Managing Director & Partner de BCG

Hay innovaciones que mejoran lo que ya hacemos. Y hay otras que cambian las reglas del juego. El Agentic Marketing (Marketing Agéntico) pertenece claramente a la segunda categoría. Hablamos de sistemas de inteligencia artificial que ya no se limitan a ejecutar órdenes. Toman decisiones, disparan acciones y aprenden de cada ciclo.

Durante años, la tecnología fue transformando el marketing paso a paso. Sistemas como el CRM o las plataformas de marketing automation supusieron inversiones muy importantes y cambiaron de raíz la forma de gestionar clientes y campañas. Pero, con toda su potencia, seguían siendo herramientas pasivas. Hacían lo que les pedíamos y cuando se lo pedíamos. Los agentes de IA rompen esa lógica. Pueden analizar una situación, decidir qué hacer y actuar por sí mismos. Eso les permite saber qué funciona y qué no, e incluso anticipar cómo responderá el consumidor antes de lanzar nada.

Según el análisis de BCG, el premio es considerable. El Agentic Marketing puede triplicar el ROI de marketing, la velocidad de los ciclos de campaña y el volumen de contenido personalizado. En términos de negocio, eso se traduce en un crecimiento adicional de ingresos del 5% al 10% y en eficiencias de coste del 15% al 20%. Y lo interesante es que esa eficiencia financia la propia transformación: Se ahorra por un lado para reinvertir por otro.

Los directivos lo intuyen. Más del 80% de los CMOs declara confianza, optimismo y curiosidad ante el potencial de la IA. Y un 43% ya invierte entre 10 y 15 millones de dólares al año en escalarla. La pregunta ya no es tanto si va a pasar, sino quién lo liderará.

Una disrupción que va más rápido de lo que parece

Conviene entender bien la naturaleza de lo que está pasando. No estamos ante un cambio progresivo ni ante una evolución ordenada que se pueda absorber con calma. Es algo más rápido y profundo. Obliga a cambiar procesos enteros, a veces a reimaginarlos desde cero. Y obliga a cambiar la propia estructura de trabajo: los perfiles que se contratan, cómo se organizan los equipos por dentro y también qué se espera de los partners, esas agencias de marketing que durante décadas han sido el músculo externo de las marcas.

Ahí está el riesgo. Si una empresa no se plantea cómo transformar sus capacidades y su modelo operativo, la adelantarán con facilidad las que sí lo hagan. Y lo harán rápido, porque las ventajas se acumulan.

Quien aprende antes, aprende más

La misma disrupción que amenaza es la que abre una oportunidad poco habitual. En el marketing tradicional, las grandes marcas partían con una ventaja casi inalcanzable: presupuestos enormes, equipos veteranos y relaciones consolidadas con las mejores agencias. En el terreno del Agentic Marketing esa ventaja se reduce. Una empresa pequeña arranca prácticamente desde el mismo punto de partida que la más grande y avanzada en marketing. Las herramientas están al alcance de casi cualquiera. Lo que marca la diferencia es la velocidad para adoptarlas y la inteligencia para rediseñar los procesos. Por primera vez en mucho tiempo, David puede plantarle cara a Goliat. Y en algunos terrenos, vencerle.

El consumidor cambió primero (y casi sin avisar)

Antes de hablar de cómo se reorganizan las empresas, conviene mirar a quien manda de verdad: el consumidor. Y ahí está ocurriendo algo que hace apenas unos meses no estaba sobre la mesa.

Cada vez hay más personas que ya no abren Google para buscar un producto. Le preguntan directamente a ChatGPT, a Claude, a Gemini o a otro modelo LLM. Y no solo para informarse. La propia conversaión los lleva a comparar opciones, descartar alternativas y, cada vez más, a tomar la decisión de compra.

El embudo clásico de descubrimiento, consideración y decisión se está comprimiendo dentro de una conversación con una IA que, en muchos casos, recomienda directamente.

Esto reconfigura por completo las primeras etapas del recorrido del cliente. Si la marca ya no aparece en una página de resultados, sino en la respuesta de un asistente, las reglas de la visibilidad cambian. No es casualidad que casi el 60% de los CMOs espere que la IA gestione la mayoría de los flujos de medios en los próximos dos o tres años. La forma de planificar, comprar y optimizar publicidad que era estándar hace muy poco está quedándose obsoleta a una velocidad incómoda.

La buena noticia es que las mismas tecnologías que provocan esta disrupción son las que permiten responder a ella. Pero solo si la organización está preparada para usarlas.

El verdadero reto está en la organización, no en la tecnología

Aunque muchos directivos se centran en la selección de las herramientas de AI esta es, en realidad, la parte sencilla. Lo difícil, y lo decisivo, es rediseñar los equipos, las estructuras y las relaciones que las rodean para que la IA sea una fuente de escala y no de fragmentación.

