eventos de presentación de estas novedades no tan nuevas estaban llenos de ella. En una de estas presentaciones, actuaron los Backstreet Boys, ídolos musicales de hace ya muchos años.

    La cuestión no es tampoco exactamente nueva, sino que es más bien una continuación del pasado. En 2016, la temporada de upfronts también sirvió para presentar muchas series que estaban basadas en contenidos que habían triunfado en el pasado, aunque en ese caso con nuevas versiones (ahora se recupera la historia pero también a sus actores protagonistas). Una de esas series que se presentaron en 2016 triunfaron, otras no, pero la tendencia no ha desaparecido (Business Insider cuenta 34 reboots en parrilla solo en estos meses). La nostalgia interesa y la nostalgia vende, así que los contenidos la usan para llegar al mercado.

    Conectar con el público

    Quizás se pueda comprender esta tendencia viéndola dentro de un escenario mucho más grande. Para las televisiones, la nostalgia es uno de los elementos con los que pueden jugar en un terreno en el que cada vez es más complicado mantener a los espectadores. Hay demasiados mensajes, demasiado ruido y demasiada competencia con la que luchar, lo que hace que no quede más remedio que jugar con cartas más seguras para intentar posicionarse en ese entorno. Este tipo de contenidos se han convertido en ello.

    Pero, por otra parte, la nostalgia no es solo un elemento que le funcione a las teles. Se ha convertido, de hecho, en una suerte de varita mágica que le está sirviendo a todo el mundo. Los productos retro se han convertido en una moda insistente, porque lo vintage siempre vende.

    Esto ocurre por varias cosas, como pasa por ejemplo con las consolas de los 80 que han vuelto a ponerse a la venta. Quienes no jugaron en su momento con ellas quieren tener esa experiencia y quienes fueron sus usuarios primeros las ven como una suerte de revival de los valores del pasado y, por supuesto, como una conexión directa con esos tiempos y sus emociones. Los millennials, que están dominando el mercado ahora mismo imponiendo sus gustos, no han hecho más que acentuar la cuestión, ya que son una generación nostálgica de forma acentuada. Nos hemos entregado a los recuerdos y les damos un elevado peso emocional, lo que hace que queramos esos productos que los evocan. Lo nostálgico se compra.

    Estratégica y táctica en Social Media y CM, Content, Marketing Digital, RRPP y Digital Analytics
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