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Aunque en los últimos meses se ha puesto de moda entre algunas compañías el reconectar con el pasado y el lanzar una identidad corporativa llamativa (con una vuelta del logo multicolor y de los aires setenteros), existe otra tendencia - y una que ha dominado con fuerza durante los últimos años - en lo que a identidad corporativa se refiere. Se trata del buscar la simplicidad.

Los logos minimalistas están teniendo un momento de oro, ya que son muchas las empresas de cada vez más variadas áreas que están intentando posicionarse con ese tipo de formatos. La imagen se vuelve mucho más limpia, mucho menos compleja y más fácil de procesar visualmente. Muchas empresas se han pasado a un logo minimalista, ahorrando ruido visual al consumidor y haciendo que su imagen corporativa funcione con muchos menos elementos en juego.

En cierto modo, la tendencia viene muy marcada por lo que las compañías de tecnología han hecho y por cómo influyen en las demás. Como recuerdan en un análisis en Marketing Dive, las grandes compañías tienen logos muy sencillos y funcionales, que transmiten información con un par de recursos. No hay más que pensar en el logo de empresas como Apple o Nike para verlo.

Además, estas compañías son muy valiosas, lo que las convierte en una suerte de guía de lo que se debería hacer. Al mismo tiempo, para los consumidores se han convertido también en la imagen de la compañía exitosa, de la que importa y de la que resulta valiosa. Las demás marcas parten de ese punto para intentar convertirse en algo parecido a ellas o que, a menos, los consumidores sientan algo parecido cuando afrontan su marca. Son el modelo a imitar.

Y por ello marcas de todos los terrenos y de áreas mucho más tradicionales siguen esa senda. Como le explica un analista al medio estadounidense, si Dunkin, por ejemplo, se lanzó a por un logo más minimalista es por ese estado de las cosas. También quieren dejarse contagiar por el "caché" que tienen esas compañías. Ellos lo hicieron en etapas. Primero eliminaron una parte de su nombre (Donuts) y luego cambiaron el logo.

¿Algo que pueden hacer todas las marcas?

Pero ¿merece la pena seguir la moda y hacer un trabajo de simplificación de quien se es y de cómo los consumidores podrán identificar a la marca? Reducir los marcadores de identidad y simplificarlos puede ser un trabajo complejo y tener consecuencias difíciles.

El BBVA es otra de las empresas que ha apostado por un logo más limpio

Acortar el nombre de la marca, por ejemplo, puede ser visto como un movimiento carente de lógica por los consumidores, especialmente si ellos no habían dado antes ese cambio. Como señala un analista, cuando se recortan elementos del nombre de la marca hay que hacerlo pensando, en primer lugar, que el nombre siga manteniendo los elementos positivos de identidad de la marca y, segundo, si los consumidores ya están usando esa versión abreviada de identidad.

Y a eso hay que sumar, en general, que no todas las compañías pueden eliminar su nombre, cambiar su logo o simplificar su identidad para encajar con la moda. No todas se pueden permitir hacer un cambio. Para algunas marcas, una versión reducida de su nombre perderá el sentido y no funcionará. Para otras, se verá como una especie de traición a lo que son y a cómo son por parte de los consumidores.

Por tanto, las marcas tienen que tener muy presente de dónde vienen y cómo conectan con su público antes de lanzarse a hacer este tipo de cambios. Necesitan comprender en qué posición se encuentran y no dejarse llevar por las modas y por las tendencias de un modo poco crítico.

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