El papel del profesional de marketing está cambiando de raíz. Pasa de ser un especialista encerrado en un silo a convertirse en una especie de director de orquesta de un conjunto de agentes inteligentes que operan a lo largo de todo el ciclo, desde el insight hasta la medición. Por eso alrededor del 75% de los CMOs ya invierte en formar a sus equipos en IA generativa, en competencias nuevas que van desde escribir buenos prompts hasta interpretar analítica con soltura.

Las implicaciones más profundas son organizativas. Los equipos se reorganizan en células ágiles, los llamados pods, con talento de IA integrado, que rompen los silos tradicionales y se mueven más rápido. Los estudios creativos internos crecen a medida que escala la producción de contenido, mientras pierden peso los roles de especialista de canal. Y la propiedad de la tecnología de marketing se acerca al CMO, lo que obliga a una colaboración mucho más estrecha con el área de IT para equilibrar velocidad y seguridad.

Qué pasa con las agencias

Los datos sobre las agencias son contundentes. El 86% de los CMOs cree que sus agencias creativas todavía no usan la IA a escala, y el 67% dice lo mismo de las agencias de medios. Eso genera una pregunta incómoda en muchos comités de dirección. ¿Por qué pagamos lo que pagamos si una parte creciente de ese trabajo puede hacerse más rápido, más barato y de forma más medible?

Conviene leer esto no solo como una amenaza para las agencias, sino su oportunidad de reinventarse. Su modelo tradicional se basa esencialmente en horas y en costes de personal. Se factura el esfuerzo. La IA agéntica abre la puerta a un modelo distinto, ligado directamente a resultados. Si los agentes multiplican la velocidad y el volumen, el valor de una agencia deja de medirse por cuántas personas dedica y pasa a medirse por el impacto que genera. Las agencias que den ese salto, de vender capacidad a vender resultados, tendrán mucho que ganar.

Hay además un valor que las agencias están en buena posición para ofrecer. Como trabajan con muchas compañías a la vez, tienen una atalaya privilegiada para detectar innovación muy rápido. Saben qué herramientas y enfoques nuevos están apareciendo, cuáles funcionan de verdad y cuáles son solo ruido. Para una empresa que mira su propio mercado desde dentro, ese radar es difícil de construir. Las agencias que conviertan esa visión transversal en innovación aplicada tendrán un argumento de peso para seguir siendo imprescindibles.

Lo que parece claro es que habrá decisiones sobre internalización. Habrá capacidades que las empresas preferirán internalizar, sobre todo las que tocan sus datos propios, su contexto de negocio y su diferenciación competitiva. Y ahí está el verdadero desafío estratégico para las agencias que quieran ganar en este nuevo mundo. Tendrán que identificar con precisión dónde aportan valor genuino e innovación, y concentrarse en eso, en lugar de competir en el terreno que sus clientes querrán quedarse para sí. La relación cambia de naturaleza. Pasa de “ejecuta esto por nosotros” a “colabora con nosotros en lo que de verdad marca la diferencia”.

Para las empresas, este es probablemente el cambio más estructural de todos, y el que más esfuerzo exige gestionar bien. Hay que decidir qué capacidades construir en casa, cuáles seguir confiando a partners y cómo rediseñar esas alianzas por el camino.

Una hoja de ruta de 9 a 12 meses

Una transformación de este calado no hay que hacerla en un sólo paso. Frente a los enfoques lentos de varios años o a los pilotos que nunca escalan, las organizaciones líderes se comprometen con un plan de 9 a 12 meses en cuatro fases:

  1. Demostrar el valor. Empezar con un caso que genere ROI visible en semanas. Por ejemplo, un agente que redacte briefs de campaña y recorte ese ciclo de semanas a días. El objetivo no es escalar todavía, sino crear convicción y arrastre interno.
  2. Construir los cimientos. Ampliar los pilotos, formar a los equipos y definir la hoja de ruta de datos y tecnología. Es el paso de “experimento” a “forma de trabajar”.
  3. Escalar lo que funciona. Rediseñar flujos completos con agentes integrados de principio a fin. Un retailer global reconstruyó así su proceso de producción de contenido, pasando de ciclos de 25 semanas a menos de 8.
  4. Institucionalizar el cambio. Hacer del Agentic Marketing la nueva normalidad, con un modelo de gobierno, formación continua y tecnología integradas en el funcionamiento diario. El marketing deja de experimentar con IA y pasa a operar sobre un modelo agéntico.

Un apunte que recorre las cuatro fases. El factor decisivo sigue siendo los datos propios. La fragmentación de datos es la principal barrera que citan los CMOs para escalar, y el mejor indicador de si la IA agéntica cumple su promesa de velocidad, personalización y resultados medibles.

La ventana de oportunidad es ahora

Los meses próximos serán decisivos. Quienes aceleren con victorias rápidas, rediseñen sus procesos clave y construyan los cimientos para escalar empezarán a acumular ventajas difíciles de igualar. Quienes se retrasen también acabarán adoptando el Agentic Marketing, porque es inevitable, pero se perderán el impulso, la escala y el aprendizaje práctico que solo se consiguen liderando el cambio.

La carrera ya ha empezado. La única decisión que queda es desde qué posición quieres correrla.

Managing Director & Partner de BCG
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