Resulta difícil pasear por la plaza del Callao sin levantar la vista. Allí está, imponente y familiar a la vez, uno de esos edificios que no solo forman parte del paisaje urbano, sino también de la memoria colectiva. ¿Quién no guarda algún recuerdo ligado a Cines Callao? Da igual haber nacido en Madrid o haberlo conocido de paso: su presencia es parte inseparable de la experiencia de la ciudad.
Pero Cines Callao no es únicamente un cine. Es un símbolo de la ciudad. Su ubicación privilegiada en pleno corazón de la capital, su inconfundible arquitectura art decó y, sobre todo, su estrecha relación con los grandes hitos del cine lo han convertido en un referente cultural durante el último siglo.
Desde muy temprano, Callao fue sinónimo de innovación. Aquí se proyectó en 1929 la primera película sonora y hablada del país. Un año después, llegó la primera cinta rodada en español en Hollywood. Le seguirían la primera película en color, en 1935, y la primera proyección en 3D, en 1953.

Esta vocación pionera forma parte de su propia esencia. Durante décadas, la alfombra roja de Cines Callao ha sido testigo del paso de estrellas nacionales e internacionales: desde grandes figuras del cine español hasta iconos de Hollywood como Brad Pitt, Tom Cruise o Richard Gere. Pero también ha sido escenario de momentos profundamente emotivos para la ciudad, como el homenaje espontáneo a Sara Montiel, cuando su coche fúnebre se detuvo ante el edificio mientras en las pantallas exteriores se proyectaban fragmentos de sus películas.
Mucho más que un cine
El próximo mes de diciembre, Cines Callao cumplirá cien años. Un aniversario que invita a celebrar no solo su longevidad —ya de por sí excepcional, al seguir funcionando como sala de cine—, sino su capacidad de adaptación. Porque llegar al siglo de vida no consiste únicamente en permanecer, sino en evolucionar como sala cinematográfica y espacio polivalente. Hoy, además de cine, Callao es un lugar clave para eventos culturales y corporativos, grandes espectáculos y publicidad exterior, gracias a las imponentes pantallas digitales de sus fachadas, en una de las zonas más transitadas y emblemáticas de Madrid.
Parte de su encanto reside también en su propia historia arquitectónica. Diseñado por Luis Gutiérrez Soto e inaugurado el 11 de diciembre de 1926 con la proyección de la película muda Luis Candelas, el bandido de Madrid, fue uno de los primeros edificios concebidos exclusivamente como sala de cine. Su famoso faro luminoso, que anunciaba el inicio y el final de las sesiones, o su antigua terraza convertida en cine de verano, son detalles que hablan de otra época, pero que aún hoy siguen vivos en la identidad del edificio.

Los espacios de Cines Callao han ido transformándose con el tiempo: desde el café y la sala de billar del sótano hasta la mítica sala de fiestas Xenon, que marcó la noche madrileña de los años setenta y que en la actualidad alberga una sala de cine. Cada etapa ha dejado su huella, construyendo un relato que va más allá de la simple exhibición cinematográfica.
En los últimos años, la modernización ha sido clave. La gran remodelación de 2024 supuso una puesta al día integral del edificio, tanto en su interior como en su fachada, mejorando la experiencia del espectador y manteniendo su carácter histórico. La incorporación de tecnologías como el vídeo mapping o la renovación de sus pantallas exteriores de gran formato demuestran que tradición y vanguardia pueden llegar a ser conceptos complementarios.

La reciente reapertura de su histórica terraza —con vistas privilegiadas a la Gran Vía y al icónico luminoso de Schweppes— es el último capítulo, por ahora, de una historia que sigue escribiéndose. Una historia que habla de cine, de ciudad y de público. Porque, al final, Cines Callao no es solo un edificio centenario: es un lugar donde Madrid se ha mirado a sí mismo durante cien años.
Y eso, en tiempos de cambios vertiginosos, no es poca cosa.
















